LOS PELIGROS DEL PRESUPUESTO

El "Cachón" continúa ocupado

En el Centro de Rehabilitación del Mides un usuario ciego prosigue la huelgade hambre.

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El Mides decidió cerrar el Centro Cachón en 2015, pero a los usuarios se los comunicó en 2016. Foto: Archivo.

No le importa el frío ni la falta de calefacción. Gregorio Fernández, de 67 años, continúa la huelga de hambre que inició el pasado lunes en el Centro de Rehabilitación para Ciegos "Tiburcio Cachón", situado en la calle Juan José Quesada 3666.

Fernández sufrió primero de miopía y después, hace cuatro años, perdió totalmente la visión por una suma de patologías (como maculopatía y glaucoma). Por primera vez ingresó al centro de rehabilitación dos años atrás y no hace mucho, por lo que hablaban las técnicas entre ellas, en los pasillos, terminó enterándose de una mudanza inmediata del Cachón hacia el Instituto Nacional de Ciegos General Artigas, ubicado en Camino Maldonado.

"Tratamos de conectarnos con la directora del Programa de la Discapacidad, Begoña Grau, por teléfono y por mail. Pasaron tres meses y un día vino acá a decirnos que era una decisión política que estaba tomada, que se hacía por economía y teníamos que irnos. Entonces dio la orden al director de que nos tenía que desalojar porque iban a fumigar, a fines de febrero. Hasta hoy no fumigaron nada", contó Gregorio Fernández a El País.

El lugar de emplazamiento del Centro Cachón resulta muy apropiado para cumplir la rehabilitación de personas ciegas o con baja visión. Hay locomoción y espacios urbanos que facilitan la movilidad por las veredas, el cruce de calles o la espera de ómnibus, actividades que al principio los ciegos desarrollan junto a profesores y luego solos.

"Además de la rehabilitación que hacemos con el bastón, para aprender a subir y bajar de los ómnibus, recorrer cualquier calle, y no desorientarnos, aprendemos a ser libres", explicó Fernández.

En un miniapartamento del Centro Cachón les enseñan desde llenar un vaso con agua sin volcarlo ni meter un dedo adentro, hasta comer en cualquier lado sin que se les caigan los alimentos del plato. También aprenden a doblar el dinero para saber el valor de cada billete, o a enhebrar una aguja, coser un botón, hacerce la cama, doblar y guardar la ropa para después saber qué se va a poner cada uno.

En picada.

Aunque no continúan los cursos del sistema braille, por falta de docentes, se mantiene la enseñanza de computación. Pero la reducción de rubros ha ido en aumento. Gregorio Fernández dijo a El País que cuando el Centro Cachón pasó a la órbita del Mides comenzó a decaer, si bien hubo un repunte mientras estuvo al frente la Dra. María José Bagnato (actual decana de la Facultad de Psicología). Aumentó por esa época la cantidad de técnicos en forma notoria. Desde la asunción del actual gobierno reapareció en cambio el desinterés.

"Hay un desmantelamiento global y empezaron por no mandar más técnicas de orientación y movilidad a las casas de las personas. Antes, si uno no tenía un familiar o un amigo que lo acompañara al Cachón, el técnico iba a su casa. Primero lo sacaba a la puerta, a la vereda, después le hacía dar una vuelta a la manzana y así hasta que perdiera el miedo y pudiera andar solo por la calle, andar en ómnibus y llegar al Cachón. Eso se terminó", recordó Gregorio Fernández.

Lo que perderán.

A diferencia del Centro Cachón, el Instituto Artigas se encuentra en una zona abierta y sin veredas, con muchas menos líneas de transporte colectivo y pocos transeúntes a quienes el ciego podría pedirles ayuda. Junto a decenas que se turnan en la ocupación del Cachón, el huelguista Gregorio Fernández remarca que en el Instituto Artigas hay 22 personas con un montón de problemas pero ellos viven allí, porque no tienen a nadie a su lado, familiares que los ayuden a sobrellevar una situación difícil.

"Nosotros tendríamos que ir allá para hacer la recuperación, salir a la calle, cruzar Camino Maldonado, que es como cruzar una ruta. Y hay cuatro ómnibus, acá tenemos veinte. Además es un lugar complicado por la seguridad. También tendríamos que subir y bajar escaleras. Nos dicen que ahí vamos a estar mejor, es una cosa que no tiene sentido. Y que nos van a poner camionetas para el traslado de los nuevos que ingresan. Eso va en contra de la rehabilitación porque nosotros tenemos que aprender a movernos solos", sentenció Fernández.

El pasado domingo hubo un incendio en el gimnasio del Cachón a raíz de la falla de un calentador. Por precaución, la energía elétrica está cortada en parte de la edificación. Entre mantas y dándose ánimo entre ellos, los usuarios dicen que no se van.

Mudanza despierta rechazo.

Mudar de lugar un centro de rehabilitación de ciegos no es como mudar una oficina. Desde el Mides se argumentó primero que no es posible pagar más de $ 130.000 por el alquiler. Luego se habló de que la edificación albergaría a madres y bebés del Hospital Pereira Rossell. Varios usuarios actuales y egresados del Centro Tiburcio Cachón han sostenido encuentros con legisladores de todos los partidos para revertir la decisión. La licenciada en Psicología Verónica Orrico dijo a El País que, de concretarse la mudanza, "se estarán vulnerando los derechos de un sector de la población y dificultando su integración activa, útil y plena a la sociedad". Ahora pasaron a estudiar el testamento y los predios que Tiburcio Cachón legó al Estado uruguayo. La diputada Gloria Rodríguez confirmó a El País que en la tarde de hoy, a las 14:00 horas, integrantes de la Comisión de Derechos Humanos concurrirán al centro de rehabilitación que cumple53 años.

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