La Columna de Pepepreguntón

Abombao

El expresidente José Mujica no para. Al menos no para en el Uruguay. De viaje en viaje, de conferencia en foro, el primer senador itinerante de la historia dirige su sector político a distancia, mientras visita países donde miles le reciben como si se tratara del quinto integrante de los Rolling Stones, y le aclaman y veneran como si hubiera hecho alguna vez alguna cosa digna de ser de tal forma reconocida.

Mujica ha pisado poco y nada el Senado. Miles y miles lo eligieron para que les representara en la Cámara Alta, pero sus planes son otros. Ya ha dicho que el año que viene abandonará su banca. Cualquiera diría que ya la abandonó hace rato. Es que lo suyo no es el trabajo parlamentario, sino filosofar. Y opinar. Sobre todo. Y sobre todos. No es un hacedor, sino más bien un opinador.

Es ese constante ir y venir (aunque en realidad viene poco, cada vez menos), Mujica estuvo días atrás en Colombia, para participar en la VII Conferencia Latinoamerica y Caribeña de Ciencias Sociales. Es que tinglados no faltan cuando de filosofar se trata.

En ese foro, el exmandatario dijo que "cada pueblo debe arreglar sus problemas" y rechazó la injerencia en los asuntos de otros Estados. "Cuando nos metemos de afuera, lo único que hacemos es agravar los problemas", sostuvo.

¿Olvidó Mujica acaso su apoyo político permanente a Hugo Chávez y a Nicolás Maduro en cada circunstancia en que ambos acallaron a quienes pensaban diferente? ¿Habrá que recordarle hasta qué punto, cada vez que estos dos personajes lo necesitaron para expresar un respaldo internacional a sus tropelías, él estuvo allí con ellos, compartiendo incluso tribunas políticas durante más de una campaña electoral?

¿Tomar partido por una opción de un tercer país no es para Mujica una injerencia política? ¿No fue acaso una injerencia su apoyo manifiesto a Daniel Scioli en la reciente primera vuelta de las elecciones argentinas? ¿Y su respaldo a una de las corrientes que compitió hace algunas semanas en las legislativas turcas? ¿Y su presencia, junto a Dilma y Lula, en medio de los escándalos de corrupción en Brasil? En Colombia, entrevistado por la Cadena Caracol, Mujica dijo que no le gustan los presos políticos "en ninguna parte de la Tierra". ¿Tampoco en Venezuela? ¿Tampoco en Cuba, señor? ¿Por qué admite que le duelen los presos políticos en Turquía, pero calla cuando se trata de regímenes amigos, que encarcelan opositores a la vista y paciencia de nuestro expresidente y de mayoría absoluta de la coalición que integra?

¿Cómo puede Mujica, sin ponerse siquiera colorado, afirmar que está en contra de las reelecciones, pero admitir que hace una excepción con los casos de Venezuela, Ecuador y Bolivia porque a sus mandatarios, con vocación nunca ocultada de monarcas eternos, "no les ha dado el tiempo para cumplir con sus objetivos"? Este es el hombre que durante cinco años gobernó el Uruguay. El que hoy tiene más votos. Y el que ya está pensando en volver a disputar el poder en 2019. No entenderlo es ser un perfecto "abombao". [email protected]

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