EDUCACIÓN SIN EVALUACIÓN

Alertan fallas en los programas para abatir repetición y rezago

Ineed advierte que no hay pruebas de su eficacia y alerta falta de presupuesto y personal.

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"Los cambios de los objetivos constituyen el principal escollo". Foto: archivo El País

Un informe del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) señaló que no existen pruebas de que los programas de Primaria y Secundaria —muchos acompañados por otros organismos— para abatir la repetición, el rezago y el abandono, funcionen. Además alertó la falta de personal capacitado y dificultades económicas.

"El panorama actual muestra que se está bastante lejos del uso de evaluaciones de impacto para la toma de decisiones, sea por su ausencia (no se evalúa) o porque cuando existen no logran estimar el beneficio exacto de esa intervención o no logran captar la atención de los tomadores de decisiones a niveles estratégicos", advierte el informe titulado "Panorama de los trabajos educativos", que toma datos de 2012 a 2014, que fue publicado días atrás por el Ineed y al que accedió El País.

En lo que respecta a si los programas cumplen con lo que se plantean, las conclusiones advierten que "el inconveniente es que no es claro que estas propuestas, con objetivos relevantes y coberturas amplias o relativamente extendidas, efectivamente estén cumpliendo con lo que se proponen".

Añade que "sería deseable" la "implementación de evaluaciones de impacto que puedan dar luz sobre los efectos de estas intervenciones". Al tiempo que llama a que cuando se creen nuevos programas se evalúen desde el principio.

El trabajo concluyó que de 17 programas analizados 10 fueron evaluados alguna vez entre 2008 y 2014 (en tres esto se hizo recién en 2014) y solo 8 de ellos cuentan con dispositivos de monitoreo, mientras que 6 tienen evaluación y monitoreo. Por ejemplo el programa "Maestro más maestro" no ha contado con ningún tipo de evaluación. El de alimentación escolar, que llega al 90% de los alumnos matriculados, se fiscalizó tan solo una vez en ese tiempo.

El informe insiste en que "el faltante de información y cuantificación de los beneficios" hace que tampoco se pueda hacer un "análisis costo-beneficio" de los programas. "Es decir —insiste— que no podemos determinar el costo unitario de cada programa en relación a los beneficios que produce".

"Se está bastante lejos de poder medir el impacto de los programas uruguayos", continúa el trabajo, que además lanza la sospecha de que la evaluación no se lleva a cabo o no se toma en cuenta, debido a posibles resultados negativos.

"Esto puede ser porque directamente no se evalúan o porque cuando lo hacen no se logra determinar el beneficio exacto de esa intervención (por el tipo y la metodología de evaluación empleada) o porque sus resultados no son realmente tenidos en cuenta para la toma de decisiones", señala.

Cambio de rumbo.

Los entrevistados para el estudio dicen que uno de los problemas comunes que se suscitan para llevar adelante evaluaciones, es que las diferencias entre la idea base del programa, es decir su diseño, y la implementación, son a veces muy importantes.

Advierten cambios en los objetivos, como en la definición de la población beneficiaria, las modalidades de implementación y la gestión y asignación de los recursos económicos.

"Los cambios de los objetivos constituyen el principal escollo para el desarrollo de una evaluación, debido a que esta última se realiza en referencia a los objetivos propuestos. Transformarlos durante la implementación hace que este parámetro se desdibuje. Si bien las transformaciones realizadas pueden llegar a derivar en efectos positivos sobre la población objetivo, restringen la posibilidad de una valoración adecuada del programa", apunta el Ineed.

El trabajo añade que "de los programas analizados, tres cambiaron en parte sus objetivos (...) Si bien dicha transformación es fácilmente reconocible y se puede, al momento de evaluar, ajustar los cálculos al nuevo universo contemplado, puede derivar en otro tipo de distorsiones de la política".

Explica que "cada programa planifica sus acciones, gestión de recursos y modalidades de implementación a partir de las características y cantidad de la población a la que se pretende atender, así como supone que la teoría y metodología se adaptan a ciertas edades y contextos socioculturales". Y tras esto apunta que "el hecho de que en la marcha cambie el público beneficiario o aumente en cantidad puede traer consecuencias desconocidas".

Costo/Beneficio.

Los responsables de los programas, entrevistados para el informe que generó el Ineed, manifestaron por su parte dificultades en ocho áreas diferentes: recursos humanos, recursos económicos, contrapartes, funcionamiento, administración, difusión, involucramiento familiar y demanda/beneficiarios.

Sobre los recursos humanos, los coordinadores de los programas detectaron dificultades que tienen que ver con la captación de personal calificado, debido tanto a la demanda del mercado, a un tema de territorio —la mayoría de los centros donde funcionan los proyectos están en zonas que padecen dificultades socioeconómicas—, como también por la falta de formación de profesionales.

Una dificultad que se presenta es que para muchos de los programas se necesitan profesores que también participan año a año de la contienda de horas dentro del Consejo de Educación Secundaria (CES). Esta realidad hace difícil contar con equipos estables que se mantengan en las tareas durante lapsos prolongados.

En cuanto a los recursos económicos con los que cuentan, los entrevistados señalaron que muchos de los proyectos funcionan con presupuestos que son insuficientes, algo que tiene consecuencias tanto en el salario de sus colaboradores, como en la posibilidad de expansión de los mismos. También se generan dificultades porque muchos de los programas persiguen el mismo público objetivo.

Informe.

El estudio del Ineed detectó 140 programas distintos de intervención educativa a nivel público. El trabajo analiza puntualmente 17 de estos planes que apuntan hacia la educación obligatoria y son considerados estratégicos para combatir la repetición, el rezago y el abandono de los alumnos, tanto en Primaria como en Secundaria.

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