Lechini y Ortiz son dos amigos que se reencontraron LUEGO de 70 años sin verse

Amigos a los 100 años de edad

Son de esas amistades que perduran en el tiempo. El recuerdo de la niñez y la adolescencia, con la frescura de sus memorias prodigiosas, hace que los calendarios transcurridos no derramen al olvido hechos y circunstancias, incluso aunque hayan pasado más de 70 años de la última vez que se vieron, cuando estaban recostados a un alambrado siendo "borregos" en uno de los predios de la Cuarta Sección del departamento de Flores.

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Nacieron antes de la Primera Guerra Mundial y se reencontraron en Flores.

Es la historia de una amistad de adolescentes, trabajadores del campo que siete u ocho décadas después vuelven a verse, a conversar, a abrazarse. Un reencuentro emocionante.

En la tarde "trinitaria" el lugar elegido fue el Hogar de Ancianos de Flores, donde uno de ellos reside desde el presente año. Allí tiene una vida tranquila, acompañado por otros congéneres con quienes puede departir y compartir múltiples experiencias de vida.

"La verdad es que me preguntaba si algún día iba a verte. Qué sería de la vida de Valoy. Vos sos una buen persona, siempre se lo dije a mis amistades, por tu sencillez y por ser un hombre de bien". Las palabras, sentidas, emocionadas, parten de don Juan Lechini, un coloniense de 102 años de edad. Su interlocutor es Valoy Ortiz, quien el próximo viernes cumplirá 104 años.

A ambos hombres se los ve tan campantes. Y con muy pocas "nanas".

"¿Y vos tenés dolores? ¿Podes dormir?. ¿Vos sos operado?, se preguntan sentados uno frente al otro, ante las miradas de admiración de los funcionarios del hogar y los elementos que les sirven de apoyo para caminar o trasladarse a estos veteranos con más de cien años muy bien llevados.

Un fuerte chaparrón cae sobre la ciudad de Trinidad. El agua se ha hecho presente durante toda la jornada, por lo que la actividad de los comercios céntricos es escasa. En la heladería, un padre compra un helado para su pequeña hija y se sientan a degustarlo contemplando la plaza.

Son las 15.30 horas, el momento acordado para ir a entrevistar a Juan y Valoy en el departamento de Flores.

Es en el Hogar de Ancianos, donde reside desde mayo pasado, don Juan, de 102 años de edad, junto a otros 44 ancianos hombres y mujeres, todos muy bien atendidos en el lugar. Lechini muestra una gran lucidez y en la charla recrea con gran facilidad otras épocas, las de su niñez y adolescencia.

Al rato nomás llega Valoy, con sus 104 años a cuestas, después de una irrenunciable siesta diaria que se prolonga hasta las 17:00 horas.

"Mire que yo soy mayor que él, le llevo dos años, póngalo nomás en el diario", dice a voz en cuello, gesticulando, irradiando simpatía.

Y allí enseguida se crea una atmósfera de recuerdos y vivencias, interrumpidos por más o menos siete décadas en los que se dejaron de ver por las "cosas de la vida".

"Nosotros nos conocíamos de borregos. Vivíamos a dos o tres leguas en La Casilla", señala Valoy, refiriéndose a la Cuarta Sección de Flores.

"Es cierto, dos por tres nos veíamos y conversábamos algo, pero enseguida cada cual seguía en lo suyo porque éramos trabajadores y la familia lo precisaba. Yo en el caballo siempre, me gustaba cabalgar. Una vez estuvimos diez días con una tropa, salimos desde Blanquillo, en Durazno, hasta Colonia: llovió todo el camino", rememora Valoy, un verdadero personaje en la zona y en la región, sumamente conocido y respetado en el ámbito agropecuario.

Replica Juan: "Y yo me la pasaba arando con los bueyes, éramos dos hermanos los que siempre estábamos desde que aclaraba, seis bueyes para cada arado y le dábamos hasta el mediodía, después ensillábamos y enseguida arrancábamos otra vez hasta la tardecita, todo a bueyes, porque en aquella época no había tractor ni camión como ahora".

"Si será así, antes se precisaban 17 personas para la cosecha y ahora se hace con dos y la máquina", comenta Valoy.

Amistad.

Ambos denotan una gran lucidez. Repasan como si fuera "ayer" tiempos pasados y eternos que se advierten en la emoción de estar juntos otra vez. Se acuerdan de cuando de gurises ayudaban a sus familias: eran 16 hijos y dos entenados en la casa de los Lechini, y 11 hermanos en la de los Ortiz.

"Pero después las cosas cambiaron y no nos vimos más hasta hace poco, cuando nos encontramos acá", en un reencuentro que fue propiciado por la médico geriatra Ana Bidegain, directora técnica del hogar, y por el psicólogo Eduardo Cardarellio.

Y la charla del postergado reencuentro continúa.

—¿Y cuántos años tenés vos? —pregunta Lechini.

—Cumplo 104 el viernes 20, esta semana—responde Valoy.

—Está fuerte eh?—dice con asombro y complicidad Juan a Graciela Ortiz, la hija del más veterano.

—¿Te acordás cómo eran los bailes? —se preguntan uno a otro casi a la vez, mientras evocan una serie de imágenes en sus memorias.

—Si me acordaré... El deporte que me gustó más fue ése, no me perdía ni un baile en Cardona—, dice Juan, con una sonrisa socarrona.

Si tú encuentras tal amistad

te sientes feliz y lleno de gozo

porque no tienes nada de qué preocuparte.

Tienes una amistad para toda la vida,

ya que una amistad eterna no tiene fin.

Pablo Neruda

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