La columna de Pepé preguntón

"Carnero"

Hace algunos días, en medio de un paro del Sindicato Único de Automóviles con Taxímetro y Telefonistas (Suatt), el taxista Alberto Rosa fue interceptado en la avenida San Martín por una turba de más de un centenar de sindicalistas que, al grito de “carnero”, le arrojaron piedras y obligaron a bajar del vehículo.

Ya en la calle, una veintena de gremialistas golpearon salvajemente a Rosa con palos y piedras. El trabajador, de 66 años y con antecedentes cardíacos, se protegió como pudo. Le fracturaron el maxilar, le pegaron en brazos y piernas, y le abandonaron en el lugar en medio de un charco de sangre mientras le gritaban “carnero”.

Luego, por si algo faltara, le llamaron a su domicilio. Le dejaron en claro que sabían quién era y dónde vivía. Le recomendaron olvidarse del asunto. Algo difícil, porque los médicos de Rosa ya le han indicado que por sus lesiones no podrá volver a manejar su taxi durante varios meses.

Rosa, que había salido aquel día a trabajar, afirma no haberse enterado que había paro. Pero, ¿y si lo hubiera sabido y hubiera decidido trabajar? ¿Acaso la Constitución de la República, la misma que ampa-ra el derecho a la huelga, no habla del derecho al trabajo?

¿Por qué en el Uruguay en el que vivimos los derechos de quienes paran valen más que los de aquellos que, respetando la protesta de sus compañeros, optan por trabajar? ¿Por qué no puede alguien decidir trabajar, ya sea porque no comparte la plataforma de una movilización o sencillamente porque necesita el dinero para parar la olla y alimentar a su familia?

¿Por qué la Policía y la Justicia han hecho tan, pero tan poco, para aclarar lo sucedido? ¿Por qué un hecho en el que hubo tantos testigos no encontró a nadie que pudiera dar testimonio de esta terrible agresión?

¿Por qué para el Suatt hay trabajadores de primera, que son sus afiliados, y trabajadores de segunda, que porque no acatan un paro se exponen a agresiones tan brutales de parte de sus propios colegas?

El Suatt, que suele paralizar actividades cuando un taxista resulta herido o muerto durante un atraco, ¿considera que a quien no hace paro se le puede lastimar y alejarle de su puesto de trabajo durante meses? ¿No va a investigar lo sucedido y a llevar a los responsables a la Justicia? ¿Quiere decir que a sus afiliados les está permitido todo?

¿Acaso estos son los sindicatos que queremos? ¿Por qué nos horrorizan estas cosas cuando las hacen “los gordos” de los sindicatos argentinos pero, cuando sucede en Uruguay, frente a nuestras narices, todo el mundo mira para el costado?

¿Con qué autoridad moral parará el Suatt cuando alguien lastime a un taxista, si el mismo sindicato apaña, protege o incluso estimula el “escarmiento” a quien no acata una decisión del gremio?

¿No sienten vergüenza sus dirigentes y los afiliados al sindicato? ¿Ni un poco?

Deberían. Estuvieron a punto de matar a un colega por el terrible delito de salir a trabajar.

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