LLAMADAS EN SUR Y PALERMO

Una calle lista para retumbar

Isla de Flores tiene nuevo asfalto y pintada de blanco espera el desfile de las comparsas.

La avalancha sonora de cada llamada es una reverencia a los dioses, un ritual sobre las lonjas hecho con manos hirvientes, sangrantes, un golpear madera como quien llama en trance a un mundo mágico, misterioso, en busca de algunas respuestas.

Eso han dicho, palabras más, palabras menos, algunos estudiosos del candombe y sus raíces africanas. Otros conjeturan que los tambores no llaman a los dioses ni los celebran; ellos mismos serían los dioses de una fiesta breve, que sin embargo, demanda mucho tiempo de preparación.

Sobre el tema ha escrito de modo abarcativo, con una mirada amplísima, el antropólogo Daniel Vidart, por ejemplo en las 60 páginas de la introduciión al libro Candombe de reyes, de Tomás Olivera Chirimini y Juan Antonio Varese.

Sea como sea, lo cierto es que en cada desfile los tambores, cambiando de ritmo, se dirigen unos a otros, se convocan, responden, repican, detrás del equilibrio entre el mundo del revés en donde reina Momo y el cada día.

Lo sagrado, lo profano, la pulseada entre la memoria de dolores y la festividad, todo eso engloban las Llamadas por los barrios Sur y Palermo, que antes eran más serpenteantes, transitando por varias calles, y desde hace un tiempo están limitadas a un circuito lineal, de algo menos de un kilómetro, por Isla de Flores.

A lonja y madera.

Fue en 1956 que el desfile —con paso arrollador de las comparsas de negros y lubolos— terminó municipalizado e integrado al Carnaval uruguayo, que desde 1965 le dejó tener sus propias reinas, la primera: Ángela Benavídez.

Las agrupaciones que hoy compiten por el concurso del desfile, unas reunidas en Audeca, y otras en Daecpu ya que participan también en el certamen del Teatro de Verano "Ramón Collazo", ya no portan estandartes con títulos como Esclavos Africanos, Lanceros Africanos, Guerreros de la Selva Africana, Libertadores del África, o el de la archifamosa y archidistinguida Esclavos del Nyanza, conformada en el conventillo La Facala de Isla de Flores y Tacuarembó, primer premio en 1915, del 18 al 22, en 1925, y del 27 al 31, cuando se la declaró fuera de concurso.

Curiosamente, como todas las comparsas que en su título incluían el nombre esclavos, desde las que ya existieron en el siglo XIX, la de los Nyanza estaba integrada por blancos. Uno de sus primeros componentes de raza negra fue el reconocido futbolista Juan Delgado.

Continentes y barrios.

Si bien en la actualidad hay directores de comparsas, como Cachila Silva, de C1080, que insisten en afirmar que el candombe es uruguayo y no existe nada igual en el mundo, por lo cual están en contra de los títulos vinculados a lo afro, los tiempos de esclavitud marcaron a fuego a muchos conjuntos de antaño. Aunque, a veces, no refiriendo la procedencia africana sino el destino de los esclavos en América, y en particular la influencia cubana en el candombe uruguayo, materia para el análisis de los musicólogos.

Así fue que, por ejemplo, en 1908 surgió la comparsa Esclavos de la Habana en el barrio Villa Muñoz, constituida por una familia reunida por el apellido Cerisola.

En 1912 se formó la comparsa Hijos de La Habana, presidida por Emilio Lois y con una cuerda de tambores en la que participó una figura popular de la música rioplatense: Roberto Fugazot, quien se mantuvo conectado a los carnavales hasta 1916.

En ese año, en el barrio La Comercial, en la calle Blandengues e Inca, aparecieron los Libertadores de La Habana. Según una recopilación de Julio Martínez y Guillermo Reimann, en esa comparsa intervino el primer judío criollo de tambor al hombro y palo en mano. Se llamaba Jaime Scorofich.

Existen testimonios que sitúan el origen de los lubolos en el año 1874. Pero la documentación manejada por los investigadores solo permite sostener que el primer grupo de blancos con sus caras pintadas de negro fue Negros Lubolos, de 1876.

Por entonces, este tipo de agrupaciones contaba con cerca de 25 personas, en tanto las de negros superaban los 40 componentes, como los Negros Anza o Pobres Negros Orientales. La indumentaria de los lubolos era la de los esclavos de las fazendas brasileñas e ingenios cubanos. Además de los tambores sumaban mazacalles, guitarras y violines. Para disimular la ausencia de motas, se envolvían la cabeza con un gran pañuelo muy colorido. Y llevaban un sombrero de ala ancha echado a la espalda.

Un desfile colorido y con puntilloso reglamento.

El máximo total de componentes permitidos en una comparsa de negros y lubolos es de 150. Además de ellos,

podrán participar 30 personas para llevar pasacalles, publicidad o como asistentes de organización.Todos estos últimos deberán identificarse con vestimenta distinta al resto (remeras o toreras) pero manteniendo la coherencia y lucimiento del conjunto de modo de no perjudicar su presentación.

El mínimo de tamborileros por comparsa es de 40 y el máximo 70. El cuerpo de baile deberá estar integrado por 15 personas. El resto de la comparsa se completará con una vedette, un bailarín, un portaestandarte, 4 portabanderas, una medialuna, 2 estrellas, un escobero, 2 gramilleros y 2 mamaviejas

El conjunto que no cumpla con estas condiciones será sancionado con hasta el 50% de su puntaje total.

Cada comparsa largará cada 10 minutos, a una distancia de aproximadamente 150 metros una de la otra, tramo que deberá ser mantenido durante todo el recorrido del desfile. Se les controlará el tiempo en dos cruces del recorrido: Isla de Flores y Ejido (28 minutos), e Isla de Flores y Salto, (48 minutos). Para todo el desfile dispondrán de 73 minutos.

Los tambores deberán tener únicamente parche de lonja. El conjunto que no cumpla con este requisito perderá todo el puntaje del rubro 1, Cuerda de tambores, es decir: 70 puntos por cada jurado, que son 15. Éstos otorgarán puntos además por desplazamientos y expresión corporal de los cuerpos de bailes y la performance de los personajes típicos: escobero, mama vieja y gramillero.

Las agrupaciones participantes deberán tener una permanente continuidad de marcha durante el desarrollo del desfile de Llamadas. El cumplimiento de esto será motivo determinante para el jurado en la adjudicación de los premios. La cuerda de tambores no podrá detenerse, bajo ningún concepto, a levantar (o templar) los tambores durante el recorrido.

La fiesta de hoy y la de mañana.

El desfile de hoy comenzará a la hora 20:40 por las calles Carlos Gardel e Isla de Flores, desde Zelmar Michelini hasta Minas.

La fiesta será encabezada por la reina de Llamadas, Tamara Esnal (18 años, zona 9), acompañada por las vice reinas Leticia Sosa (18 años, zona 13) y Marianela Noble (20 años, zona 17).

De existir remanente de entradas, los lugares disponibles estarán a la venta en el circuito, tanto hoy como mañana, cuando se desarrolle la segunda etapa de las Llamadas. Platea preferencial: $ 360. Lorenzo Carnelli - Minas: $ 170. Platea de turistas, en Isla de Flores entre Aquiles Lanza y Ejido: $ 600. Palcos con capacidad para 4 personas en Isla de Flores entre Aquiles Lanza y Ejido (acera sur): $ 3.300.

Serán 40 las comparsas que concursarán en las dos jornadas de Llamadas. Hoy lo harán 18 y 22 mañana viernes, cuando el desfile comenzará más temprano, a las 20:15 horas, debido justamente a la mayor cantidad de comparsas participantes de esta edición 61.

Hoy desfilarán La Carpintera Roh, Nimba, M.Q.L., Las Panteras de Benguela, La Rodó, La Unicandó, Makale, E.P., Con Alma y Vida, Senegal, Los Niche, La Fuerza, Nigeria, L.C.V. , La Restauración, Cuero Pa Ti, Uganda y Uráfrica (comparsa del interior).

Mañana competirán, entre otras: C 1080, Elumbé, La Jacinta, Yambo Kenia, Sarabanda, Tronar de Tambores, La Simona, Valores, Zumbaé, Cenceribó, La Tangó, La Dominó, Mi Morena, La Figari, La Gozadera, Elegguá Batea de Tacuarí, Triniboa, La Facala y La Fabini.

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