La Columna

¿Quién se hace cargo de los trastos?

Pasaron las elecciones departamentales, se cerró el ciclo electoral, y uno quiere creer que —al menos— por tres años no habrá más campañas políticas. Sí, me imagino lo que está pensando: ya hay algunos dirigentes que están oteando el horizonte del 2020. Pero ese es otro tema.

El domingo pasado finalizó el eterno y agotador periplo electoral que ocupó espacios en todos los medios de comunicación en el último año y medio y convirtió a Montevideo en un carnaval de cartelería y paredes pintarrajeadas. Como si la ciudad ya no tuviera suficiente con el abandono a la que lo condenó la administración municipal que fenece.

Lo cierto es que los carteles políticos y los restos de los pasacalles, prohibidos hace tiempo por la propia Intendencia, pero que se vieron y se ven en toda la ciudad, están por todos lados. Hasta ahora ningún partido político empezó a retirarlos, excepto en zonas del municipio CH. La Intendencia tampoco salió a aplicar la norma que obliga a los involucrados a sacar la publicidad electoral una vez que los comicios se celebran, so pena de ser sancionados. Claro que hay que comenzar por casa y dar el ejemplo, cosa que no ha hecho el Frente Amplio que gobierna Montevideo y lo seguirá haciendo en los próximos cinco años.

Pero lo de la publicidad electoral es una perla más del collar de la gestión Olivera. No sé si el gobierno de Montevideo dio por terminada su gestión, aunque formalmente las nuevas autoridades asumirán en los primeros días de julio; pero la capital, en la última semana, luce mugrienta y abandonada como no ocurría en los últimos meses.

Alcanza con recorrer cualquier barrio para toparse con la basura desparramada aquí y allá y se ve nuevamente gente durmiendo y viviendo en la calle. Sugiero que pasen de noche por debajo del puente de Sarmiento o por el Parque Rodó, o recorran el Centro de Montevideo o algunas calles aledañas a la avenida 8 de Octubre.

Se sabe: en materia política, a veces no hay códigos. Para algunos vale todo. Por arte de magia, a partir del lunes último desaparecieron las personas que con inusitada rapidez barrían plazas, regaban y cortaban el césped en los canteros de bulevar Artigas. En definitiva maquillaban a Montevideo. Desde el martes volvieron los inspectores de tránsito en manada como suelen andar y obviamente a multar y no a ordenar el tráfico. Da toda la impresión de que una puesta en escena o una obra de teatro que se montó en abril, bajó de cartel el domingo 10 de mayo.

Como sucede en el teatro, luego de que un espectáculo termina y se desmonta la escenografía, quedan los trastos en el escenario y los afiches a medio arrancar en las puertas. La diferencia está en que el teatro imita a lo que sucede en la vida y lo que se ve en Montevideo es la realidad sin ambages.

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