Juan Pedro Mir

"Somos aliados, pero hay cosas no negociables con los sindicatos"

Como maestro dio clases de 1° a 6°. Fue parte del Partido Comunista hasta 2008, cuando se sumó al Frente Líber Seregni. Hoy ocupa el cargo de director general de Educación y se pone sobre sus hombros el peso de cumplir con el programa del FA.

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Foto: Darwin Borrelli

No tiene reparos en decir que para esto el MEC trabajará “codo a codo” con la ANEP, pese a que los sindicatos digan que se viola la “autonomía”. Adelanta que hay cosas que no se negocian y, mientras los gremios piden que se quite el Plan Ceibal del presupuesto de la educación, dice que esa es una discusión “bizarra” y que hay aspectos del Sistema de Cuidados que también van a ser financiados con el presupuesto.

—Tabaré Vázquez prometió que para el final del período el 100% de los jóvenes estarán cursando la educación media y que la aprobación será de un 75%. ¿Se pueden lograr esto?

—Estamos trabajando para eso, afinando los números en el presupuesto para ver de qué manera atendemos a los 45.000 jóvenes de entre 15 y 18 años que están fuera del sistema. El problema más grande es en el interior, donde un cuarto de los muchachos en esa franja no están estudiando. La función nuestra como parte del MEC va a ser plantearle a nuestros compañeros del Frente Amplio en el gobierno la importancia central de la educación: sí al sistema de cuidados, sí a la seguridad pública, pero nada de esto puede hacerse sin educación.

—¿Hay que revisar cómo se gasta en educación?

—Todos los planes en los que participa el MEC —y me refiero a las becas, Compromiso Educativo y Uruguay Estudia, entre otros— van a ser evaluados para ver el nivel de impacto que tuvieron. Cuando se trata de dineros públicos hay que evaluar.

—Los sindicatos adelantan que 6% del PBI no va a alcanzar. ¿Qué opina el MEC?

—Que las cifras sirven para las pancartas. Yo fui sindicalista y escribí muchas pancartas y el juego está en que tengan un efecto puntual; buscan impacto. El programa dice que se va a tender al 6% del PBI y eso es lo que se va a hacer. El ministro de Economía es un gran aliado en el proceso educativo. Pero creo que ganaríamos en madurez si en vez de hablar de porcentajes hablamos de necesidades en función de logros. Es lo que hizo el Fonasa, calculó cuánto le sale a cada prestador cada paciente, y eso es lo que pidió. Capaz que necesitamos más del 6%. Argentina gasta 6,6%; Brasil 4,8%, pero hablan de llegar a 10%.

—Los sindicatos también se quejan de que hay que rever qué entra dentro de ese 6%, por ejemplo pretenden que se saque de allí el Plan Ceibal...

—¿Y la comida que se le da a los niños en las escuelas entra o no entra? ¿Y el sistema de cuidados? Esa es una discusión demasiado bizarra.

—¿El Sistema Nacional de Cuidados debe entrar en el 6%?

—Creo que hay algunos aspectos que este tiene que son netamente educativos: la formación de las personas que van a cuidar, por ejemplo. O, ¿cómo separo cuidado y educación en un niño de 13 meses?

—Este año se hacen las pruebas PISA. Diferentes actores de los gobiernos del FA han advertido que no son un buen mecanismo para evaluar el nivel de los alumnos. ¿Cuál es su opinión sobre este tema?

—Discrepo con aquellos educadores progresistas y comprometidos que critican las pruebas estandarizadas. Ellos dicen que no contextualizan. Un niño de ocho años tiene que saber poner un punto y aparte, no importa dónde nació. Y si su derecho es vulnerado porque está en condiciones de pobreza, como Estado tengo la obligación de facilitarle las herramientas para que tenga la oferta educativa que lo habilite a poner un punto y aparte. Un niño es desnutrido o no es desnutrido, un niño sabe poner un punto y aparte o no. De todas formas creo que no podemos ser políticamente ingenuos. Tenemos las evaluaciones online, las pruebas Terce de la Unesco y también PISA. Los pobres niños y maestros están siendo continuamente evaluados. El desafío es unificar los criterios de evaluación para así poder reelaborar la currícula.

—Los sindicatos piden que no se haga más PISA. ¿Esto se puede negociar?

—Hay cosas que no se negocian. Participar o no de PISA es algo que no se negocia.

—¿Qué es lo que sí se negocia?

—Las condiciones laborales y salariales.

—¿Los programas se negocian con los sindicatos?

—(duda) ...Los trabajadores tienen a través de la Asambleas Técnico Docentes (ATD) incidencia en los programas. Los mecanismos de acción sindical son diferentes.

—¿Los docentes y los sindicatos son lo mismo?

—El gobierno tiene claro que hay distintas dimensiones. Negociar aspectos salariales y laborales solo es posible con los sindicatos organizados. Hay que construir una lógica de articulación con ellos. Pero es cierto, los docentes no son los sindicatos, los docentes son más. Hay que trabajar para que las opiniones que no están expresadas en los sindicatos sean parte del conjunto del sistema.

—¿Cuáles son las transformaciones que se necesitan para este período?

—Necesitamos adecuar el conjunto de estrategias e instituciones que el sistema tiene a las necesidades y demandas que el país, que ha cambiado sustancialmente desde 2005, impone. Todavía tenemos un problema didáctico y curricular importante. Seguimos centrados en contenidos disciplinarios, separados en disciplinas en asignaturas. Acá hay un tema a pensar. Otro punto que nos preocupa mucho es el de los docentes. Las transformaciones educativas tienen el techo de los docentes que hay: la formación, el reconocimiento social, el incremento salarial son cosas que han empezado en estos 10 años del FA y que se deben acentuar. Los muchachos hoy no eligen no estudiar magisterio porque van a ganar 17.000 pesos, no lo hacen por causas más profundas. Enseñar, estar dentro de una escuela o de un liceo, en una sociedad como la nuestra, presenta dificultades que están lejos de estar resueltas. Y pasa en todos los contextos, no solo en los desfavorables. En un colegio de elite en vez de agarrar a una maestra del cuello le hacen una demanda.

—Uno de los cambios que propone el FA, y con el que concuerdan expertos de los otros partidos, es la generación de un ciclo único que vaya de 3 a 14 años. ¿Cómo se pretende instrumentar esto?

—Esto no significa que la escuela vaya a ir hasta noveno grado, sino hacer que en Primaria y Secundaria haya lenguajes similares. Que la matemática que se enseñe en un lado tenga un enfoque didáctico similar a la que se enseña en el otro. El indicador de 40% de repetición de los chiquilines de primero de liceo se puede leer de muchas maneras: para nosotros demuestra que algo venía mal desde educación inicial. Tenemos que trabajar para mejorar esto.

—La directora de Primaria, Irupé Buzzetti, plantea que la repetición exista solo en 3° y 6° de escuela; la de Secundaria, Celsa Puente, invita a pensar en erradicarla. ¿Se debe quitar o limitar la repetición?

—La repetición es un fetiche. Lo que se sabe, sí, es que va atada a la pobreza y al fracaso escolar. Quien repite consuetudinariamente termina saliendo del sistema más rápidamente. Repetir no soluciona los problemas, pero tampoco no repetir. En Guatemala y Honduras no hay repetición, pero nadie puede afirmar que ellos tienen una educación mejor a la nuestra, eso sería una burrada. En Corea tampoco hay, y lo que hacen ellos es evaluar el nivel del chiquilín, y si a este le va mal en primaria va a una secundaria determinada. Le indican qué tipo de estudios va a seguir.

—¿Y es justo eso?

—Es algo que no quiero para nuestro Uruguay. Tengo una hija de nueve años y no quiero que el sistema le diga qué puede estudiar y qué no. Por eso centrar el problema en la repetición es un fetiche. El problema es otro. El problema es de qué manera el sistema reparte los conocimientos y ayuda a una formación integral.

—¿Qué opinión le merecen los colegios públicos de gestión privada?

—Tienen lo positivo de estar haciendo algo diferente. Hay acciones que lejos de criticarlas, las respeto. También creo que tienen una sobreexposición que lo que hacen es poner tanto el problema como la solución allí, cuando el problema está en el 98% restante que no va a liceos de ese tipo. No son generalizables. Son una realidad dentro del marco de la libertad de enseñanza.

—¿Ayudan al sistema?

—Creo que sí. Nunca voy a golpear a este tipo de modelos. No le pego a la enseñanza privada. La educación privada en nuestro país forma capital, forma gente, tiene seriedad.

—Fenapes ha advertido sobre un plan encubierto para privatizar la educación...

—Eso es un disparate. No hay un solo indicador en la actualidad que diga que el gobierno quiere privatizar nada. Al contrario, esta fuerza política no ha dejado de gastar plata en educación. En Uruguay el 80% de la educación es pública, y este gobierno va a ser exitoso si quienes dejaron la escuela pública empiezan a volver a ella. Si se vuelven a encontrar allí el hijo del escribano y el del auxiliar.

—¿Eso es algo que ya no pasa?

—Hay lugares del interior en los que sí. Tiene que volver a pasar en la capital.

—¿Qué tanto tiene el MEC para llevar adelante las transformaciones que promete el gobierno?

—Solo, no tiene ningún poder...

—Apenas se pusieron a hablar del tema salieron los sindicatos a pegarles...

—Sí, nos dicen que queremos violar la autonomía (sonríe). El MEC, tal cual establece la Constitución, tiene la función de coordinar y orientar el sistema educativo. Desde el punto de vista político nadie le puede negar a las autoridades asignadas por el presidente de la República que tenga incidencia en las políticas educativas del país. Y que se sepa que este Ministerio va a tener un rol protagónico en la articulación, en la generación de agenda, y en incidir para que se cumpla con el programa de nuestra fuerza política.

—¿Se acordó para este período que el MEC tuviera mayor incidencia en la ANEP?

—Políticamente estamos construyendo agenda en conjunto. Trabajamos codo a codo, desde lo macro hasta lo otro. También trabajamos con la UdelaR, nos sentamos a conversar con el rector Roberto Markarian, y no por eso viene la FEUU a quejarse de que se esté violando la autonomía. Ojalá logremos que el conjunto de los sindicatos de la educación entiendan que en el Ministerio tienen un aliado. Somos un gobierno de izquierda, parte de una fuerza que defiende la escuela pública, que ha aumentado significativamente los ingresos de los docentes en estos 10 años, que firmó dos convenios salariales... Estamos lejos de ser enemigos de los sindicatos. Pero las condiciones tienen que ser claras. Hay cosas que no se negocian.

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