ENTREVISTA DEL DOMINGO 

Amado: "El Partido Colorado necesita muchos loquitos"

Fernando Amado, diputado colorado del sector Batllistas Orejanos

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Fernando Amado. Foto: Darwin Borrelli

Es la oveja negra dentro de la oposición. Tiene 34 años y aspira a “eliminar la grieta de mitades” y captar a los colorados que se fueron al Frente Amplio, donde el paradigma, dice, “languideció y se quedó sin ideas”. Sostiene que el Partido Colorado “se llena de palabras batllistas y se vacía de acciones batllistas” por lo que cree que el partido necesita “un sacudón fuerte”. Está afín a aumentar los impuestos al capital.

—Dentro del Partido Colorado se ganó el mote de traidor. ¿Cómo lo lleva?

—Como juegan con libretos es natural que cualquiera que se salga caiga con ese mote. A Gonzalo Mujica le pasó lo mismo. Yo estoy convencido que tengo la misión de tratar de renovar y cambiar el Partido Colorado, hay que terminar con las familias ideológicas, que se termine la grieta entre las mitades. Me ha sido difícil que gente del Frente Amplio, porque está con el libreto puesto, entienda que del otro lado hay gente bien intencionada. Y lo mismo al revés. Hay una generalización infantil de decir que ‘lo que pasa es que es del Frente Amplio’. Tuvimos una época de paradigma colorado-blanco que terminó, ha habido un paradigma frenteamplista, que sus mayores concreciones fueron en el primer gobierno de Tabaré Vázquez, y después lo que ha hecho es languidecer y quedarse sin ideas para proyectar un nuevo paradigma, porque está preocupado en conservar el poder. Ahora lo que está vacante es generar el próximo paradigma y yo voy a contribuir para que no sea en clave de dos mitades.

—¿Qué implica terminar con las familias ideológicas?

Desde que tengo uso de razón me han querido convencer a fórceps de que el Partido Colorado y el Partido Nacional son hermanos o primos y eso es falso. La agudización de ese esquema empieza después de 1994 porque antes el Foro Batllista de (Julio María) Sanguinetti era el enemigo número uno de (Luis Alberto) Lacalle Herrera y la expresión política que encarnaba. Pero cuando en 1994 se ve que en las elecciones la cosa queda dividida en tercios con el Frente Amplio, —que no es el mismo de hoy porque tenía concepciones ideológicas muy radicales que hoy predica para la hinchada pero no para la realidad—, la postura cambia. Después surgió la reforma electoral para evitar que el FA llegara, pero cuando uno hace las cosas por la negativa, y no es un paralelismo con (Luis) Lacalle Pou, el latigazo te llega.

—¿Por qué es tan antiblanco?

—Los blancos asumen que un colorado tiene que pensar en la línea de razonamiento de las familias ideológicas, entonces cualquiera que no trate como socio al Partido Nacional es como que no funciona como se debe, está preparando la ida para el Frente. Yo no soy funcional al Partido Nacional. Yo antiblanco no soy, pero me causa hasta gracia cómo pueden pensar que un batllista inspirado en Batlle y Ordóñez puede pensar igual a alguien con pensamiento herrerista, que me parece muy valioso, pero es absolutamente incompatible. Las diferencias son profundas en cómo proyectás la sociedad, el Estado, la libertad. También ocurre que en el Partido Colorado en los últimos 50 años hubo una batllistización generalizada que lo que hizo fue desbatllistizar en el sentido profundo. El Partido Colorado fue creando nuevos batllismos y esa realidad explosiva hacia adentro hizo que se perdiera mucho de la base. Entonces el problema es que la mayoría de las personas no linkean a Batlle y Ordóñez con el partido Colorado de hoy y hay un reflejo desesperado de querer decir a fórceps que el batllismo es solo nuestro. La patología del Partido Colorado es llenarse de palabras batllistas y vaciarse de acciones batllistas.

—¿Es colorado por lo que fue el Partido antes de que naciera?

Sí. Me enamoró la historia con enormes aciertos y errores. Es un enorme desafío el tratar de que siga sobreviviendo el batllismo en el Partido Colorado. ¿Está garantizado? No, y es una enorme preocupación, porque hay gente que puede decir que el Partido Colorado asfixia expresiones de izquierda republicana y se siente afuera del partido. No se debe hostigar a los sectores minoritarios.

—¿A quién se refiere?

—Vamos Uruguay, por ejemplo. No basta con la actitud light de Pedro Bordaberry de decir yo no me meto yo estoy en el Senado. Tiene que haber actitudes de fraternidad y es difícil sentirla si me dijo que soy la peor persona que conoció en la política, más cuando es el mayor de la relación. Sanguinetti actúa diferente. Dijo: si Amado cree que criticándonos va a juntar algún voto para el Partido Colorado, que lo siga haciendo.

—En el video de presentación de Batllistas Orejanos le pega a Sanguinetti, Jorge Batlle, Bordaberry, Edgardo Novick… ¿Dónde queda el carácter conciliador?

Todos podían ponerse en lugar de víctima, pero nosotros sentimos que venimos hace años con un huracán de frente y las víctimas hemos sido nosotros. Me reuní con Tabaré Vázquez y se armó un tsunami. ¿Cuál es el problema? Lo podría haber votado como Bordaberry votó a Lacalle Pou. Porque otra cosa que se repite como papagayo es que el Partido Colorado es el partido de hombres libres, pero después no se practica. Ha habido sacralización de los líderes. No se les puede decir nada porque es casi una traición al partido y yo no lo vivo así. Y eso no quiere decir que no reconozca cosas.

—¿Cuál es el futuro del Partido Colorado?

—Hoy está en una situación muy compleja, no de extinción, pero de que lo que sobreviva puede ser muy poco representativo de lo que fue la historia del Partido Colorado, entonces el problema es qué Partido Colorado va a seguir quedando. Es clave un emparejamiento de fuerzas, una competencia interna entre los sectores más y menos conservadores. Creo que el Partido Colorado necesita un sacudón fuerte. Para mí quien intente proyectar el pasado es la credencial para el fracaso. Lo que pasa es que entonces tenés los racionales y los loquitos. Yo creo que el Partido Colorado necesita de muchos loquitos, precisa de muchos guascazos internos para que cambie y la ciudadanía crea realmente que empieza a haber cambios. Estoy jugado y creo que la mayor contribución que le puedo hacer al partido es captar a los batllistas que se fueron al Frente Amplio, al que está llegando al ciclo del agotamiento de credibilidad.

—El acercamiento por la negociación del voto 50 ante la nueva Rendición de Cuentas fue visto como otra perla de un potencial pase al Frente Amplio. ¿Se iría?

—No hay nada menos oportunista que estar en el Partido Colorado, pero soy colorado.

—¿Qué es lo que no comparte con el FA?

El Frente es un partido que tiene contradicciones tan fuertes que sería muy difícil para un batllista convivir. Cuando ves que se abroquela para defender la institucionalización de una mentira de un vicepresidente, ahí algo está mal. Ideológicamente hay sectores que siguen defendiendo cosas que son indefendibles. El Frente Amplio además hoy está en la tercera edad. Por un tema de estómago yo no puedo votar un tipo de más de 80 años para Presidente en la República, no entra en mi cabeza, y que la renovación sean tipos de 60 años... Pero más allá de eso no me siento inspirado por la tradición frenteamplista sino por la batllista.

—Usted dijo que va a votar la Rendición de Cuentas si no contiene ningún disparate. ¿Qué lo sería?

—Lo del Fonasa sería un disparate. Si hubiera aumento impositivo a trabajadores, jubilados, actividades productivas pequeñas sería un disparate. El Frente no lo va a hacer porque esos sectores están al borde de la capacidad contributiva. Otro disparate serían gastos excesivos en cosas que sienta que no son prioridad como sí lo son el Sistema Nacional de Cuidados o el 6% para la educación. No sé lo que van a traer pero voy a hacer todo el esfuerzo por votarla porque es una ley importante. No estoy en la realidad del libreto bipolar de joder al Frente. El déficit es importante y el Frente debería recortar. Tiene que haber voluntad política y tienen que resolver sus problemas internos. Nosotros vamos a hacer una propuesta para que haya mayor prioridad de fondos para cultura y para nuevas tecnologías, en donde sentimos que se podría emplear cinco veces más personas de las que hay hoy.

—También se habló de gravar más a los grandes capitales. Por su libro sobre el club de los millonarios, sabe que esa riqueza no está en Uruguay.

—Sí, pero hay un debate que tiene que discutirse. Antes el libreto era abrir y dar exoneraciones para que vengan todos. El libreto del Frente no era ese, pero compró mucho de lo que había sido la plataforma del paradigma tradicional. Hay como una desorientación. Hay sectores que plantean gravar al capital como pose porque queda bien y es popular. Creo que hay que ir más allá por la dificultad que tienen esos tributos para ser cobrables y la facilidad de evasión. Trabajemos para ver cómo aplicar determinados impuestos al gran capital, aumentar el impuesto a las herencias o a los juegos de azar y que sean medidas viables y no para la tribuna.

"AMENAZAS" DE SANABRIA "DÍA Y NOCHE" EN MALDONADO


—¿Ha dicho que el Partido tiene que salir a dar la cara por el caso Francisco Sanabria, pero también que "eran vox populi las prácticas mafiosas de Sanabria". No obstante en la última elección Sanabria aportó dinero y consiguió una suplencia de banca. ¿Por qué usted no lo denunció antes, por ejemplo, al Banco Central?

—Yo di mi batalla todas adentro y está documentado y las di con Pedro (Bordaberry) al que le puse con claridad mi negativa al ingreso de Sanabria y de otras personalidades del Partido Colorado que representaban la vieja forma de hacer política a la cual Vamos Uruguay se había constituido para erradicar. Me tocó perder todas las veces. Yo no soy ni juez ni policía ni tampoco tenía pruebas de delitos ni nada. Sí era vox populi esa forma de manejarse porque lo decía el propio Pedro Bordaberry y yo no iba a desconfiar porque estuvo durante cinco años diciendo que era así. Y lo sufría Germán Cardoso en carne propia en Maldonado. Entonces cuando todo esto tuvo un giro copernicano en el cual se dio el ingreso de Sanabria, yo me opuse. Estamos hablando de un modus operandi que era vox populi pero que la prueba más contundente para mí era lo que había dicho durante cinco años Bordaberry y sufrido Germán Cardoso. A modo de detalle, en 2009 sufría un día sí y otro también llamadas a cualquier hora en las que se lo amenazaba de cualquier cosa.

—¿Sanabria?

—Era lo que sostenían ellos. Y lo sufrimos en carne propia como si fuera, no para Germán, sino para todos nosotros en Vamos. Por eso fue tan sangrienta la campaña en Maldonado.

—¿El dinero vale mucho?

—Lamentablemente las campañas cada vez son más costosas y el dinero parece ser un centro gravitante para tener viabilidad política y en este caso fue evidente que una de las razones más importantes que pesó para que Bordaberry incluyera y cambiara y borrara todo lo que había sido un enfrentamiento de años ético, porque no era político, cambiara. El factor importante fue el conseguir el apoyo económico y no queda duda. El que tenga duda tiene un alto grado de deshonestidad intelectual.

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