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Un barrio que late a cien por hora

A 7 km de Santiago Vázquez, el Autódromo Nacional aún deja ver tramos de su pista.

Circuitos. Cadillac, Buick, Chrysler, Nash, Hudson o De Sotoson onmbres de calles que rinden tributo a fábrica o marcas de autos. Foto: Google Maps.
Circuitos. Cadillac, Buick, Chrysler, Nash, Hudson o De Sotoson onmbres de calles que rinden tributo a fábrica o marcas de autos. Foto: Google Maps.
Todo terreno. Las carreras de motos también convocaban. Foto: Archivo El País.
Todo terreno. Las carreras de motos también convocaban. Foto: Archivo El País.
Peligros. El polvo y las piedras eran enemigos de los pilotos. Foto: Archivo El País.
Peligros. El polvo y las piedras eran enemigos de los pilotos. Foto: Archivo El País.
Vértigo. Bólidos en carrera en el Autódromo Nacional. Foto: Archivo El País.
Vértigo. Bólidos en carrera en el Autódromo Nacional. Foto: Archivo El País.

Por las noches, cada tanto, no es extraño oir cómo de improviso irrumpe el crujir de un motor que acelera y el sonido hirviente de sus llantas sobre caminos polvorientos. Eso cuenta la leyenda que continúan transmitiendo algunos vecinos del barrio Autódromo, ubicado en Ciudad del Plata, ex Rincón de la Bolsa, nombre éste surgido por deformación del original Rincón de la Balsa, que se debía a la vez al medio de transporte existente para cruzar el río antes de la construcción del puente del pueblo La Guarda o La Barra (de Santa Lucía), después denominado Santiago Vázquez.

A siete kilómetros de este pueblo, el único que tiene Montevideo, en la década de 1930 había prendido la idea de construir una gran pista de carreras de autos y así atraer interesados en comprar lotes de tierra muy próximos, en medio de un paisaje rico y variado en especies de aves, entre la Ruta 1 vieja (a la altura del kilómetro 27) y las aguas del Río de la Plata.

El actual barrio Autódromo del departamento de San José fue desarrollándose justamente en la zona en donde estaba el llamado Autódromo Nacional, a partir de un fraccionamiento de tierras hecho en la década de 1940 encima de la pista, lo que constituye hoy una especie de primer parque arqueológico del deporte de los bólidos.

Por eso allí, las calles principales emergen curvilíneas y otras llevan nombres de marcas de automóviles de ayer y de hoy (Chevrolet, Renault, Bugatti, Chrysler, Buick, Dodge Brothers o Cadillac). Todas esas vías aparecen más o menos perpendiculares al mar y al camino Luis Supervielle, que recuerda al empresario que había recibido en concesión el negocio de la gran balsa para cruzar el Río Santa Lucía, y que después integró —junto a influyentes hacendados y financistas vinculados con el paraje—, un comité central en pro de la construcción del emblemático puente giratorio inaugurado en 1925.

Pero Luis Supervielle fue además quien dio nombre a la financiera que integraban otros inversionistas, todos de acuerdo en considerar al automovilismo como un polo de atracción en sí mismo y, a la par, como un llamador para futuros adquirentes de terrenos de un fraccionamiento anterior al del barrio actual, realizado en la década de 1930, mientras se soñaba con concebir una Ciudad Automovilística.

Carreras y compras.

Entre los escasos relatos que rememoran esos tiempos de la historia uruguaya puede rescatarse el dato de que muchos compraron atraidos por construir una casa de balneario, apostando así al rélax pero también a una muy buena cotización futura. Otros lo hicieron exclusivamente por los bajos precios de los predios o por tener un "aeropuerto de alternativa" cerca del sitio de las pruebas de velocidad, que comenzaron en el año 1935 y que en 1937 contaban con un circuito grande, de 6.000 metros, aunque aún trazado de modo provisorio, entre piedras, arena, tierra y muchos pozos.

Esa precariedad no impidió el desarrollo de históricas competencias de endurance, de 6, 12 y 24 horas (emulando a la clásica carrera de Le Mans en Francia), con autos de Turismo y los Sport como los monopostos, según registros de la Asociación Uruguaya de Volantes.

En el libro Apuntes del camino, Hector Morás destaca que el saldo positivo de aquel autódromo fue precisamente "la creatividad en el planteamiento de diferentes pruebas". Por lo demás, el primer circuito parecía más bien nefasto y por eso en 1940 los propietarios decidieron realizar trabajos de remodelación "para que aquel infierno se asemejara a una pista".

Los movimientos de tierras permitieron crear "cajones en una especie de óvalo"que no bien quedó listo para su inauguración, aunque nunca fue asfaltado, convocó a un destacado grupo de pilotos argentinos que arribaron con sus Masserati 1500, Alfa Romeo 3200, Ford V8, Delahaye o el Bimotor Mercury. A pesar de todas las galas, las piedras del camino seguían a esas alturas pegando como balas contra los motores de los vehículos, los tanques de combustible o las narices de pilotos muy intrépidos.

En el libro El siglo del automóvil, Álvaro Casal indica que que Omar Carlevaro, socio N° 1 de la Asociación Uruguaya de Volantes, que fundara, entre otros, el campeonísimo Supicci Sedes, en seis años organizó en el Autódromo Nacional "más de 60 carreras", no solo limitadas a autos sino también especiales para los desafíos en pesadas motos, en los que participó, por ejemplo, un jovencísimo Luis Modesto Soler.

Divididos.

Carlevaro asimismo había integrado, pero solo como funcionario, la Sociedad Anónima que planeó el autódromo y la ciudad que nunca prosperó, si bien junto a las canteras de arena y en las mismas coordenadas hoy reside una población "popular y media", como se la identifica en estudios demográficos.

Ese barrio y el propio viejo autódromo quedaron divididos en dos áreas a raíz de la construcción de la nueva Ruta 1. La zona Autódromo Sur, hacia la playa, con más arenales y al costado de la reserva natural de aves migratorias Penino, está categorizada como inundable, y por eso no se autoriza el levantamiento de más viviendas, según dijo a El País Alexis Bonnahon, asesor de Ordenamiento Territorial de la Intendencia de San José. En el sector del Autódromo Norte también hay diagonales que retrotraen al vértigo de antaño, y están las calles más nostálgicas, de nombre: Nash, Hudson o De Soto.

La primera carrera de autos en Uruguay data de 1913, cuando se unió Montevideo y Salto; el primer rally 19 Capitales se cumplió en 1929, pero las competencias en pista no tienen otro punto de largada que aquel Autódromo de la Ruta 1, que algunos siguen llamando "de Santiago Vázquez", como queriendo sumarlo a la historia de Montevideo y al álbum de los recuerdos de bisabuelos que por entonces eran niños.

Corriendo en otras pistas.

En 1949 se disputó el Gran Premio de Montevideo, en un circuito callejero de la rambla, por la zona del Parque Hotel, en donde corrió Juan Manuel Fangio, que volvería a Uruguay en 1952, siendo ya el campeón del mundo de la Fórmula 1, para competir en el recién inaugurado Autódromo de Punta Fría, en Piriápolis. Fangio, al volante de una Ferrari ganó entonces las dos carreras que lo tuvieron como "vedette", dejando una huella imborrable en un autódromo también abandonado como el de San José, y en donde el loteo de tierras ha dado que hablar. Es otra historia.

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