Nadie quiso invertir en el Parador del Cerro y la IMM no sabe qué hacer

De "boite de la oligarquía" a ruinoso refugio de pastabaseros

En la actual administración, la Intendencia de Montevideo manejó distintas ideas para recuperar el Parador del Cerro, que fuese desde 1965 un punto de referencia entre los locales bailables y gastronómicos, al punto que contrataba a famosos artistas, como Joan Manuel Serrat, Raphael, Vinicius, Astor Piazzolla, y a conjuntos folklóricos, por ejemplo Los Chalchaleros, solistas como Mercedes Sosa, o shows polémicos, entre los que se recuerda el de la Cicciolina, ex actriz porno y ex diputada italiana.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Desde que se quitó para siempre la guardia, el Parador del Cerro se convirtió en escombros.

Del edificio, que pertenece a la comuna capitalina, casi no queda más que los pilares y vigas. Robos y hasta un incendio terminaron primero con puertas y ventanas, ladrillos y hasta los pisos. Al lugar, ubicado en la avenida José Batlle y Ordóñez y Holanda, en la falda del Cerro, solo llegan transadores de drogas al menudeo, prostitutas y ladrones que reparten botines de poca monta o esperan a ocasionales víctimas, según informaron a El País vecinos que suelen circular por las inmediaciones del ex Parador.

"Del punto de vista nuestro no tiene interés; ya hubo sondeos para llamar a licitaciones, pero no hay interesados; entonces se estuvo hablando de otro tipo de salidas, como el comodato a otros organismos públicos que les pudiera servir. Pero como lugar para una actividad productiva no parece el indicado. Más allá de las opiniones que tenga cada uno, el tema es que nadie tiene interés", dijo ayer a El País el director de Promoción Económica de la Intendencia, Gerardo Lorbeer.

Entre los posibles beneficiarios de un comodato, Lorbeer no descartó al Ministerio de Defensa, al del Interior o al INAU. "Se trabajó también con el municipio de la zona para ver si había alguna idea de cómo utilizar el sitio, pero en realidad ninguna se concretó", afirmó Gerardo Lorbeer.

Lilián Piña, quien asumió este mes como alcaldesa del Municipio A, en cuya jurisdicción se encuentra el Cerro, confirmó a El País que "se han manejado varios proyectos, desde convertirlo en una locación para filmar películas o poner otro parador, pero nada se concretó". Según la alcaldesa, que durante los últimos cinco años ha estado en contacto con la realidad de la zona desde su cargo de concejal municipal, no ha existido ninguna movilización de vecinos en torno al tema. "Casi hay un asentamiento ahí arriba; se ha saqueado todo, vidrios, ladrillos, hierros, lo que han podido", indicó Piña.

Sin solución

La oportunidad de reflotar lo que fuese referencia internacional quedó como una intención fallida. Pero a la falta de inversores privados, tampoco se avanzó en compromisos a nivel público.

A fines de 2008, la Intendencia anunció que licitaría el local ya muy deteriorado, "con el objetivo de lograr su revitalización patrimonial, a través de una actividad permanente que también potencie la zona como destino turístico", según señalaba la convocatoria.

El destino del local quedaría a criterio de los interesados, aunque la administración podría desestimar las propuestas que considerara inconvenientes. El adjudicatario debía recuperar y mejorar el destartalado local, encargarse de la limpieza y la vigilancia de todo el entorno y abonar un canon mensual, dentro de un plazo de concesión de cinco años que podía ser renovado. Pero la ecuación no cerró para nadie.

Después de que en 2010 la Intendencia anunció otra vez su deseo de llamar a licitación, se dio en 2011 el primer paso para darlo al INAU.

Desde este instituto se pensó instalar allí un centro comunitario, con actividades recreativas y salas informáticas. Sin embargo, el traspaso no se verificó hasta hoy.

La última vez que el parador funcionó como tal fue en 2001 y la comuna percibía $ 5.000 por mes de canon.

El último proyecto que tampoco prosperó en el Cerro y motivó un sinnúmero de denuncias públicas fue la megadisco Complejo Bahía, construida en donde antes hubo una planta industrial. El grupo de socios decía entonces, en febrero de 2003, que estaban en un punto privilegiado de la ciudad a nivel panorámico, pero también en donde "más aumentó la desocupación, en donde a la gente el sueldo se le vino a la mitad. Y aunque hubiera mil o mil quinientas personas por sábado, los ingresos no alcanzan".

Inseguridad.

El edil nacionalista Edison Casulo manifestó a El País que "el problema es la seguridad, no hay otro; el lugar no prospera ni a nivel económico ni a nivel institucional. Además, en la ladera del Cerro la Intendencia tiene problemas graves: gente asentada sobre la piedra, donde es inviable el saneamiento y hay problemas medioambientales serios por la deposición de los baños y las graseras, en casi todo el entorno. Hay un problema de accesibilidad en general, y de seguridad para ese acceso". Intendencia de Montevideo, Ministerio de Defensa, Ministerio del Interior, INAU, Parador del Cerro.

Otro naufragio en la bahía

A fines de 2012, un matrimonio afincado en el Cerro quiso impulsar un proyecto ambicioso con el cual se comprometiera la populosa comunidad. Deseaban instalar una escuela de arte, con clases de música, fotografía, baile y teatro; el proyecto incluía una escuela de cocina internacional y una productora audiovisual para enseñar publicidad y promover miniseries. A 40 metros de la muy bien mantenida Fortaleza del Cerro, el proyecto multicultural se inauguraría en los días del Patrimonio de 2013. Pero no fue más que otra iniciativa frustrada, perdida entre viejas notas de prensa, mientras siguieron creciendo los pastizales y desapareciendo más tejas, caños, canillas, baldosas o azulejos de la cocina.

La mañana que los tupamaros rompieron todo

De acuerdo a la versión oficial, el 13 de diciembre de 1970 se dio "la toma" del Parador del Cerro a manos de los tupamaros. Estos guerrilleros (que en la prensa de la época eran identificados como "facciosos", es decir: "soldados mercenarios de un partido que les paga y les permite toda especie de desórdenes ", habían robado de una casa de Carrasco un automóvil Ford Fairlane que pertenecía al abogado Felipe Paolillo Núñez, catedrático de la Facultad de Derecho. Con él se trasladaron hasta el Parador del Cerro. El grupo estaba conformado por cuatro hombres y dos mujeres, que redujeron a Everly Rodríguez y a su madre (cocinera del restorán), esgrimiendo armas de fuego. Comenzaron a hacer todo tipo de destrozos y pintadas. Eran las 8 de la mañana y recién se habían ido los últimos clientes. Sin embargo, lograron alertar a la Policía, que al principio pensó que se trataba de una broma. Cuando llegaron los uniformados, comenzó un intenso tiroteo a corta distancia. El propio Rodríguez llegó a efectuar un disparo. Los tupamaros subieron al Ford y comenzó una persecución, la cual terminó cuando el vehículo robado pinchó un neumático. Sus ocupantes fugaron corriendo, sin que pudieran ser aprehendidos. El vehículo de la Seccional 24ª quedó con el parabrisas destrozado a consecuencia de los impactos de bala, pero ninguno de sus ocupantes resultó herido. Por aquel tiempo, la gente que iba al parador no era residente en el Cerro. Aún no estaban construidos los accesos, lo que exigía dar toda la vuelta por Agraciada y la barrera del ferrocarril. Los clientes llegaban del Centro, Pocitos y de Carrasco, con previa reserva que realizaban por teléfono. Aunque cantaran Zitarrosa y Los Olimareños, y los cuidacoches o jardineros fueran residentes de un cantegril, para los atacantes se trataba de un sitio chic a combatir.

Los orígenes

El soñador que levantó un negocio de la nada

Un joven emprendedor del Cerro, luego exitoso empresario, decidió en 1965 reconvertir una especie de tapera municipal en lo que terminó siendo un negocio redituable y referencial en la noche festiva de Montevideo. Everly Rodríguez ganó la licitación cuando tenía 25 años de edad y explotó el parador hasta 1990.

El joven trabajaba en Ancap desde las 6 de la mañana hasta el mediodía, y después se dedicaba al parador.

En 1970, el dueño del Parador del Cerro estuvo a punto de irse a vivir a Brasil, cuando los tupamaros le destrozaron el local. "Consideraban que ahí iba a divertirse la oligarquía. Pintaron los sillones, las paredes, rompieron todo. Y yo en diez días lo volví a abrir", dijo el empresrio a El País, en una entrevista de 2008.

Por las vueltas de la vida, Rodríguez terminó recibiendo, mucho después, en las cenas y almuerzos del Salón Riviera que también explotó durante años, a algunos de aquellos tupamaros que hoy "ocupan cargos importantes", como él comentó sonriente. Para difundir los shows, Rodríguez llegó a comprar un jeep y una chata. Desenganchaba a ésta en la Plaza Cagancha, dejaba los parlantes activos, y volvía al Cerro a cambiarse de ropa. El primer show en vivo en el Parador del Cerro fue el del trío "Los Panchos", en aquel espacio totalmente vidriado, construido a los pies de la fortaleza, en donde Serrat se jactó de compartir cartel con Edmundo Rivero.

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