FALLO

"Yo actuaría igual", dijo el juez y liberó al preso

Un caso de legítima defensa en el que mató a un primo.

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Victima asediaba a su primo y a su familia amenazándolos con matarlos. Foto. Archivo El País

Un oficial panadero, sin antecedentes penales, estuvo un año y dos meses preso por el homicidio de su primo. La Justicia Penal lo dejó libre luego que la investigación comprobase que el hombre amenazaba a la familia del panadero y disparó varios tiros hacia su casa.

En la sentencia, a la que tuvo acceso El País, el juez penal Gabriel Ohanian señala que, si hubiera estado en el lugar del oficial panadero, hubiera actuado de la misma forma. "Este decisor en la emergencia terrible que enfrentó el acusado habría hecho exactamente lo mismo que aquel", expresó el magistrado penal.

Enseguida agregó que el hecho de que no hubiera anteriores denuncias policiales sobre la conducta hostil del fallecido —sí tenía antecedentes penales por varios delitos— no quita que, durante la investigación judicial y policial, "se encuentra suficientemente probado" el asedio de este y de sus familiares más próximos sobre el panadero procesado y su familia.

"Véase que los ciudadanos optan por no denunciar cuantiosos delitos por la inacción policial, por la pérdida de tiempo o por cualquier otro motivo. No denunciar una amenaza —aunque continua— tampoco es de extrañar", apunta Ohanian.

El magistrado recordó la maldición gitana de la frontera: "Dios te dé un buen vecino". Esa maldición, dijo, viene al caso puesto que la pertinaz conducta de agresividad e intimidación que un individuo puede desplegar sobre los vecinos y familiares es capaz de proveer situaciones como las vividas por el imputado.

"Ciertamente no pretende el oficio judicial justificar la conducta del acusado como si se tratara de un homicidio liberatorio, lo cual al punto es indiferente puesto que, en el exacto momento de su muerte, su primo se encontraba disparando con un arma de fuego hacia la familia del oficial panadero", expresó. Agregó que el occiso era un sujeto pendenciero que no dudó en amenazar a sus familiares con un revólver.

Balazos.

El homicidio reproduce, en grandes líneas, la tragedia lírica italiana de los Capuletos y Montescos. El homicidio, ocurrido en La Teja, tiene una vuelta de tuerca distinta a la original: la víctima y el matador eran primos y convivieron juntos desde la niñez porque los padres de la víctima fallecieron cuando este era muy pequeño, según se desprende del expediente judicial al que tuvo acceso El País.

A las 11 de la mañana del 11 de marzo de 2015, el oficial panadero concurrió a un almacén de La Teja llevando un arma de fuego que su tío le había entregado el día anterior porque había tenido problemas con su primo y vecino. "Me la dio mi tío para que me defendiera porque mi primo había dicho que nos iba a matar a todos", dijo el panadero en la sede.

El acusado regresó del almacén caminando por la calle Yañez Pinzón. Al llegar a la esquina con Inclusa, vio a su primo que discutía con su esposa y con su madre. El panadero también apreció que la discusión ocurría frente a su casa ubicada en la calle Inclusa a la altura del 494. En ella también intervenía la pareja de su primo y su hermana. Las cuatro mujeres comenzaron a agredirse al tiempo que la víctima discutía con su tío. "El fallecido estaba armado y efectuaba disparos al aire. Uno impactó contra el marco de la muerta de entrada del domicilio del acusado", dice la sentencia.

El panadero se acercó a su primo por la espalda. Cuando se encontraba a tres metros, observó que su primo giró. El panadero extrajo su arma y le efectuó tres disparos. El herido y su pareja intentaron esconderse detrás de una columna y contra una pared de una vivienda. Luego cayó al suelo. El panadero se acercó y le tocó un brazo: "¿Cómo estás? ¿Cómo estás?"

El herido no le respondió. "Solo me miró con ojos vidriosos", declaró el acusado ante el juez Ohanian y el fiscal Enrique Rodríguez.

El panadero se encontró con su madre y con su esposa. Cuando se dirigía hacia su domicilio, su tío le pidió que le devolviera el arma. El hombre se acercó a sus sobrino y le efectuó más disparos. Luego huyó. La Policía aún no lo capturó.

El fiscal Rodríguez había pedido siete años de prisión para el panadero en el procesamiento. El juez Ohanian lo absolvió del cargo de homicidio por entender que actuó en defensa propia. Sin embargo, lo condenó a una pena de prisión de 14 meses por un delito de porte y tenencia de arma de fuego en un lugar público. Como ya había cumplido la pena, el magistrado ordenó su excarcelación.

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