UN ESPACIO FORJADO POR LA MANO DEL HOMBRE

Canteras de Salto pueden desaparecer debido a la erosión

“El Terrible” es un gran espejo de aguas azuladas con una extensión de un kilómetro cuadrado.

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Se formó con excavaciones para extraer material con que se construyó represa. Foto: L. Pérez

Las canteras de "El Terrible", conformadas por un gran espejo de aguas azuladas con una extensión de un kilómetro cuadrado y una profundidad de 15 metros en sus partes más profundas, están siendo amenazadas con desaparecer a consecuencia de la destrucción de sus muros de contención, por efectos de las erosiones del oleaje del embalse de Salto Grande.

Formado a través de las excavaciones para la extracción de material rocoso para la construcción de la represa —para el proceso de formación de la ataguía para la contención del río Uruguay y para la trituración de materiales más finos para la utilización de mezclas de hormigón después, el predio se encuentra abandonado. En principio fue propiedad de la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande y desde 1990 pasó a ser patrimonio del Estado uruguayo. En su interior posee una de las riquezas más grandes de agua dulce que emanan de las vertientes naturales.

Las canteras, que se ubican a 25 kilómetros de la ciudad y a 10 de la represa, son uno de los sitios preferidos para instructores de buceo de la región. Durante los fines de semana, en el día y la noche, decenas de personas se sumergen en sus aguas que permiten una visibilidad con luz natural de hasta unos 7 metros de profundidad.

El predio que mantuvo en comodato la Intendencia de Salto hasta 1990 para que se concretara algún proyecto turístico en base a una reserva natural o complejo hotelero en su entorno, no prosperó y por lo tanto la Comisión Técnica Mixta lo traspasó a la Dirección Nacional de Catastro, al no existir en ese tiempo interés del gobierno departamental.

En los alrededores de esta cantera que se recuesta al embalse del lago de Salto Grande, antes conocida como las costas del Itapebí, últimamente se ha convertido en un asentamiento a pesar de la distancia con la ciudad y las dificultades para el tránsito en el tramo final del camino de acceso.

"Yo hace 17 años que me instalé en este lugar, era el único, pero ahora todos los días aparece gente nueva que se coloca del otro lado del puente, al que le queda poco para que se lo lleve el agua. Ahí sí ya no se podrá llegar más por tierra a las canteras", dijo Gerónimo, quien se dedica a la pesca artesanal, sobre los daños producidos por la erosión.

Buceo.

Al comienzo del arribo de las primeras escuelas de buceo, vendía sus servicios de práctico y facilitaba su pequeña embarcación para el traslado hacia una isla. "Ahora colaboro en algo, pero hay dos o tres personas que hacen la changa con los buceadores, porque aquí no hay ningún servicio. Es naturaleza pura y nadie molesta", acotó Gerónimo, en relación a cómo se vive en este pedazo de tierra. Por obra del hombre y la tecnología, hace cuatro décadas, con enormes maquinarias y miles de kilos de dinamita, fueron introduciéndose en sus entrañas para extraer el material necesario para la construcción del complejo binacional de Salto Grande, y a su paso la naturaleza fue llenándola de agua que fluye de forma permanente desde sus vertientes.

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