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Alegría y respiro: La Pedrera retorna a su ritmo habitual

La Pedrera vivió anoche la segunda y última jornada de su carnaval, que congregó a unas 20.000 personas, básicamente uruguayos (de todo el país) y en bastante menor medida de extranjeros, sobresaliendo la presencia de los argentinos y brasileños.

Una de las imágenes que arrojó la primera jornada de diversión, consumo y excesos.
Una de las imágenes que arrojó la primera jornada de diversión, consumo y excesos.
Toneladas de basura compuestas esencialmente por botellas, vasos y envases de espuma.
Toneladas de basura compuestas esencialmente por botellas, vasos y envases de espuma.
Lavando la calle: la tarea se hace después de levantar la basura y barrer.
Lavando la calle: la tarea se hace después de levantar la basura y barrer.
Un trabajo que no es para cualquiera: desagotar los báños portátiles.
Un trabajo que no es para cualquiera: desagotar los báños portátiles.

El operativo montado para darle un marco de seguridad y tranquilidad al carnaval demandó la labor de cientos de policías y funcionarios municipales, que trabajaron en las tareas de prevención, fiscalización, colocación del vallado perimetral y —por sobre todas las cosas— recogiendo las toneladas de basura que quedaron desparramadas en las calles.

Como anticipó a El País el intendente de Rocha, Artigas Barrios, la finalidad del operativo fue "atender el antes y el después". O dicho de otra manera: prevenir, para "curar" después lo menos posible.

Mientras se desarrolla el Carnaval de La Pedrera (hasta el amanecer), no hay funcionarios policiales o municipales visibles en la calle principal del balneario, eje y corazón de la festividad, que late al ritmo acelerado de una masa de jóvenes enardecidos, buena parte de los cuales son menores de edad. La ausencia de policías evita roces e inhibiciones en una noche en la que todo puede pasar, aunque, claro está, la pequeña comisaría de La Pedrera se encuentra sobre la calle principal, frente a la iglesia.

El resultado negativo de la primera jornada del carnaval fue la detención de unas 12 personas, algunas de las cuales tenían en sus poderes celulares robados, y la habitual intoxicación de jóvenes y adolescentes que fueron atendidos por los servicios sanitarios que se dispusieron para la ocasión.

También se hicieron los anunciados test de cannabis a conductores, aunque en escaso número (27), de los cuales dos dieron resultado positivo. El jefe de Relaciones Públicas de Policía Caminera, Daniel Segovia, dijo a El País que cada prueba de marihuana demanda 8 minutos, por lo que no se puede parar "a todo el mundo", porque se trancaría el tránsito en la entrada a La Pedrera.

Los conductores se eligen "a ojo", en general cuando se hacen espirometrías y éstas dan negativo pero la persona muestra un estado alterado. En el caso de las espirometrías, se aplicaron varias multas.

El resto, fueron daños colaterales: toneladas de basura desparramadas, roturas, robos y heridos leves (algunos con cortes por vidrios en el suelo).

Para miles de personas, terminó la diversión y llegó la hora de volver a casa. Para el puñado de vecinos que reside todo el año, se puso fin a un calvario.

Un vecino dijo a El País que le intentaron ingresar dos veces a su casa durante la primera noche, y que lo mismo ocurrió en otras viviendas linderas.

Vecinos consultados por El País exigieron que el carnaval no se haga más por la calle principal del balneario y destacaron la experiencia del We Color Festival, que se realizó el 14 de febrero en un amplio terreno de La Paloma. "Eso es lo que se tiene que hacer con este carnaval, que empezó siendo familiar y terminó en este desastre", opinó una mujer que vive hace 8 años en el balneario.

Un nuevo día.

Como ocurrió ayer, hoy los servicios de limpieza de la Intendencia de Rocha saldrán por la mañana a juntar toneladas de basura (compuesta fundamentalmente por botellas, vasos y envases de espuma en aerosol), barrer y lavar las calles. Ayer, sobre la mañana y el mediodía, las barométricas tuvieron que desagotar los baños químicos que fueron dispuestos en el centro. Y a la tarde, se colocaron otra vez las vallas de protección.

Otro colofón fue el de varios hígados resentidos. Parecería ser condición sine qua non del carnaval de La Pedrera llevar todo el tiempo un vaso o una botella adosado a la mano, como un apéndice natural del cuerpo, hasta que el organismo diga que no va más.

Ayer, mientras algunas familias bajaban a la playa para disfrutar de una espectacular jornada de sol (que no se dio durante el primer día del carnaval), varios jóvenes dormían en la arena, en los espacios verdes y a un lado de la ruta. Algunos porque no tuvieron tiempo o dinero para prever un lugar para pasar la noche, otros porque nunca llegaron a sus casas.

Calle cerrada: varias horas en las que no entran vehículos, ni policías, ni inspectores


Desde temprano, un vallado impedía el ingreso de vehículos a la principal calle de La Pedrera, que muta totalmente a la caída del sol, cuando el eje del festejo empieza a colmarse de gente. Previamente, en la mañana y en la tarde, inspectores municipales recorren viviendas y comercios fiscalizando que todo esté en regla. Por sobre todas las cosas, exigen que no se vendan envases de vidrio, para evitar que el público se lastime, y que los particulares no monten sus improvisadas barras para hacerse su agosto en febrero. Pero poco pueden hacer para cumplir la ley.

Durante todo el horario de la fiesta, hasta que sale el sol, el alcohol se vende en todos lados, a toda hora, en una barra junto a la otra. Tampoco ingresan policías para evitar roces y no hay inspectores visibles, ni la exigencia de un documento de identidad en los puntos de expendio de bebidas. Las edades del público oscilan, en general, de los 15 a los veintipocos años.

De todos modos, las barras de amigos (esencia del carnaval pedrense) en general llegan con sus propios aprovisionamientos. Es frecuente ver personas cargando heladeritas, o con grandes botellas de plástico cortadas a la mitad en las que llevan alcohol para pasar un buen rato. El propósito de los inspectores de que no haya botellas rotas en el suelo tampoco se cumple, ya que la mayoría de las bebidas blancas, con las que se preparan los tragos, vienen en envase de vidrio.

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