VISITA INESPERADA

Arriban polizones africanos al puerto de Nueva Palmira

Son dos jóvenes de Camerún que se escondieron en un buque carguero.

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La terminal de Nueva Palmira recibe barcos cargueros de todo el mundo. Foto: D. Rojas

Dos polizones africanos llegarán esta mañana al puerto de Nueva Palmira. Viajaron desde Camerún escondidos en la torre de grúa de la embarcación. Al parecer, cuando no soportaron más el hambre bajaron a cubierta en busca de comida y fueron descubiertos por la tripulación del barco Boston Harmony que hoy llega para cargar soja en el área que Terminales Graneleras Uruguayas explota en el puerto oficial de la Administración Nacional de Puertos (ANP).

De la entrevista que realice el encargado de Migración correrá en gran medida la suerte de Paul Lima de 34 años, procedente de Douala, y de Dem Kam, de 27 años, de Yaounde, ambos nacidos en Camerún.

El segundo viajó sin documentación, por lo que su destino es más complejo. El cónsul de Camerún viaja desde Brasil para ocuparse del hecho, aunque el caso primero deberá ser resuelto por las autoridades uruguayas que deben considerar si corresponde la ayuda humanitaria.

"El asilo es considerado cuando lleguen pidiendo refugio por motivos políticos aduciendo que su vida corre peligro", indicó una fuente de la investigación consultada por El País.

En este caso, se elabora un informe que es elevado al Servicio Ecuménico por la Dignificación Humana (Sedhu), representante del Alto Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados (Acnur) que toma la decisión sobre el asunto.

"La presencia de polizones de origen africano en gran medida y asiáticos en segundo orden, es más frecuente de lo que la gente cree. En Nueva Palmira se dan en promedio dos casos por año", indicaron a El País.

Por lo general se suben de forma clandestina a un barco pensando que van a Estados Unidos o Brasil, otro destino donde buscan mejorar su calidad de vida.

Si no son perseguidos políticos y declaran que viajan buscando un mejor futuro, la autoridad nacional puede decidir repatriarlos vía aeropuerto de Carrasco o incluso no dejarlos bajar del barco.

En el segundo caso se transforma en un problema para el capitán y la compañía, porque han existido casos de polizones que no han sido aceptados en puertos de seis países y siguen viajando en el buque mercante.

La compañía de seguros es quien se ocupa de gestionar este tipo de situaciones como la que se presenta en Nueva Palmira (Colonia).

El jefe de ingenieros del Boston Harmony fue el que vio a los polizones en zona de estribor junto a la pasarela. Inmediatamente llamó al puente de mando informando al capitán, quien ordenó reunir a toda la tripulación y dio instrucciones de buscarlos en todo el buque.

Horas después fueron hallados en la sala de registro y conducidos para un interrogatorio y cacheo. Cuando les preguntaron dónde se escondían, los dos contaron que viajaron la mayor parte del tiempo en la parte superior de las cabezas de las grúas 1 y 2. Se escondieron en forma separada para no llamar la atención.

Repetido.

Se trata del segundo caso de polizones en lo que va del año en la terminal coloniense, según explicó una fuente portuaria, quien aseguró que es una práctica "relativamente habitual", en barcos que hacen escala en países de África.

En Uruguay hay un servicio a cargo de distintos grupos religiosos que se ocupa de atender estos casos.

"En caso de que sean perseguidos políticos, el trámite es reservado y va directo al Sedhu. Aunque venga el cónsul africano, no se le permite tomar contacto con los polizones, porque hay antecedentes de hostigamiento con ciudadanos de otros países africanos que fueron obligados a volver y ultimados a poco de tocar tierra", confió la fuente consultada por El País.

Funcionarios portuarios que han trabajado en este tipo de casos con polizones se han encontrado con situaciones tan diversas como dramáticas.

"Una vez llegó uno que era menor de edad y cuando nos vio uniformados, se arrodilló y estiró sus brazos hacia adelante. Contó que en su país, los reclutan en el ejército a los 12 años y aún siendo niños terminan como víctimas de las fuerzas insurgentes. Lo mismo son ejecutados si el gobierno considera que sirven a los intereses de grupos armados", contó el funcionario de experiencia sobre una de las tantas personas que escapan de la guerra, el hambre y la falta de esperanza.

En caso de otorgarles asilo, el Sedhu trata de reinsertarlos en la sociedad. Les enseña idioma y les consigue empleo para que reanuden sus vidas de la mejor manera posible.

Nigeriano.

En agosto de 2014, un nigeriano partió de su país en un barco ruso como polizón. Unos marineros lo engañaron, le cobraron US$ 400 y le dijeron que llegarían a Estados Unidos. Sin embargo, el buque desembarcó en Río Grande (Brasil) y desde allí terminó, sin saberlo, en la ciudad de Melo.

Hizo dedo desde la ciudad portuaria brasileña hasta la capital de Cerro Largo. Si bien su objetivo era llegar a Estados Unidos, el hombre se adaptó de inmediato.

El Ministerio de Desarrollo Social (Mides) lo brindó asistencia y le consiguió documentos y un lugar donde quedarse. Un empresario industrial de la zona se conmovió al leer su historia en El País y lo sumó a su plantilla. Lo último que se supo de él fue que continuaba en Cerro Largo y que había comprado una moto.

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