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Todo fue por una cabeza...

Desde que se compró un caballo, Luis Costa compiló la colección más grande de objetos vinculados al turf.

Luis Costa muestra con orgullo su colección de tesoros "burreros". Foto: Fernando Ponzetto
Luis Costa muestra con orgullo su colección de tesoros "burreros". Foto: Fernando Ponzetto
Luis Costa muestra con orgullo su colección de tesoros "burreros". Foto: Fernando Ponzetto
Luis Costa muestra con orgullo su colección de tesoros "burreros". Foto: Fernando Ponzetto
Luis Costa muestra con orgullo su colección de tesoros "burreros". Foto: Fernando Ponzetto
Luis Costa muestra con orgullo su colección de tesoros "burreros". Foto: Fernando Ponzetto
Luis Costa muestra con orgullo su colección de tesoros "burreros". Foto: Fernando Ponzetto
Luis Costa muestra con orgullo su colección de tesoros "burreros". Foto: Fernando Ponzetto
Luis Costa muestra con orgullo su colección de tesoros "burreros". Foto: Fernando Ponzetto
Luis Costa muestra con orgullo su colección de tesoros "burreros". Foto: Fernando Ponzetto
Luis Costa muestra con orgullo su colección de tesoros "burreros". Foto: Fernando Ponzetto
Luis Costa muestra con orgullo su colección de tesoros "burreros". Foto: Fernando Ponzetto
Luis Costa muestra con orgullo su colección de tesoros "burreros". Foto: Fernando Ponzetto
Luis Costa muestra con orgullo su colección de tesoros "burreros". Foto: Fernando Ponzetto
Luis Costa muestra con orgullo su colección de tesoros "burreros". Foto: Fernando Ponzetto
Luis Costa muestra con orgullo su colección de tesoros "burreros". Foto: Fernando Ponzetto

"Después que murió, cuando yo tenía 15 años, me alejé del tema, pero un día se me ocurrió quedarme con sus colores, con la casaca naranja con rayas blancas", recuerda Luis Costa, "Panchito" para el mundo del turf, poseedor de la colección más importante que existe en Uruguay sobre memorabilia burrera.

Poder utilizar la chaquetilla de su antepasado requería de un trámite que había que hacer en el Jockey Club.

—¿Su abuelita vive? le preguntaron allí.

—Sí.

—Bueno, traiga una carta firmada por ella, en la que diga que le cede los colores.

Su abuela estaba fascinada. Pero al regresar y pagar por el trámite, le dijeron que debía tener un caballo para que le habilitaran los colores.

Llamó entonces desesperadamete a un amigo que estaba empezando a entrenar caballos de carrera. Y le contó la situación. Él le respondió que no tenía un caballo como para hacerlo figurar con sus colores, pero que en un mes se lo podía conseguir. Y cumplió.

"Era un animal que había ganado una carrera, tenía cuatro años y no decía nada. Mi amigo lo empezó a entrenar y cuando quiso acordar, había ganado 17 carreras. Y en las demás había salido segundo, tercero o cuarto. Ahí fuiste. Ya te enganchaste", admite Costa.

Ese fue el comienzo de todo. Por una cabeza, se metió de lleno en el mundo del turf, comenzando a coleccionar todo cuanto estuviera vinculado a la historia de los pingos.

Costa mantiene enmarcada la primera casaca que él mandó hacer, en 1983, y que fue utilizada durante 20 años por distintos jockeys hasta que la retiró en 2003. "Con esa chaquetilla gané 25 carreras en Uruguay y Argentina", señala.

La colección.

En 2003, cuando Hípica Rioplatense presentó su proyecto para Maroñas, figuraba en el plano un espacio destinado a "Museo". Costa lo vio y se contactó por teléfono con la empresa.

—¿Hay una persona responsable del museo?

—No.

—¿Alguien con quien pueda hablar al respecto?

—Sí, como no. Véngase para acá le dijeron, poniendo fin a la conversación.

Entonces se reunió con la gerente de marketing del Hipódromo, a la que le explicó que venía compilando cosas desde hacía mucho tiempo. "Prácticamente hasta el año pasado estuvimos buscando un lugar. El espacio natural era Maroñas. Definíamos cuál era, pero cuando había que invertir, el dinero no aparecía. No era por mala voluntad, sino porque el día a día te comía ese tipo de cosas que eran más a largo plazo", recuerda. "No había abandonado el proyecto, pero no lo veía posible. Hasta que apareció el tema de la Asociación de Propietarios de Caballos de Carreras y la reapertura de la Villa Yeruá. Antes de que tuvieran la concesión me hablaron y me preguntaron si me animaba a hacerles un museo en la planta baja", explica.

"Para la Villa Yeruá les conseguí los cuadros prestados de Beatriz Rodríguez Larreta, viuda de quien fuera director del Haras Uruguay, uno de los más grandes que tuvo este país. Como ella no tiene lugar para tenerlos y su hijo tampoco, los cuadros los guardaba yo. La llamé para pedirle permiso y me dijo que sí", apunta Costa.

Son miles los objetos y documentos que posee vinculados al turf, por lo que ahora propuso hacer muestras cada 30 o 45 días en el chalet malvinense en el que solía vacacionar Carlos Gardel, y que fuera propiedad de Francisco Maschio, entrenador de caballos pura sangre.

Tesoros.

En un armario de madera con puertas de vidrio, Costa tiene los libros que compilan todos los nacimientos de los caballos de carreras en Uruguay desde 1894 hasta el presente. También tiene los diarios del día antes y el día después a las carreras que se corrieron entre 1981 y 1997.

Entre los objetos que destaca de su colección está el Premio de Honor ganado en 1891 por el caballo "Guerrillero", una escultura enmarcada que compró en un remate. El Premio se corre hasta el día de hoy.

Asimismo, en el comedor de su casa tienen un lugar preferencial las copas que ganó "Yatasto" entre 1951 y 1953. Yatasto fue un famoso purasangre argentino, considerado por el ambiente del turf como el mejor caballo de carreras que dio el vecino país.

"Tengo 140 gigabytes de imágenes (entre fotos, publicaciones y video), unos 80 libros comprados en Uruguay, Argentina, Chile y Estados Unidos, cientos de revistas ordenadas por año y por número, y unos 400 tangos que hacen alusión al turf, entre los que debe haber como 25 versiones de Por una Cabeza", anota.

También posee cuadros armados con fotos originales de "Romántico", que le fueron regalados por un entrenador. "Romántico" es considerado el mejor purasangre uruguayo de todos los tiempos. Ganó dos veces, en 1938 y 1939, el Gran Premio Carlos Pellegrini en Argentina, y dos veces, en 1939 y 1940, el José Pedro Ramírez.

Memorabilia burrera

Entre los objetos que atesora Luis Costa se encuentran los libros con los nacimientos de los caballos de carreras en Uruguay desde 1894 hasta el presente, el Premio de Honor ganado en 1891 por el caballo "Guerrillero" (foto superior), la chaquetilla que perteneciera a su abuelo y las copas que ganó "Yatasto", el famoso purasangre argentino, entre 1951 y 1953.

También guarda 140 gigabytes de imágenes y unos 400 tangos que hacen alusión al turf.

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