EMPRESAS SE ESPECIALIZAN EN EL SERVICIO

El auge de las huertas urbanas en Montevideo

Una modalidad que se extiende por las terrazas de casas y edificios y lugares abandonados de la ciudad.

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Fundadores de "Huerta en Casa" ayudan a las familias en el mantenimiento. Foto: Huerta en Casa

Una mayor conciencia sobre el medio ambiente, la necesidad de saber qué es lo que se está comiendo, el uso de pesticidas y la pérdida de sabores de las frutas y verduras conservadas en frío, ha llevado a que cada vez más uruguayos decidan comenzar a cultivar sus propios alimentos.

Tener una huerta ya no es monopolio de aquellos que tienen un campo o un jardín donde plantar; incluso quienes viven en apartamentos hoy pueden cumplir el sueño de tener una pequeña huerta: una maceta o un cajón son espacios suficientes para poder plantar tomates, morrones o lechugas.

Acompañando la tendencia, desde hace algunos años han comenzado a surgir pequeñas empresas que brindan el diseño, arman y mantienen las huertas urbanas atendiendo a las necesidades y gustos de las personas así como el espacio disponible.

Una de ellas es "Huerta en Casa" que surgió en diciembre de 2014 de la mano de Pedro Young, Martín Fossemale y Horacio García: uno es ingeniero agrónomo, otro estudia la misma carrera y el tercero es analista en marketing. "Teníamos huertas en nuestras casas y queríamos transmitir los conocimientos hacia afuera. Se nos ocurrió darle herramientas a la gente para que pudiera plantar en sus casas. Empezamos brindando el servicio a conocidos y después fuimos creciendo", explicó Horacio García.

En estos últimos años han aumentado la venta de huertas.

"Es una tendencia cada vez más extendida no solo en Uruguay sino en todo el mundo. La gente toma más conciencia sobre los alimentos, quiere saber qué come y no consumir cualquier cosa, y la única manera de saber qué le pusieron a la comida es haciéndola uno mismo", sostuvo García.

En el año 2015 armaron 114 huertas y el año pasado superaron las 150. "La demanda es cada vez mayor y la gran mayoría de los clientes —el 80%— son mujeres", explicó.

Proceso.

El primer paso es visitar el lugar en el que va a ser colocada la huerta.

"Las hacemos a medida, en base a lo que el cliente quiere y lo que pide el lugar", explicó y agregó que con un metro cuadrado ya hay espacio suficiente para poder tener una.

Los diseños incluyen canteros elevados, jardines verticales que pueden ser colgados en las paredes, o macetas de diversos tamaños. El costo va de $ 1.500 (incluye seis plantas) a $ 7.000 para las más grandes.

Además de diseñar los espacios donde van a ir las plantas, "Huerta en Casa" brinda el servicio de mantenimiento de las huertas hogareñas, que incluye abonar la tierra y ver cómo va creciendo lo sembrado.

"La frecuencia es de una o dos visitas al mes y cada 3 o 4 meses realizamos el servicio de siembra", contó García. La época en la que más venden es en primavera y lo que más les solicitan son tomates cherrys, frutillas, rúcula, lechuga y plantes aromáticas como orégano, tomillo y albahaca.

Expansión.

La tendencia ha ido más allá de los hogares y ha llegado incluso a espacios públicos, escuelas o edificios emblemáticos.

Hace poco más de tres años surgió Huertas Comunitarias Montevideo (HCM), una iniciativa creada por el chef Diego Ruete e Inés Velazco. La idea era aprovechar los espacios abandonados en la ciudad para crear huertas comunitarias que pudieran ser utilizadas de forma gratuita por los distintos habitantes de los barrios. El proyecto, además de tener un fuerte espíritu ecológico y difundir los beneficios de una alimentación saludable, busca la integración social entre los vecinos de todas las edades.

"La idea era recuperar espacios en desuso y transformarlos en un lugar donde la comunidad tenga un sentido de pertenencia. Construir espacios donde los beneficios sean para todos y a su vez poder conectarnos con la tierra, con los ciclos, con la paciencia, con la solidaridad", explicó Inés Velazco. Hoy tienen más de 13 mil seguidores en Facebook y han creado más de 5 huertas comunitarias en Malvín Norte, Aires Puros y Peñarol, además de hogares de ancianos y escuelas.

Edificios emblemáticos.

En el piso 11 del Palacio Salvo, desde diciembre del año 2016 la empresa BMR junto con los habitantes del emblemático edificio decidieron crear una huerta común.

"El proyecto consiste en dos etapas: la primera es el reciclado de los residuos orgánicos que se generan en el edificio. Cada montevideano genera por día 1 kilo de residuos, de los cuales un 40% de ello son orgánicos. Por lo que en el Salvo, si hay 1.000 habitantes, estamos hablando de 1.100 kilos de basura por día. Con eso luego se realiza el compost que se utilizará para la huerta", contó Martín Colombo gerente general de BMR. Los habitantes del Salvo deben colocar los residuos orgánicos en bolsas separadas del resto de los desechos. Hasta el momento han creado en una azotea dos canteros de 10 metros por uno y medio que incluyen lechuga, cebollas, cebollines, morrón y aromáticas.

"En primera instancia lo van a consumir los vecinos que viven allí y luego, cuando esto comience a tomar volumen, la idea es comercializarlo, donarlo o canjearlo", indicó.

"Lo que hacemos nosotros es la gestión verde: ellos ponen el edificio y no nos cobran, y nosotros tampoco les cobramos por el mantenimiento de la huerta. El producido lo repartimos: supongamos que mañana saco 10 kilos de tomate, le doy 5 al edificio y los otros 5 me los quedo", explicó Colombo.

La idea de la empresa también es trasladar esta iniciativa a los supermercados, "en los estacionamientos o en algún otro lugar que ellos dispongan, para poder utilizar la gran cantidad de residuos que allí se generan", dijo.

También harán algo similar con los residuos en el Hospital de Clínicas y en diversas instituciones educativas públicas y privadas.

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