EL DILEMA DE LOS CREADORES

El arte de vivir del arte

Pese a que Uruguay tiene una prolífica vida cultural, la enorme mayoría de los actores, músicos o escritores deben compartir su profesión con un trabajo que les asegure el sustento diario. La incertidumbre del día a día y el Estado como gran empleador.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Fernando Amaral es actor y lleva 11 años como vendedor de seguros. Foto: M. Bonojour

A Gabriel Szollosy le quedan tan solo $ 7.000 en su cuenta y no sabe cuándo volverá a tener dinero. El documentalista, director de El destello y Dos horas en el alba, admite que lleva una vida austera y que recibe plata por su trabajo una vez al año, pero sabe administrarse y la situación no le preocupa. Suele aplicar a fondos en Uruguay y el extranjero para financiar sus películas y aunque no gana mucho, es lo suficiente para seguir con su "ritmo de cachila". En su casa en el balneario de Biarritz puede disfrutar de sus largos tiempos de ocio, esos que le dejan tener la "cabeza alerta" para pensar en sus documentales: "ahora miro al cielo y veo un aguilucho encima mío; puede ser el principio de algo".

Nicolás Molina, líder de la banda Molina y Los Cósmicos, lleva una doble vida y cada tanto le pasan cosas desopilantes, como cuando estaba por probar sonido en uno de los festivales más importantes de Estados Unidos, el South by Southwest en Texas, y tuvo que resolver por teléfono la rotura de un horno de su panadería en Castillos. El rochense, de 31 años, tiene dos discos en su haber, un show en La Trastienda y contrataciones internacionales, pero no deja su panadería, de la que habla con orgullo. Dice que tiene un valor simbólico porque perteneció a sus padres, que reparte el pan todos los días y que de su comercio dependen seis familias. Tiene claro que muy pocos pueden vivir exclusivamente de la música. Del primer disco a la banda le quedó una ganancia de US$ 2.000 pero la invirtieron en música. "Nos permite no tener que hacer un hit para ganar más dinero y ser nosotros mismos", comenta.

Nicolás Molina tiene una panadería en Castillos. Foto: Sebastián Arruti
Nicolás Molina tiene una panadería en Castillos. Foto: Sebastián Arruti

Fernando Amaral, con una dilatada trayectoria en el teatro y el cine, también optó por un trabajo que le permita tener una seguridad económica y desarrollar su arte sin constricciones. Protagonista de la película de Daniel Hendler Norberto apenas tarde y figura recurrente del teatro para adultos e infantil, es también vendedor de seguros. "Ahora me está yendo divino con la actuación, pero dentro de dos años no sé. Como en el trabajo no me hacen drama ¿para qué cambiar si me va bien en las dos cosas?", se pregunta.

Amaral, de 44 años, dice que el medio es muy inestable, que una obra puede funcionar bárbaro pero otra no dejar dinero, que en el cine y la televisión en ocasiones los actores tienen que bajarse el sueldo para que la producción salga a flote y que por función se cobra en promedio unos $ 500. A un ritmo de dos funciones por semana, el total recibido da $ 4.000 por mes, sin tener en cuenta el tiempo de ensayos, que suele llevar unos tres meses.

Szollosy, Molina y Amaral son tres ejemplos de personas que hacen un arte de vivir del arte, situación que está lejos de ser nueva en Uruguay y la región, pero que volvió a estar sobre el tapete en la entrega de los Premios Platino en Punta del Este, en la que actores y directores reclamaron mayores apoyos.

En Uruguay la reivindicación abarca a los trabajadores de distintas disciplinas. Se da una paradoja: si bien la mayoría de los artistas no vive exclusivamente de su labor creativa, el país se caracteriza por tener una gran cantidad de gente que tiene inclinaciones de este tipo. Entonces, la pregunta obvia es: en Uruguay, ¿se puede vivir del arte?

"Creo que si miramos el país hace 10 años nadie vivía del arte, hoy ha cambiado pero son pocos, salvo que los contrate el Estado o, excepcionalmente, un privado. Pero hay una consciencia creciente del rol del artista, que se ve reflejada, por ejemplo, en que se ha incorporado al sistema oficial el Bachillerato Artístico", sostiene Sergio Mautone, Director Nacional de Cultura.

En la actualidad, los jóvenes que eligen esta opción en quinto y sexto año representan el 5,3 % del total de la matrícula (4.013 alumnos en 2015). Si se observa la evolución desde 2005, la cantidad de alumnos que eligieron el Bachillerato Artístico se multiplicó por siete.

Los datos relacionados con los trabajadores de la cultura no son muy recientes pero permiten tener cierta aproximación al asunto. De acuerdo al estudio Cuenta Satélite de la Cultura, realizado por el Ministerio de Educación y Cultura (MEC), en base a datos de 2009, este sector emplearía a unas 20.000 personas (los números pueden ser mayores por la informalidad del área) y alcanzó una facturación de US$ 500 millones, el equivalente al 0,93 % del PBI, por encima de sectores como la fabricación de productos textiles y prendas de vestir. "Hay que tener en cuenta que la producción artística también genera un valor económico", dice Mautone.

Por otro lado, según una encuesta realizada ese año a los votantes en las elecciones nacionales, 9% de la población dijo estar realizando algún trabajo vinculado a la cultura o al arte, pero solo la tercera parte afirmó recibir remuneración, concluyó el Tercer Informe Nacional sobre Consumo y Comportamiento Cultural, de 2014. Para Rosario Radakovich, socióloga y una de las encargadas de dicha investigación, en "nuestro país saber y practicar expresiones culturales da estatus y es parte de nuestra identidad" pero a la vez para el artista profesional se hace difícil vivir de su trabajo, en parte por la pequeñez del mercado y por la dificultad de crecer hasta no tener un reconocimiento importante que legitime su labor, a la vez que la innovación cultural se hace ardua, ya que el público tiende al conservadurismo. En la mencionada encuesta, ante la pregunta ¿qué quiere que sea su hijo?, solo un 3,2% respondió que sea artista.

Molina, así como otros entrevistados, cree que la sociedad uruguaya no entiende el arte como un trabajo. "Lo llevamos en nuestro ADN. Una pregunta que se repite es ¿de qué vives? Todo el mundo da por sentado que el arte no deja dinero en este país. Me han llegado a preguntar si nosotros pagamos las notas", señala el cantante.

Libros y música.

De afuera puede parecer que el país de Onetti, Benedetti y Galeano es un paraíso para los escritores pero nada está más lejos. De acuerdo a los editores y a los autores, son muy pocos los que pueden vivir de los libros en Uruguay. Amén de que desde las editoriales de gran tamaño se habla de un estancamiento desde 2015 (una de ellas reveló que las ventas en ficción han bajado un 50% en los últimos dos años), lo que llega al bolsillo de los escritores es más bien escaso. El promedio de venta de un libro oscila entre los 1.000 y 2.000 ejemplares para las editoriales grandes y 400 para una editorial nacional como HUM. Es muy excepcional que un libro de ficción venda más de 5.000 ejemplares. Teniendo en cuenta que el autor se suele llevar el 10% del precio de tapa (los libros no pagan IVA) eso implica que por 1.000 ejemplares, a un precio promedio de $ 500, un autor recibe $ 50.000 por un libro que puede llevar un año o más de escritura. Es usual que los escritores perciban la mayoría de sus ingresos en profesiones como el periodismo, la abogacía, la docencia o el trabajo editorial.

El tamaño del mercado es determinante para que el sector sea poco redituable, además de que son contados los casos de autores uruguayos que triunfan en el exterior. "Un escritor de no ficción que en Uruguay vende 2.000 libros de repente en Argentina vendería 15.000", señala Julián Ubiría, Gerente Editorial en la sede local de Penguin Random House. Cada editorial recibe entre 100 y 200 manuscritos por año, pero apenas publican unos pocos autores nuevos porque trabajan con el catálogo que ya tienen.

Los boom de venta suelen venir de la no ficción (como el libro sobre Pepe Mujica, Una oveja negra al poder, que lleva 27.000 libros vendidos en Uruguay, y más de 150.000 en el extranjero). Los autores de literatura infantil y juvenil son los que tienen más posibilidades de hacer ganancias. Roy Berocay e Ignacio Martínez son dos casos de escritores que viven de su arte, pero poder hacerlo les ha requerido ser prolíficos, diversificarse y, por supuesto, tener éxito. Berocay, que fue periodista, tardó 25 años en vivir de sus libros y su música, y a Martínez le llevó poco menos de dos décadas, cuando en 1999 dejó su trabajo en Casmu. "Puedo vivir de la escritura pero más me gusta decir que vivo para la escritura", comenta el autor de 98 libros para niños y jóvenes, 14 para adultos y 41 obras de teatro.

Estramil: la escritora trabaja en una licorería. Foto: A. Colmegna
Estramil: la escritora trabaja en una licorería. Foto: A. Colmegna

Mercedes Estramil, quien ganó el Premio Banda Oriental en 1996 por Rojo y tiene otras tres obras publicadas, trabaja como periodista cultural, da talleres y además desempeña labores en una licorería en Yaguarón y Uruguay. "De mis libros se han vendido, de cada uno, entre 200 y 350 ejemplares. Multiplicás eso y te ponés a tejer", bromea. "Parece maravilloso escribir y el escritor que publica es admirado. Pero rascás un poco y nadie se preocupa de que el escritor no pueda vivir de eso. Hasta se considera razonable, porque no parece trabajo. Desde afuera se lo ve más como un hobby, algo que da placer, y el placer está muy mal visto".

De acuerdo a un relevamiento hecho en base a datos de la Encuesta Continua de Hogares de 2015, el multiempleo es más importante entre los artistas que en el resto de las profesiones. En el total de ocupados, el 10,7% tiene dos trabajos. En cambio, entre los que tienen una ocupación artística principal, el 28% tiene también un segundo empleo. En esta encuesta figura que un 0,6% de la población ocupada (10.090 personas) tiene un trabajo artístico como principal ingreso. Pero de esa población, el 45% realiza en realidad tareas de enseñanza de sus oficios.

En la música también son pocos los que pueden vivir exclusivamente de su arte. Incluso los integrantes de bandas destacadas pudieron comenzar a vivir solo de la música en los últimos años, como es el caso de Roberto Musso, quien era ingeniero en sistemas en Ancap, y Santiago Tavella, que trabajaba en el Centro de Exposiciones SUBTE (ambos del Cuarteto de Nos), o de Pedro Dalton, quien pintaba casas. Hoy vive no solo de Buenos Muchachos sino también de su banda en Argentina Chillan las bestias y de sus trabajos como ilustrador. "Puedo hacerlo porque no tengo que pagar un alquiler", reconoce.

De acuerdo a Andrés Sanabria, director del sello discográfico Bizarro, un grupo mediano en Uruguay vende entre 5.000 y 10.000 discos pero en realidad nadie vive de los discos sino de los conciertos, a lo que se suma el dinero que ingresa por derechos de autor. Sin embargo, en los últimos 15 años mejoró mucho la situación en la música, en gran parte por el acceso a mercados en el extranjero, como ha pasado con el boom en Argentina de bandas como No Te Va Gustar o La Vela Puerca. Sanabria afirma que todas las semanas le llegan demos de artistas y se queja de que las radios se centren en el pop internacional. "Si se pasara más música uruguaya habría más gente que viviría mejor y más que se animarían a poner un sello".

Un caso de un músico y actor reconocido que optó por tener un empleo fijo es el de Tabaré Rivero, quien lleva tres décadas en la Intendencia dando talleres de teatro, yoga o música. "Para un artista es imprescindible no pensar en cómo conseguir la comida ni en cómo pagar el alquiler a fin de mes para poder hacer lo suyo", comenta, y subraya que el uruguayo no reconoce al artista local, a diferencia de lo que sucede en Buenos Aires, donde se hace un "continuo homenaje" a los creadores.

Artes plásticas.

Otro mercado que depende en gran medida de la proyección internacional es el de las artes plásticas y visuales. De acuerdo al estudio del MEC de 2009, 796 personas declaran que su principal fuente de ingreso deriva de la producción de pintura y escultura, pero solo un 25% de los artistas concentra el 70% de los ingresos generados en este mercado, que dependen en gran medida de las ventas a otros países (las ventas directas al exterior constituyen el 42 %).

Según datos de la Udelar referentes a los egresados de 2014 en 23 carreras, los recibidos del Instituto Nacional de Bellas Artes son los que más trabajan en el sector público (un 66,7%, frente al promedio general de 28,4%). Los siguen los egresados de la Escuela de Música, con 62,5%.

"Las artes visuales en Uruguay son un campo muy difícil porque no hay mercado", expresa Santiago Tavella, quien además de músico es artista visual y curador. No se trata de un tema del tamaño del país sino de una cuestión cultural que genera que el uruguayo no compre mucho arte, afirma. Mariana Oggero, dueña de la Galería Ciudadela, coincide con esta idea y señala que las ventas bajaron un 50% desde 2009, en gran medida por la merma de compradores extranjeros. Un cuadro de precio medio de la galería cuesta entre U$$ 1.500 y US$ 2.000. No obstante, señala Oggero, "el artista que es bueno y tiene lazos con el exterior puede vivir", ya que muchas veces el monto de la obra vendida es el que hace la diferencia.

Gastón Izaguirre es uno de los uruguayos que viven de su labor como artista visual. Tras dejar hace 15 años su empleo como director creativo de una agencia de publicidad, se dedica a la pintura, al interiorismo (solo en función de la compra de su arte) y da clases. "No tengo ningún secreto, simplemente lo que hago es un producto que gustó", comenta. Al igual que Izaguirre, Javier Abreu, artista plástico y de performance, también vive exclusivamente de su profesión y tiene vínculos con el exterior. "Me animo a decir que de 2005 a la fecha hay 20 o 30 artistas que venden obra, exponen en el exterior e integran colecciones. Puede sonar a poco, pero hay que saber cuánto puso cada uno en el camino para que las cosas sucedan", expresa.

Cine, teatro y danza.

Federico Borgia es uno de los autores y directores (junto a Guillermo Madeiro) de Clever, uno de los estrenos más destacados del cine uruguayo en los últimos años. Pero Borgia no vive de este arte sino de la locución publicitaria. Desde que nació la idea de Clever hasta que se estrenó pasaron diez años. Tuvieron que ganar 3 becas y 10 premios para que el filme pudiera concluirse. Aplicaron a fondos en Uruguay y el extranjero, ya que se necesitó primero de dinero en la etapa de guión, luego para el rodaje, y después para la posproducción. La película costó US$ 300.000. "Los fondos que hay acá son malos y no dan para hacer una película. Un fondo de producción no llega ni a los US$ 100.000", comenta. Borgia está cobrando recién ahora algo por su película, que vieron unos 4.000 uruguayos. Sin embargo, después de todo el trabajo hay que pelear con los exhibidores, comenta. "Tenemos que ir a los shoppings, que no están muy interesados en pasar películas que no son lucrativas. Nos dieron horarios malos y nos suspendieron una función". Clever estuvo siete semanas en el circuito comercial, pero otras películas uruguayas no corren con tanta suerte.

En el teatro es algo muy usual que los actores tengan otros trabajos, aunque una gran mayoría se dedica a la docencia. Casos paradigmáticos son el de Jorge Bolani y sus tres décadas como administrativo en concesionarias de autos o el de César Troncoso, quien dejó el estudio contable cuando llegó el éxito en Brasil. Hay desde abogados y periodistas a conductores de Uber o empleados públicos, como Graciela Rodríguez, actualmente en cartel con No le tengo envidia al pene, Dr. Freud, quien es municipal desde hace 38 años.

Por lo general los actores cobran por boletería. En el caso del elenco estable de El Galpón, los intérpretes reciben un fijo por ensayo de $ 300 y por función de $ 800. Algunos de sus integrantes trabajan en otras tareas del teatro (acomodadores, recepcionistas) y otros como administrativos en Socio Espectacular. Los actores que sí pueden decir que viven solo del teatro en Uruguay son los de la Comedia Nacional, aunque muchos también son docentes o realizan otras actividades. El elenco está integrado por 26 actores cuya escala salarial va de los $ 42.236 a los $ 73.805 por 36 horas semanales. No obstante, el actor Leandro Núñez comenta que antes de ingresar a la Comedia vivía solo del teatro y haciendo comerciales y carnaval.

Un actor, dramaturgo y director que pese a ser biólogo vive del teatro es Fernando Nieto Palladino. Pero sus ingresos no provienen en general de sus obras sino de las clases de su propio método actoral (derivado de la etología, ciencia que estudia el comportamiento animal) y de producciones culturales. Nieto Palladino da un detalle exhaustivo de sus ganancias con las obras. En la primera, Quiroga Con la luz prendida (2008-2009), que hizo sin subvenciones públicas, cobró $ 25.700 por dirigir y actuar durante ocho meses de ensayo, actuar en 66 funciones, diseñar escenografía, por la música original y la edición de audio, por el trabajo de producción, diseño gráfico, prensa y difusión. Además cobró $ 22.750 por los derechos de autor, tanto de texto como de la música original. De su última obra, Juegos mecánicos, se hicieron ocho funciones. Obtuvo un subsidio de $ 30.000, pero tuvieron costos de producción de $ 76.000. Ningún integrante de la obra cobró nada hasta ahora.

Otro aspecto a tener en cuenta es si han bajado la cantidad de entradas vendi- das ante la desaceleración económica. Si bien en el informe de Consumo y Comportamiento Cultural se visualizaba un pequeño descenso entre 2009 y 2014, otro parámetro de medición puede ser Socio espectacular, que agrupa a 20.000 socios. Entre 2011 y 2015 registró un descenso del 29% en entradas vendidas para teatro y carnaval.

Pese a que la danza vive un buen momento en cuanto a cantidad de espectadores y a nuevos ámbitos de enseñanza, en los bailarines se replica la situación de los actores: la mayoría vive de dar clases, a excepción de los que integran el ballet del Sodre. "Todo se reduce a educar para que eduquen", señala Natalia Burgueño, bailarina de danza contemporánea, que da clases en cinco lugares. Por su espectáculo Plug, que implicó un año de trabajo y se presentó en mayo en el ciclo Montevideo Danza del Teatro Solís, ganó $ 3.800.

Nelson López es uno de los pocos uruguayos afortunados de estar en el ballet del Sodre, formado por 80 bailarines. Pese a sus años de preparación y a que su carrera corre contra el tiempo, gana $ 32.000, un sueldo medio en la compañía. El monto no deja de sorprenderlo y comenta: "Somos un grupo muy reducido. Capaz que hay más neurocirujanos que bailarines uruguayos capacitados para el Sodre".

Presupuesto de cultura cayó un 8% en el último lustro.

Del total del presupuesto de la Administración Central en 2004, el monto destinado a la Cultura correspondía al 0,30%. El porcentaje de este año, comparado con aquel, ascendió a 0,58%, casi el doble que hace 12 años, teniendo en cuenta datos de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP). No obstante, si se compara en términos reales, el presupuesto destinado a esta área entre 2011 y 2016 cayó un 8,3%, ya que la inflación en este período creció un 51,8%.

El presupuesto del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) para 2016 es de casi $ 4.000 millones. De allí, unos $ 246 millones van a la Dirección Nacional de Cultura. El Sodre, que tiene unos 900 funcionarios, recibe casi un 18% del presupuesto del MEC: $ 714 millones y gana por venta de entradas $ 70 millones, informó el organismo.

"El presupuesto global de Cultura no es bajo si tenemos en cuenta la inversión a nivel país pero las instituciones oficiales se llevan buena parte. Donde sí somos bajos es en los presupuestos departamentales. Hay departamentos que no tienen un rubro de Cultura", dice Sergio Mautone, Director Nacional de Cultura.

Más estudios y más apoyos culturales.

Pese a las diversas quejas de distintos sectores de la cultura, el consenso es que ha habido en general mayor apoyo estatal a las artes en los últimos diez años. "La cultura y quienes trabajan en ella se han profesionalizado mucho", explica la socióloga Rosario Radakovich. Han proliferado lugares donde estudiar distintas artes y carreras relacionadas, como la gestión cultural, a la vez que se prevé implementar otras como la Licenciatura en Danza o la Carrera de Dramaturgia. Ha habido avances en cuanto a fondos públicos y con leyes como la Ley de Incentivo Cultural (2006) y la Ley del Artista (2008), que prevé los aportes jubilatorios para este sector. No obstante, la queja es que el MEC contrata en negro a los artistas. El Director Nacional de Cultura, Sergio Mautone, dijo que empezaron a hacerse contratos formales y planean regularizar el asunto este año. La ley no incluye a los escritores y realizadores audiovisuales.

LOS ARTISTAS Y SU MEDIODE VIDA.

Mercedes Vigil.

Una de las autoras con más libros vendidos del país afirma que se dedica a sus tres hijas y a la escritura, pero no vive solo de su profesión. No obstante, opina que en los últimos 25 años ha habido un mecenazgo exagerado del Estado. "Terminamos usando la plata de los contribuyentes financiando artistas mediocres", sostiene.

Guillermo Lamolle.

El letrista y murguista, creador de La Gran Siete, sostuvo que es muy difícil vivir del carnaval. El promedio que le queda a un murguista que solo canta es de $ 30 mil o $ 40 mil por todo carnaval (unos 60 tablados). De 53 años, se recibió de biólogo a los 39, tiene un doctorado y se especializa en la evolución de los genes.

Carlos Goberna Jr.

El integrante de la Sonora Borinquen trabaja como músico de las Fuerzas Armadas, en el Fondo Nacional de Música y en la Sociedad Uruguaya de Artistas e Intérpretes (Sudei). En el grupo tropical gana $ 12.000 por mes haciendo unas 20 presentaciones. "De los 4.000 socios de Sudei, 3.000 están mal económicamente".

Tabaré Rivero.

El final del Malambo delictivo de La Tabaré dice: "mediocridad mediante, me puede ir mal y cuando sea grande... ser solo municipal". Rivero está lejos de ser un mediocre, ya que lleva más de tres décadas como músico y actor de éxito, pero también hace 30 años que trabaja en la Intendencia dando talleres de arte.

Javier Abreu.

El artista plástico y de performance, conocido por "el empleado del mes", cree que no hay que culpar "al uruguayo" de no valorar la cultura. "Ahora hay una exposición en el Museo Blanes de 73 artistas, que se tuvieron que pagar el flete para que esa obra esté ahí colgada. La propia institución no valora su trabajo".

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