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TAREA | EL PRÓXIMO GOBIERNO TIENE POR DELANTE LA OBLIGACIÓN DE CONSEGUIR QUE LA MEJORA ECONÓMICA TRAS LA DEBACLE LLEGUE A TODA LA SOCIEDAD El desafío de consolidar la recuperación Quien asuma el poder en marzo deberá afimar la recuperación y alcanzar mayor
El próximo gobierno recibirá una economía en expansión pero con indicadores sociales que han sufrido severos retrocesos. La mejora todavía no consigue impactar a nivel general de la población y quien asuma el poder, el próximo 1 de marzo, tendrá ante sí la formidable tarea de consolidar la recuperación pero también de alcanzar mayores niveles de equidad al interior de la sociedad uruguaya. Jorge Batlle entregará el gobierno de un país que en 2004 habrá crecido 11%, que habrá alcanzado un superávit primario antes del pago de interesesde 4% y exportaciones récord de U$S 3.000 millones. La contracara de esas cifras son un desempleo de 13,5%, ingresos en tímida recuperación después de una estrepitosa caída que los llevaron a valores inferiores a los de 1987, niveles de pobreza que se duplicaron respecto del comienzo del mandato pasando de 408 mil personas en 1999 a 850 mil el año pasado y una deuda pública cuyo pago impondrá severas restricciones de gasto a las futuras autoridades. Tanto analistas locales como extranjeros coinciden en opinar que el margen de acción del próximo gobierno es acotado, dado el alto endeudamiento mencionado y la necesidad de acordar el mantenimiento de la asistencia de los organismos internacionales. Ante esta realidad hay dos instancias que deberán ser abordadas al comienzo de la nueva administración que serán cruciales para marcar el rumbo del resto del mandato: La negociación con las agencias multilaterales de crédito Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Banco Mundial (BM) y la discusión del presupuesto quinquenal. Con los organismos habrá que buscar acuerdos que mantengan flujos de financiamiento que permitan atender el pago de la deuda cuyo nivel sobre el producto más que duplica el que recibió la actual administración sin comprometer el crecimiento, y la disponibilidad de fondos para programas sociales y de infraestructura. El presupuesto, en tanto, determinará en qué y cuánto gastarán las futuras autoridades. Para los economistas el diseño del próximo presupuesto será la "prueba del nueve" de la gestión del sucesor de Jorge Batlle. Mediante este instrumento cada gobierno que asume determina la asignación de recursos y la orientación de políticas. En esta oportunidad dicha tarea asume una vital importancia, debido a que quien alcance el poder intentará modificar radicalmente la forma de gastar desde el Estado. Temas como la consolidación del sistema financiero y la viabilización de la vuelta del crédito también tendrán un peso significativo en la agenda de los primeros meses del próximo gobierno. Es que para poder hacer frente al aumento de lo producción asociado a la expansión económica sólo por el efecto arrastre el producto crecería 5% en 2005 las empresas deberán asegurarse un flujo de recursos externos a ellas que hoy no está disponible. De ello dependerá, en buena medida, que lleguen a buen puerto los intentos por generar empleos de calidad. Las definiciones de política cambiaria tampoco serán menores. El tipo de cambio deberá asegurar la competitividad de los productos uruguayos frente a los principales mercados compradores, pero este no puede ser demasiado elevado para poder mantener la inflación a raya, principal mecanismo de preservación de los menguados ingresos de la población. |
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