PATRIMONIO HISTÓRICO

150 años de un templo en el Centro de Montevideo

Las hermanas salesas visitandinas lo inauguraron y desde 1950 están los franciscanos conventuales.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La fachada de la iglesia con inspiración historicista, en Canelones entre Michelini y Gutiérrez Ruiz. Foto: F. Ponzetto

Después de siete años de obras, en 1867 quedó lista la iglesia de San José y Maximiliano Kolbe, diseñada por el arquitecto Víctor Rabú y más conocida por el nombre "Conventuales".

Ubicado en la calle Canelones, entre Gutiérrez Ruiz y Michelini, el templo —que está cumpliendo 150 años en este 2017— perteneció primero a las Hermanas Salesas Visitandinas de Clausura, que allí se mantuvieron algo más de ocho décadas, cuando se mudaron al barrio Peñarol. Poco después, en 1950, la edificación pasó a la orden de los Franciscanos Menores Conventuales, quienes hasta la actualidad cumplen su labor parroquial en el lugar.

Según se recuerda en una placa, en esta iglesia estuvieron sepultados los restos de Dámaso Antonio Larrañaga, que serían trasladados a la catedral Metropolitana el 9 de diciembre de 1971.

A pesar del desarrollo arquitectónico del entorno, por estar en una esquina la edificación sigue proyectando una lucida fachada ecléctica pero de inspiración historicista. Entre la escalinata y el frontón triangular aparecen bien visibles las cuatro semicolumnas corintias, apoyadas en altos pedestales.

Sus proporciones fueron trazadas según los estudios del arquitecto renacentista italiano Giacomo Barozzi de Vignola, quien desde 1553 realizó edificios religiosos —como el oratorio de SantAndrea y la iglesia de Gesú en Roma—, creando un modelo que fue imitado en muchas partes del mundo.

Desde su origen, la construcción ha tenido algunos cambios en el altar y su escalinata pero en los demás espacios se conservan dimensiones y materiales de antaño.

La última restauración de la parroquia de Conventuales se realizó entre fines del siglo XX y comienzos de este siglo XXI.

Entre múltiples logros de esa labor es posible ver que en la puerta de madera de ingreso se mantienen cadenas y otros herrajes de época. Ya en el vestíbulo son admirables cuatro vitrales que representan el saludo franciscano, las imágenes de San Francisco y Santa Clara de Asís y el emblema de la orden franciscana.

Entrando por la derecha está la capilla dedicada a San Antonio de Padua, y avanzando más se da con la capilla de San Francisco, una polícroma balaustrada y, al centro, una construcción en mármol del siglo XVI que fue traída de Italia en el siglo XIX, según indica la documentación de la parroquia.

Contemplando la iglesia desde el pasillo central, se ve una decoración que los expertos vinculan con el barroco y el manierismo. También ha sido destacado el recurso de la técnica visual del "trompe-l´oeil" que presenta muros, balcones, cornisas y cortinados como si formaran parte del propio volumen arquitectónico.

En una breve lista de la plástica que impera en el templo es imposible omitir el óleo de San Francisco de Asís firmado por el maestro italiano Lino Dinetto, que en la década de 1950 decorara la catedral del departamento de San José.

También es destacable una obra en madera montada sobre una pared de un salón reconvertido en su uso, en donde hoy existe una capilla. La pieza fue tallada en Montevideo para enviar al Congreso Eucarístico organizado en Argentina en 1935.

Estilos.

Por su fecha de construcción, la iglesia de Conventuales debe considerarse una obra intermedia entre la arquitectura religiosa que surgió en el siglo XVIII y varios templos que fueron erigiéndose a fines del siglo XIX y comienzos del XX, "con una diversidad muy grande de lenguajes formales, estilos, soluciones materiales, estructurales y espaciales", como ha dicho el arquitecto William Rey Ashfield, especialista en historia del arte y gestión de patrimonio cultural.

Para acercarse a la real dimensión que tuvo la iglesia de San José alcanza con situarse en una ciudad de Montevideo que, a mediados del siglo XIX, contaba básicamente con tres iglesias, todas en la Ciudad Vieja. La Matriz, la capilla de la Caridad (en el Hospital Maciel) y la de San Francisco, que en 1870 sería reemplazada por la actual en un lugar próximo, en Cerrito y Solís.

Un pionero.

El proyectista de la iglesia de San José, el francés Rabú, había llegado a Uruguay con 22 años cumplidos y el título de agrimensor.

En sus primeros meses de estadía se ganó la vida dando clases de dibujo, y después logró convertirse en el autor de más obras de importancia.

Por ejemplo, los cuerpos laterales del Teatro Solís (en 1863-69), la citada iglesia de San Francisco de Asís (en 1864-1870), el Asilo de Huérfanos y Expósitos de la calle San Salvador y Gonzalo Ramírez (construcción de 1865, luego denominado Asilo Dámaso Antonio Larrañaga), la iglesia de la Inmaculada Concepción o de los Vascos (en 1870), y la capilla de la Sagrada Familia o Jackson, ubicada en la Avenida Luis Alberto de Herrera (de 1871).

Rabú proyectó más edificaciones de importancia pero demolidas, como la sede de la Bolsa de Valores, en la calle Zabala, en donde luego se construyó el Banco República.

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