Moshe Tatar

"Aburridos o no, es preferible" que los jóvenes estén en clase

El experto israelí en temas educativos sostuvo que el ausentismo escolar está “muy relacionado” con la delincuencia juvenil y sus derivados.

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Moshe Tatar, experto israelí en temas educativos. Foto: Archivo El País

En entrevista con El País dijo que “aburridos o no, es preferible” que los jóvenes reciban todos los años de escolaridad posible. Tatar dará hoy la conferencia titulada “Desafíos de la educación ante la diversidad, organizada por el ministerio de Educación y Cultura y la Asociación Amigos Uruguayos de la Universidad Hebrea de Jerusalen, que será a las 18 horas de hoy en la sede del ministerio, Reconquista 535, piso 9, en la que participarán autoridades de la cartera.

—En el último tiempo se han consolidado algunos indicadores negativos en cuanto a deserción y repetición estudiantil, siendo especialmente preocupantes en Secundario. ¿Qué riesgos corre Uruguay al tener problemas en ese sentido?

—La deserción escolar es uno de los factores que amenazan a la estabilidad de los sistemas escolares y que predice resultados muy negativos para los alumnos y alumnas involucrados y para la sociedad en general. Las investigaciones mencionan algunos factores que explican la deserción escolar: el fracaso académico y los problemas de rendimiento; la situación socioeconómica familiar que muchas veces no permite a los alumnos dedicarse con todos sus recursos a los retos escolares; y a veces se ha propuesto, también, que hay alumnos que no les interesa lo que se ofrece en las escuelas ya sea porque se aburren o porque (tal vez otros) están dominados por una cultura de hedonismo y de recibir placer y gratificación inmediatos con inversión de poco esfuerzo. Los sistemas educativos tienen que hacer esfuerzos enormes para proveer, ya sea educación formal o informal a todos los jóvenes en edad escolar, ya que el absentismo escolar está muy relacionado con la delincuencia juvenil y todos los derivados de ésta. Aburridos o no, es preferible que la mayoría de los jóvenes reciban la mayor cantidad de años de vida escolar.

—Los problemas de la enseñanza se ven especialmente marcados en los sectores más pobres. ¿Cómo se integra a la educación a los jóvenes que no estudian ni trabajan?

—La pobreza es uno de los factores que más afecta la asistencia y el rendimiento escolar. Cuando analizamos los contextos en los cuales la educación se da, enfatizamos exageradamente el papel de los docentes y de las escuelas (factores internos e intrínsecos) y minimizamos, relativamente, los contextos sociales, económicos y culturales. Un alumno hambriento no puede (aunque quiera) dedicar sus energías a estudiar; un alumno que regresa a casa y que las condiciones económicas no le brindan el marco mínimo para poder estudiar o preparar tareas escolares no podrá rendir lo que pudiese en otras condiciones. Hay que acercar aún más a las escuelas a las comunidades, ofreciendo ayuda a los padres (el gobierno a nivel económico y los colegios ofreciéndoles preparación para que puedan ser referencia a sus hijos) y facilitar parte de las condiciones que los jóvenes no tienen en sus casas. Los chicos y chicas tienen que tener experiencias positivas con respecto a la escuela ya que esas son la base de su autoestima académica. Las sociedades no se pueden dar el lujo de desperdiciar el potencial que, por ahí, tienen alumnos que viven en condiciones económicas precarias, ya que si no los convertimos en parte de la riqueza del país, se convertirán al final en un sobrepeso negativo cuyo precio social lo pagarán todos los miembros de la sociedad.

—¿Qué rol tienen los centros educativos y los docentes ante una educación en "crisis"?

—Los roles son multidimensionales: por un lado, seguir aportando y marcando los valores centrales de la sociedad, ya que los centros educativos deben siempre indicar (como una brújula) qué es lo importante en una sociedad en crisis. Por otro lado, todo el sistema educativo tiene que adaptarse a los nuevos retos que llegan de la tecnología y de las nuevas experiencias de los alumnos. Este protagonismo doble (el ideológico de los valores y el instrumental de los medios educativos y pedagógicos para acercar al alumnado a lograr los objetivos que estos valores sugieren) es complejo pero posible. Tenemos que seguir en todos los sistemas educativos de tratar de atraer a los mejores candidatos y candidatas para que hagan la carrera de la docencia ya que los retos son cada vez mas complejos y aun complicados. Yo creo que los docentes son la llave para mantener los valores sociales y culturales en una sociedad y son el eje primordial para acompañar a los alumnos en su preparación para el futuro.

—Uruguay atraviesa un duro conflicto en la educación pública. ¿Este tipo de situaciones afecta la calidad de la educación?

—En toda sociedad la educación recibe una valoración dual: por un lado, es importantísimo lo que se hace o no se hace en educación pero por el otro muchas veces vemos que los sueldos y las condiciones de trabajo de la mayoría de los docentes no atraen a los que nos gustaría que se dediquen a educar a nuestros hijos. Los conflictos son casi automáticos e inminentes. Sin entrar en los detalles de la situación uruguaya (ya que es una realidad que no conozco) quisiera solo hacer recordar a todos, que el futuro de una sociedad depende de la calidad de su sistema educativo, y que la mayor calidad de vida se encuentra en lugares donde la educación recibe la mayor cantidad de recursos e inversiones. Invertir adecuadamente en educación, en docentes y en condiciones buenas para que se faciliten la enseñanza y el aprendizaje en forma efectiva es la llave para una sociedad donde el bienestar individual y el bienestar público se acercan entre ellos, dependen uno de otro y se refuerzan recíprocamente.

—¿Habla de "adolescentes digitales" y de "padres y maestros analógicos", eso implica que la educación no interpreta a su alumnado actual?

—Me parece que a veces la educación no interpreta correctamente a su alumnado (o por lo menos a parte de él) porque piensa que esta generación digital es diferente a la de los adultos (maestros y padres) solamente a nivel tecnológico. En mi opinión la brecha es mucho más profunda ya que los valores de estas dos culturas (la analógica y la digital) son muy diferentes. Los jóvenes necesitan ahora e inmediatamente, recibir el refuerzo (el smile), la comunicación y las respuestas, las tecnologías les ha permitido creer que los adultos son irrelevantes y que todas las respuestas se encuentran en su celular (conocimientos, amistades y autoestima). La tecnología conlleva cambios de valores culturales. No pensemos que la vida de ellos ahora es necesariamente más fácil, muchas veces es más complicada. Tenemos que estar alertas a las nuevas condiciones y experiencias, respetarlas y buscar nuestra relevancia (que la hay).

—¿Hay que actualizar la oferta? ¿Una educación más técnica y menos académica?

—La oferta educativa tiene que adaptarse a las nuevas condiciones de vida y al tipo de experiencias de los alumnos. Los medios tienen que adoptar las nuevas tecnologías pero los valores no tienen que cambiar en forma extrema. Hay que buscar cómo transmitir lo que la sociedad piensa que es importante a través de los nuevos medios de comunicación y enseñanza. Lo técnico y lo instrumental es básico pero no contradicen lo académico, no son polos opuestos. Yo realmente pienso que no hay nada más práctico que una buena teoría!! Ya que una buena teoría (¡y no hay tantas buenas!) va a permitir derivar de ella aplicaciones e implicaciones relevantes a los contextos específicos.

Experto y consultor

Tatar es experto en Educación. Desde 2013 es miembro del Comité Científico del Primer Congreso Internacional en Intervenciones Sociales y Educativas con grupos vulnerables. Y desde 2011 es también miembro del Comité Académico de la conferencia Anual de la Asociación Israelí de Asesores Educativos. El experto tiene un Ph D en Sicología en la Universidad Hebrea de Jerusalen, donde dirige la Facultad de Educación. Desde el año 2010 Tatar es académico invitado en la Academia Hebrea Americana, ubicada en Greensboro, North Carolina, Estados Unidos, y también en la Facultad de Sicología de la Universidad de Almería, España.

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