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Jorge Bolani Bajo la luz de
una linterna mágica Gustavo Laborde Jorge Bolani está bajo los efectos de Whisky. Recién llegado del Festival de Cannes donde la película uruguaya dirigida por Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella obtuvo dos importantes premios, el actor que por primera vez tiene un protagónico en cine emana una felicidad que su bajo perfil y gestualidad mínima no logran ocultar. "Fue muy raro", dice por toda explicación. Bolani confiesa que hay varias cosas que el impacto de la situación le impidió registrar, pero conoce con precisión el momento en que se inició el sueño. "Fue a las 2 de la tarde del 19 de mayo", recuerda. "Esa fecha pasó a ser una fecha histórica para nuestras vidas y nuestras carreras", dice. Ese día se estrenó, nada menos que en el festival más prestigioso del mundo, la película uruguaya Whisky. A la ceremonia asistieron los directores Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella, el co guionista y director de arte Gonzalo Delgado, el productor Fernando Epstein, la directora de fotografía Bárbara Alvarez y los actores Mirella Pascual y Jorge Bolani. El film se exhibió en la sección "Una cierta mirada" y recibió dos premios: fue escogida como mejor película por la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (léase crítica) y obtuvo el segundo premio de su sección. "Desde el principio todo fue muy raro", dice Bolani. "Cuando entramos con la delegación a la sala donde se iba a exhibir nos recibió un enjambre de fotógrafos y cámaras que no dejaban de dispararnos flashes. No estamos acostumbrados a eso, pero la verdad que es una sensación muy linda, es muy gratificante", comenta el actor. "Luego Juan Pablo Rebella se dirige al público, en inglés, y se da el lujo de hacer un chiste que encerraba una verdad. Cuenta que están nerviosos no sólo porque van a exhibir la película frente a ellos sino porque también hay dos actores que nunca la vieron y no saben si nos iba a gustar, y que eso los tiene muy preocupados. Se ganó el público con ese chiste, pero era verdad: ni Mirella ni yo la habíamos visto", dice Bolani. "No puedo negar que el momento en que se apagaron las luces fue muy fuerte, una mezcla de sorpresa, de satisfacción, de curiosidad y de tensión, que nunca decayó", agrega. Al finalizar la proyección las luces cenitales se encendieron sobre la delegación uruguaya y la sala estalló en un largo aplauso. "Sentí que aplaudían no por compromiso, sino porque realmente les gustó. Ellos entendieron rápidamente los códigos, se emocionaron en los momentos en que había que emocionarse y se rieron en los momentos de humor. El contacto fue inmediato", dice el actor. Bolani volvió a verla al día siguiente, en una sala pequeña y sin los nervios de la ceremonia de estreno. "Allí la pude disfrutar bien, y pude volver a comprobar que es una muy buena película. Y me di cuenta de otras cosas, como que estaba hecha con mucha cámara fija, cosa que en el rodaje no lo percibí. La película parece un cuento en el que van pasando las páginas. Entonces entendí por qué ellos insistían tanto en los cuentos infantiles y en las fábulas y por qué hablaban de un comic que cuenta las aventuras de Jimmy Corrigan, el chico más inteligente del mundo. Me di cuenta que ellos tenían muy claro lo que querían contar desde el principio. Sinceramente, no tengo ninguna modestia en decir que es una película brutal". Bolani no oculta su admiración para el equipo completo de Whisky y en particular hacia sus directores Stoll y Rebella y el productor Epstein. "Aún hoy me sigo sorprendiendo de que gente que no llega a los 30 años tenga tan claro que lo que quiere contar lo cuentan con imágenes y desde los detalles. Cuando aparece el humor lo hace en la dosis justa. Tiene una gran factura cinematográfica y un tratamiento muy especial del color. Y la gente captó eso. Y la crítica también, porque uno de los jurados del festival, Howard Feinstein, del New Yorker, nos dijo que habían demorado 10 segundos en ponerse de acuerdo. La Fipresci le dio el premio a Whisky por unanimidad", señala, sin ocultar su orgullo. PERSONAJES. Los directores han dicho que al momento del casting ya sabían que querían a Jorge Bolani. Sin embargo, el actor pasó por dos instancias de casting. "El primero, lo recuerdo bien, duró una hora y media. Me dieron para hacer los dos protagónicos. Traté de hacer, por supuesto, lo mejor posible los dos, pero sé que le puse más concentración y esmero a uno. Yo me enamoré del personaje de Jacobo, que es el personaje para el que no me eligieron", cuenta entre risas. Bicho de teatro por excelencia, Bolani se había enfrentado a las cámaras tanto en televisión como en cine (tuvo una breve aparición en Corazón de fuego), pero esta es la primera vez que asume un protagónico. "Siempre me habían dicho, incluso mi maestro Jorge Curi, que yo tenía un estilo de actuar que podía ser muy útil para el cine. Pero cuando empecé, hace 30 años, nunca se me había pasado por la cabeza hacer una película, porque acá no se hacía cine. Pero cuando algo te lo dicen muchas veces, bueno, por algo debe ser". Los directores en especial Rebella, quien se ocupó más de la dirección de actores más que marcarles lo que querían, le señalaban lo que no querían. "Hablamos bastante sobre los personajes, hicimos lo que en teatro se llama lectura de mesa y se buscó mucho trabajar en la pareja de hermanos. Pero también ensayamos mucho. Nos pidieron que nos alejáramos de la sobre expresión tanto en lo gestual como en la emisión de la voz. Pero ellos tienen una rara habilidad, propia de los talentosos, que te exigen dándote a la vez un margen de libertad". Para Bolani, Whisky tiene un tono, que si se tuviera que poner en términos teatrales, diría que es chejoviana. "Es un guión muy preciso. Es una película que muestra lo imprescindible. El espectador debe completar con su interpretación aquellas zonas que los autores no explican. Las dudas o las certezas se las pasan al espectador. Es una película hecha como en cuenta gotas, que es algo que me gusta en todo el arte. Pero sobre todo, es una película en la que los silencios son más elocuentes que las palabras. Y esta película, que plantea un juego de apariencias, como uruguayos, nos pone en alerta".
Esta es la primer obra que el autor de Seda escribió para teatro. La redactó para un amigo actor y un director de teatro con el objetivo de que ellos la contaran, ya como un cuento, ya como una obra escenificada. La pieza cuenta la historia de un hombre que es abandonado, siendo bebé, en un transatlántico. Es encontrado por un marinero el 1 de enero de 1900, por lo que lo bautiza Novecento. El niño crece en el barco, escuchando a la orquesta que ameniza las fiestas de los pasajeros. Un buen día se acerca al piano y comienza a tocarlo maravillosamente bien. Según dice el autor, este pianista, toca una música nunca antes oída cuyo encanto cesa en el momento en el que el pianista deja de tocarla. El pianista, tiene otra particularidad: nunca bajó del barco. La fama de Novecento llega hasta un gran pianista que lo desafía para saber cuál de los dos es el mejor. La versión de Alfredo Goldestein va en el teatro Circular sábados a las 21 y domingos a las 19. |
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