Por las críticas al gobierno de Maduro, el expresidente le dio la espalda

Almagro, el soldado de Mujica que ahora combate al chavismo

Luis Almagro o el "Oso", para los más íntimos, era un diplomático más; hasta que en 1999 se conoció con el expresidente José Mujica y su vida cambió. Logró escalar en su carrera profesional y alcanzó diversos cargos que lo llevaron hasta la secretaría general de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Pero a pocos meses de haber asumido, dio un "giro" discursivo y se animó a cuestionar a Venezuela, algo sagrado para Mujica, quien durante su presidencia tejió firmes lazos políticos y comerciales con el gobierno de Maduro, responsable además de la subsistencia de diversas empresas vinculadas al Fondes.

¿Quién es Almagro? Se preguntan algunos viejos conocidos del excanciller, que hace 16 años dejó atrás sus orígenes blancos y se integró al Centro Artiguista por los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Cadesyc), asociado al Movimiento de Participación Popular (MPP).

Antes de conocer al expresidente, Almagro cumplió funciones en las embajadas de Irán y Alemania. En 2005 y cuando estaba al frente de Ganadería, Mujica lo designó director de la Unidad de Asuntos Internacionales del ministerio.

Al mismo ritmo que crecía la relación entre ambos, el diplomático avanzaba en su carrera profesional. En 2007, fue nombrado embajador en la República Popular China y tan solo tres años más tarde fue designado canciller de la República.

Vestido de traje y con una mochila colgada en la espalda, Almagro sabía combinar la formalidad que le requería su carrera y el estilo informal de su líder, es decir Mujica. Sus excompañeros de gabinete lo recuerdan como un hombre con sentido del humor al que le gustaba hacer chistes, con muchos conocimientos técnicos y de bajo perfil político. Siendo canciller viajaba 50 minutos en ómnibus a Montevideo desde su chacra ubicada en Santa Lucía (Canelones), donde vivía junto a su esposa y siete hijos de diferentes nacionalidades.

Su gestión al frente de Cancillería fue muy cuestionada por la oposición debido a la mala relación con el gobierno de la presidenta argentina Cristina Fernández y el apoyo incondicional al polémico régimen chavista. Fue un soldado de Mujica, aún cuando el expresidente lo dejó en una situación incómoda como la sucedida con el ingreso de Venezuela al Mercosur.

Almagro se oponía al ingreso de Venezuela al Mercosur en momentos en que Paraguay estaba supendido, por lo que se retiró de la sala de sesiones en Mendoza en el momento en que se leyó la declaración de ingreso de Venezuela.

"Yo soy el responsable (del ingreso de Venezuela) y no el canciller. Estoy conforme con su desempeño. Actuó muy bien y cuanto más le peguen, más lo sueldan al sillón del Ministerio porque lo voy a defender", dijo Mujica en julio de 2012.

De ahí en más, todo corrió sobre ruedas y en sus discursos Almagro reconocía al fallecido presidente de Venezuela Hugo Chávez como el "artífice" de la integración regional. En abril de 2013, cuando fue electo presidente Nicolás Maduro, Almagro envió una nota al excanciller venezolano Elías Jaua augurando a su homólogo "el mayor de los éxitos en su gestión".

Mientras era canciller, Almagro usaba su cuenta de Twitter para colgar fotos en la que se lo podía ver —muy sonriente— abrazando a Maduro. El último retrato fue publicado el 12 de abril, en ocasión de la Cumbre de las Américas celebrada en Panamá.

En su último año de gobierno, Mujica recurrió a los países "amigos" para solicitar apoyo para que Almagro llegara a la OEA. Argentina, Brasil y Estados Unidos, entre otros, hicieron saber al gobierno que recibieron positivamente la postulación de Almagro.

Las gestiones de Mujica dieron sus frutos y el 18 de marzo de este año, Almagro (quien ya había sido electo senador por el MPP) dejó su banca para ser el secretario general de la OEA. Los mujiquistas celebraban la noticia. Almagro agradecía a Mujica y prometía ser un "incansable luchador por la unidad latinoamericana".

La alegría duró poco. Ni bien asumió, Almagro se reunió con el líder opositor venezolano Henrique Capriles y enfureció a los chavistas. Jaua lo tildó de "traidor antivenezolano" y Maduro lo emplazó para que se definiera si estaba del lado del "imperialismo".

El remate fue la demoledora carta de 18 páginas que escribió Almagro condenando la "falta de transparencia" del sistema electoral venezolano.

El desconcierto fue tal que mientras Mujica —desde Colombia— justificaba a Almagro diciendo que no le gustaban los presos políticos "en ninguna parte del mundo", senadores y diputados del MPP mostraban su enojo con el excanciller, que era aplaudido por el ministro de Economía y líder del Frente Líber Seregni Danilo Astori.

El sábado 14, formalmente la dirección del MPP arremetió contra el excanciller al cuestionar su carta por entender que "no contribuye" y "dificulta la convivencia democrática en ese país". A los pocos días, Mujica optó por romper relaciones con Almagro, para preservar los lazos con el chavismo.

"Lamento el rumbo por el que enfilaste y lo sé irreversible, por eso ahora formalmente te digo adiós y me despido", le escribió Mujica a Almagro, consignó el semanario Búsqueda.

En cuestión de ocho meses, Almagro dejó de ser el aliado del chavismo y se convirtió en uno de los principales críticos del gobierno venezolano. Sus excompañeros todavía lo miran atónitos. Algunos simplemente no lo pueden creer, no logran captar las razones del cambio tan brusco de comportamiento. Otros, se animan a especular y hasta sugieren que fue capturado por el "imperialismo". Lo cierto es que la relación entre Mujica y Almagro parece no tener vuelta atrás y lo único seguro es que llegó a su fin.

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