NECRÓPOLIS DE MELO

Brindis con champán y torta en el cementerio

Celebraron el cumpleaños de la mamá, recién fallecida.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Susana y María Molina honran la memoria de su madre en su cumpleaños. Foto: N. Araújo

El cumpleaños de María Elena Moreira, que falleció hace dos semanas a los 93 años en Melo, fue celebrado en el cementerio por dos de sus nueve hijos y un nieto que asistió a la ceremonia.

Se trata de una abuela que vivió 60 de sus 93 años en una zona rural de Cerro Largo con costumbres muy arraigadas, como la creencia de que las personas que fallecen siguen cumpliendo años, y se merecen un festejo.

María Elena había inculcado a sus hijos que mantuvieran esas creencias como que los difuntos siguen viviendo los primeros días en la casa en donde fallecieron (o en la clínica o el hospital); que el sol que alumbra a los vivos es el mismo que ilumina a los muertos, que el difunto ve las mismas calles, las mismas ciudades y a la gente igual que si estuvieran vivos, y que incluso comen y se alimentan; en ese entorno familiar se criaron los nueve hijos.

Nunca, al menos en Melo, se había visto ingresar al cementerio a una familia con una torta de cumpleaños, copas y champán para brindar frente la tumba de una persona recientemente fallecida. Los funcionarios de Necrópolis se mostraron impresionados cuando dos mujeres y un joven se acercaron a la ventanilla de entrada y pidieron permiso para pasar, dijeron, a honrar a su mamá que había partido hacía pocas horas.

"Este es el pastel favorito de mamá", explicó Susana Molina —una de las hijas de la fallecida— a los funcionarios municipales, que les permitieron acceder al panteón.

De pie frente a la tumba, las dos hijas de la difunta y el nieto expresaron a coro: "Sentíamos tantos deseos de visitarte hoy en tu cumpleaños (...) ésta es la forma de seguir manteniéndote viva en nuestros corazones".

Después de esas palabras, cortaron el pastel y una de las porciones fue servida en un platillo, que ella siempre usaba en vida, y depositada en la base del panteón.

Luego descorcharon el champán y la primera copa también fue para la tumba.

Susana Molina explicó que no recuerda haber faltado a ningún cumpleaños de su madre y que le prometió seguir festejando cada aniversario como si siguiera viva.

Pese a la curiosidad y la incomprensión de muchos que presenciaban un festejo de cumpleaños tan inusual, para Molina es "un hecho normal".

Aclararon, tanto Susana como su hermana María, que no creen en lo que la madre les inculcó cuando chicas sobre las cosas que pueden hacer las personas después de que mueren, pero este homenaje que hicieron "fue para dejar un mensaje a las personas que no le dan a sus madres el real valor cuando están entre nosotros".

Tradiciones milenarias.

Miles de indígenas de Ecuador mantienen la tradición de llevar alimentos a los cementerios y comer sobre las tumbas para conmemorar el Día de los Muertos, al igual que ocurre en México. También los chinos acuden a los cementerios con cerdos o pollos enteros cocinados, entre otros alimentos, para ofrendar a los que partieron al más allá.

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