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  "Whisky"
   

LA IRRUPCIÓN DE "WHISKY", UN JALÓN HISTÓRICO

La bebida nacional

Según muchos marca la llegada del cine uruguayo a una etapa competitiva y de calidad, a la par de las otras artes regionales.


Y finalmente llegó el gran día. El viernes, lo que muchos consideran la primera película de la madurez del cine uruguayo, se inauguró simultáneamente en seis salas incluida una en el interior. Las bocas de salida del segundo opus de la dupla Rebella-Stoll fueron salas del Movie Center y de la cadena Hoyts, entre ellas Alfabeta. Cierran el ciclo la oferta céntrica en el Cine Ejido y otra en Punta del Este. Se generó un grado de expectativa muy grande en torno a "Whisky", en parte porque en el principio de la historia estuvo "25 Watts", un zarpazo que reveló el talento de sus dos jóvenes directores, en parte por los logros inusuales que obtuvieron en el Festival de Cannes, donde una película de uruguayos desconocidos obtuvo dos premios importantes del festival más famoso, y con más glamour (un ingrediente en primera instancia inaccesible para los uruguayos) del mundo. Y sobre todo por la sospecha que se está ante un film de pantalones largos que apartará al país, por fin, de esa situación de minusvalidez en que se situaba frente a cualquier película uruguaya: ¿debía medirla con la misma vara de exigencia que utiliza para los productos extranjeros o tenía que embanderar una especie de consolidación solidaria y ser más uruguayo que cinéfilo?

Esa molestia tácita estuvo siempre yacente en la historia anterior del cine uruguayo, lenta, trabajosa, de éxitos escasos. Con sus excepciones, pero nunca del todo. De pronto la película de Alvaro Buela fue la primera demostración explícita del crecimiento del cine nacional. ¿Pero lo fue del todo?

Evidenció niveles de sensibilidad que causaron sorpresa. Pero hasta ese momento seguía la polémica, interna, no declarada, sobre si había que usar dos varas para medir los productos del cine, menos dura y menos cruel la destinada a los artículos vernáculos. Hay que reconocer el olfato de Beatriz Flores Silva para elegir sus temas (pero la uruguayez en su caso es tan palpable que sólo se le puede ver desde el ser uruguayo) y registrar el impacto emocional que cosecharon "Corazón de fuego" y "Viaje hacia el mar", tan cercanos a ciertos sectores de la orientalidad, además de apuntalarse uno de ellos en un cuento de Juan José Morosoli, que el estremecimiento emocional era portado junto con la entrada. Venía preparado de antemano y después se lo consolidaba. Mención aparte merece "Aparte", de Mario Handler, que escapó por cierto a ese tipo de medición pero se hizo desde ciertos umbrales técnicos no del todo ajustados al cine comercial. "Aparte" no era comercial, es obvio, pero funcionó dentro de su circuito.

Actores provenientes del exterior, mayormente argentinos, fueron algunos de los instrumentos para aumentar el eco en la proyección de películas uruguayas. Lo hacen todos aunque muchas veces la elección no sea la ideal. Flores Silva le agregó a su última película el aditamento de una historia periodística escandalosa y reciente, resuelta a la uruguaya. ¿El lanzamiento de "Whisky" está acorde al cúmulo de esperanzas que ha originado? No es el caso de "Troya", por cierto que acumuló millones de dólares en torno a la figura vendedora de Brad Pitt, que estaba algo decaído, no del todo, y lo reflotaron de vuelta: un cuarentón rubio y producido (los actores de las telenovelas venezolanas se producen más, es cierto) que mantiene en alto el símbolo whasp de Hollywood. Retroalimentado por el fenómeno "Friends" en donde se hizo notoria su mujer: dos famosos son mejor que uno. "Troya" es marketing puro.

PURA CALIDAD

¿Cuántas salas podía pretextar el bautismo oficial de "Whisky"? No muchas más de las que se utilizaron, aunque de pronto algún par extra. Las películas nacionales que obtuvieron buena resonancia lo hicieron desde rampas similares. "25 Watts" se presentó en cuatro salas y una del interior. Lo que realmente fue una sorpresa porque el mito Rebella-Stoll era un dato inédito, a nivel local, entonces. En forma silenciosa, con la fuerza del boca a boca y el rumor que desde "I Vitelloni" no existía una crónica tan ajustada sobre el tedio y la desesperanza juveniles, "25 Watts" se tornó visible y la vieron 42.000 espectadores en 10 semanas. Una cifra considerablemente menor a los que después la señalaron como un hito inexcusable del cine nacional. Pero eso pasa con todas las películas. Están los que la ven. Los que repiten lo que oyeron. Los que reconocen la fuerza de un hecho cultural importante. Los que esperan una segunda oportunidad.

De Brad Pitt, se dice ahora que tiene problemas de química con su actual compañera de rodaje en la continuación de "Ocean Eleven", un mamarracho que en su momento exhibió actores, comediantes y cantantes remunerados por Peter Lawford para rodear a su cuñado John Kennedy. La rápida muerte de Kennedy dejó al clan sin su principal apoyo, aunque las relaciones de Sinatra con la Mafia ya habían motivado los primeros roces, y debió sostenerse en torno a la fuerza estelar de quienes lo conformaban. Subsistieron mayormente en Las Vegas, pero la primera versión de "Ocean Eleven" fue un fiasco. Lo mismo que la segunda. Y ahora insisten con la continuación e inventaron que Brad Pitt tiene problemas de piel con Zeta Jones, lo cual es un dislate, tan falso y ridículo que se lo repite de entrada como un chisme falso. Se supone que no hay mujer que se le resista a Pitt, eso iría contra su imagen. Y Zeta Jones está en un estado de exuberancia tal que el único problema químico que puede generar es que en su entorno el aire se encienda como napalm. Pero la próxima película de Pitt no será tan exitosa como "Troya" porque los baches sirven para retroalimentar el cine.

CASI INTIMA

Como contrapartida la segunda obra de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll se hizo casi en el secreto. Se sabía el respaldo de Sundance, que había detrás capitales alemanes y japoneses, que se trataba de una historia de gente mayor en una clara demostración que los directores querían escapar a la acusación de ocuparse sólo del existencialismo juvenil, que se habían hecho varias pruebas de cast, que entre los elegidos figuraban actores conocidos, uno de ellos, un pilar del teatro nacional, y una actriz sin carrera que sólo había hecho comerciales y poca cosa más, que el rodaje se había hecho entre Montevideo y Piriápolis. Y que, cosa extraña, no figuraban ni Luppi, que está en todos lados como Dios, ni ningún otro actor exportado.

Luego se fueron conociendo otros datos. La historia se centraba en dos hermanos de ascendencia judía que se reúnen a la muerte de la madre para cavilar en torno a lo que se grabará en una lápida de mármol e instalarse en el cementerio de La Paz. Un hermano vive en Brasil (Bolani) y el otro, Andrés Pazos, es el que siguió en el Uruguay y que se hizo cargo de la madre. El tercer pilar de la historia es Mirella Pascual que hace de empleada de la fábrica de los hermanos Köller. Aparecen también unos personajes menores, entre ellos, Daniel Hendler como Martín, un actor fotogénico y carismático que "25 Watts" lanzó rápidamente a una carrera estelar, de base porteña, con un premio protagónico en el último Festival de Berlín.

¿Cómo eligieron los directores la historia? El dúo visitó una fábrica de medias que tienen en la realidad los padres de Fernando Epstein, el editor y también productor de la empresa, quedaron prendidos con la atmósfera y eso puso en funcionamiento el disparador. Se pusieron en contacto con Gonzalo Delgado Galiana y entre los tres armaron la historia. Mirella Pascual había trabajado con ellos en un comercial televisivo y es un extraño ejemplo de fotogenia no porque fotografíe estéticamente como Kim Novak, que era una belleza creada por la cámara, sino porque trasmite como potenciado el arsenal expresivo de la emotividad. Andrés Pazos viajó de España para hacerse cargo de su papel de Jacobo Köller, después de aprobar el cast. Jorge Bolani debió hacerse cargo del rol de Herman Köller aunque le hubiera gustado asumir el del hermano, un dato habitual en la historia del cine y del teatro.

Los actores vieron la película por primera vez el 19 de mayo a las 2 de la tarde en la Sala Claude Debussy dentro de la alfombra azul del Festival de Cannes. Amontonados, abrigados de más, sepultados debajo de los sacos que se habían ido sacando Bolani y Pascual —problemas de carácter personal retuvieron a Pazos en Montevideo— se enfrentaron a las escenas montadas que habían filmado y a la que un técnico argentino le había ajustado el sonido. El film estaba doblado al francés y al inglés simultáneamente.

En el grupo del estreno estaban los dos directores, el productor y editor, el coguionista y la directora de fotografía Bárbara Alvarez.

El episodio ha sido ya contado varias veces. Entre los nervios, los sonidos que a la fuerza se producen dentro de una sala de cine, la interpretación contradictoria que se da a distintas señales, los uruguayos, pese a que abundaron las risas y las exclamaciones de aprobación, pero también las lágrimas, no supieron que la película era un éxito hasta que el cine estalló en largos, emotivos aplausos. El resto se sabe, debieron saludar al público, un reflector los encandiló y entonces sí empezaron a disfrutar las mieles del certamen.

Jorge Bolani sintió el impulso de ver la película de nuevo, solo, al otro día y ahí la pudo disfrutar. El resto es historia conocida. La primera comunicación periodística informó que "Whisky" era una película argentina. Luego vino rápida la aclaración. Sin antecedentes, sin tutores ni padrinos la película uruguaya ganó dos premios. El de la Federación Internacional de la Crítica, el Fipresci, por unanimidad; y uno de los dos premios que acompañan al Premio Mayor de la sección "Un certain regard" donde compitieron filmes de Abbas Kiarostami, Yang Chao, Atiq Rahimi, Benoit Jacquot, Ousmane Sembéne, Laure Duthilleul, Nimrod Antal, Sebastián Cordero, Sergio Castellitto, Jessica Hausner, Niels Mueller, Shona Auerbach, Cate Thortland, Angel Shanelec, Joáo Canijo, Jean-Pierre Améris, Kim Eui-Suk y Guka Omarova. Los otros premiados fueron títulos de un senegalés que registró en una historia el horror tribal de la ablación del clítoris y otra de un egipcio.

Cannes lució, lujosa, brillante, tan elegante y tan formal como en los tiempos en que Briggitte Bardot era una adolescente que caminaba por la famosa rambla como una bomba sexy a cuyo alrededor se arremolinaban los fotógrafos, gente perspicaz, capáz de apreciar el valor mercantil y noticioso de unas curvas inéditas. Así recibió a los uruguayos. Con sorpresas extras para uno de los integrantes. Bolani celebró allí su cumpleaños, se cruzó con Nick Nolte, vio a Thurman de lejos, tropezó con Michael Moore, el ganador de la Palma de Oro. En ese momento se convirtió sin proponérselo en un fan típico y saco una bic de su saco para pedirle un autógrafo. No se lo dieron. Flanqueado por sus escoltas Moore siguió de largo aunque luego uno de los guardas se dio vuelta y le pidió perdón en su nombre: He’s tired, sorry", dijo, mientras tomaba el camino del Carlton, un hotel para millonarios. Como corresponde los uruguayos habían alquilado un módico apartamento y allí festejaron. Aunque el gran festejo tendría que empezar ahora. "Whisky" necesita del apoyo del público uruguayo para salir adelante. ¿Cuántos? Más de 100.000 desde luego. Pero esa cifra la obtuvo sin esfuerzo "Shrek 2". ¿Cuántas personas irán a ver lo que es la mejor película de la historia uruguaya? Un país que defiende la cultura y apuesta a una identidad nacional debería batir todos los récords en este sentido. ¿O ganará Shrek y seremos una sociedad banal?

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