EL CASO DEL PROSTÍBULO CLANDESTINO

Apartamento 301: la "oveja negra" del edificio de la calle Uruguay

La inquilina del apartamento de Remersaro pagaba $ 15.000 semanales.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Al llegar policías, un auto lujosos llevó a las meretrices. Foto: Darwin Borrelli

El edificio es antiguo pero señorial. Cada uno de los 30 apartamentos cuenta con puerta principal y de servicio. El hall es simple y pulcro. Los espejos en las paredes, la madera y un banco prolijo le dan un buen aspecto.

El ascensor es algo antiguo pero se le ve bien mantenido. En el apartamento 301 nadie atiende. "Lo vaciaron el jueves pasado de madrugada. Vino la Policía en el momento que estaban haciendo la mudanza", dijo una vecina a El País.

El prostíbulo clandestino funcionaba desde hace un año y medio. A los clientes no les importaba que en el apartamento vivieran también una adolescente de 14 años y una niña de dos.

La niña lloraba muy a menudo. En el balcón del apartamento, al lado del living, a la inquilina y regente del prostíbulo, una mujer de nacionalidad argentina de mediana edad, se la solía ver guardando el coche y los juguetes de la niña.

En el edificio, todos sabían que el apartamento pertenecía desde hace tiempo a la ex directora de la Contaduría General de la Nación, Laura Remersaro, cesada el viernes 8 por el ministro de Economía, Danilo Astori, cuando se hizo público el funcionamiento de un prostíbulo clandestino en el apartamento de la calla Uruguay.

Hace pocos años, Remersaro heredó el apartamento al fallecer una tía. Los propietarios más antiguos del edificio —un funcionario jubilado del Parlamento, la hija de un ministro del gobierno anterior y un dirigente político socialista, entre otros— la conocían muy bien. Y ello hace suponer a los vecinos que muchos dirigentes políticos conocían la existencia del "suculento negocio".

Cuando su tía falleció, Remersaro recibió el apartamento con todos los muebles. No lo alquilaba por mes sino que lo rentaba a turistas del interior durante cortos períodos de tiempo. En una oportunidad el apartamento fue alquilado a unos ingenieros españoles que trabajaban para Ancap.

Clandestino.

Un año y medio atrás, la situación del apartamento 301 cambió.

Remersaro lo dio para administrar a una persona de su entorno. Esta persona, a su vez, lo alquiló a una argentina, la madre de la adolescente de 14 años y la niña de dos años.

"A partir de ese momento comenzó a entrar y salir del edificio mucha gente extraña. Las prostitutas los acompañaban hasta la puerta casi desnudas o en shorts muy sugestivos", relató una vecina a El País.

Las "chicas" cambiaban muy a menudo. Los clientes se agolpaban en la entrada. Era tal la cantidad que, cuando los vecinos abrían la puerta del edificio, uno o dos clientes "se colaban".

"El ascensor siempre estaba detenido en el piso tres", dijo otra vecina a El País.

El lunes 4, el administrador del edificio repartió el siguiente boletín en todos los apartamentos: "Se invita a los vecinos a una reunión informal informativa sobre avances del tema apto 301, el jueves 7 de julio hora 19:30 en Portería".

Allí se dijo que Remersaro cobraba $ 15.000 semanales como renta; que las "chicas" eran reclutadas en la página web "Púmbate" y que el apartamento 301 "era la oveja negra" del edificio desde hace un año y medio.

Según vecinos que participaron en el encuentro, el administrador se contactó con una abogada para que inicie un juicio civil a Remersaro por daños materiales —supuestas roturas del ascensor— y daños morales por el funcionamiento en el lugar de un prostíbulo clandestino.

Remersaro dijo a El Observador que el 30 de junio pasado se enteró por la Policía lo que ocurría en el apartamento y que ese día ordenó el desalojo de la inquilina argentina.

Los vecinos rechazan esa versión.

Una propietaria dijo en alusión a que dirigentes políticos de izquierda conocían el caso: "Si hablamos de lo que pasa en este edificio, se abre la Caja de Pandora".

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