JUEGOS OLIMPICOS. Con un paso veloz y una excelente planificación, el ciclista Milton Wynants protagonizó una hazaña: logró el segundo puesto en la prueba por puntos

HEROE
Tras 52 años sin que Uruguay lograra una medalla de plata y 36 desde que ganó la última de bronce, cambió la historia.

18-1 AP

FENOMENO. Recién finalizó la prueba por puntos y el sanducero Milton Wynants festeja su gran actuación: medalla de plata

ENVIADO EDWARD PIÑON

SYDNEY

Con el temple de los verdaderos héroes, la inteligencia de los grandes estrategas y la fuerza de un cañón, Milton Wynants dejó surcos en el velódromo y escribió una de las páginas más gloriosa del deporte uruguayo en la historia de los Juegos Olímpicos desde el año 1948 a la fecha.

Luego de 52 años de espera, 52 años sin que Uruguay consiguiera una presea de plata (36 años sin ganar medalla de ningún tipo), Wynants dio una lección de entereza, valentía, enorme poder físico y mental, para lograr el objetivo que se había trazado luego de su notable actuación en Atlanta 1996.

Su actuación alcanzó ribetes de formidable prácticamente desde el inicio de una prueba que constó de 16 embalajes (cada uno se concretó en la última de las diez vueltas), dado que de entrada se colocó en el segundo lugar y más tarde ganó el tercer sprint.

Con un paso veloz, potente y con la enorme confianza en la estrategia que había montado, determinada al cabo de la experiencia recogida en varias carreras de la misma disciplina, Wynants consiguió mantenerse atento, casi en la totalidad de la prueba, en la punta del pelotón de 23 ciclistas.

La seguridad que tuvo en los desplazamientos, más el certero aprovechamiento de las energías, le posibilitaron conservar hasta el sexto embalaje la condición de puntero. En las siguientes vueltas, la primera posición pasó a ser ocupada por el británico Jonny Clay, mientras que Wynants quedó segundo.

El peor momento vino cuando el español Juan Llaneras, el ruso Alexey Markov y el coreano Ho-Sung Cho se despegaron del pelotón y empezaron a sacar una diferencia que terminó siendo de una vuelta.

Allí pareció que los tres punteros iban a repartirse las medallas, si es que conservaban su potente andar. Sin embargo, el sanducero demostró que no estaba para nada dispuesto a dejar que le arrebataran de las manos el sueño que había acunado durante cuatro años.

Entonces, utilizando la inteligencia, conversó con el español Llaneras, a la postre el campeón olímpico, y lanzó un feroz ataque que le posibilitó recuperar la vuelta frente al coreano y el ruso. Asimismo, esa recuperación también lo dejó en mejores condiciones que el resto, dado que ninguno de los otros pudo seguirle la marcha.

En el undécimo sprint, entonces, el uruguayo seguía subiendo al podio. A partir de ese momento, puso en práctica un plan de cuidado de sus unidades y salvaguardia de respuesta física para los últimos dos embalajes.

La táctica le estaba resultado netamente positiva, hasta que el coreano Ho-Sung Cho salió decidido a jugarse el todo por el todo. Dos buenas puntuaciones del propio coreano en los embalajes decimocuarto y en el decimoquinto alejaron aún más de la medalla a Wynants. Pero faltaba lo mejor para poder tildar de hazaña la gesta lograda por el uruguayo.

En el último y decisivo sprint (en el que se puntuaba doble), Wynants arremetió con todo y se le pegó a Kam Po Wong, mientras que el coreano Cho pagó tributo al esfuerzo realizado en los últimos embalajes y terminó a la cola del pelotón.

En una acción memorable, jugado al todo o nada, Wynants "enceró" la pista con su increíble paso. Así, merced a ese trabajo de corazón, sabiduría y mucha polenta, el uruguayo consiguió sumar las seis unidades que estaban en juego para el segundo lugar del último sprint y así pegó el gran salto en la clasificación.

Con los seis puntos, Wynants le pasó por arriba al coreano y también al ruso, ganando entonces una merecida medalla de plata.

 

El uruguayo desechó una gran oferta

SYDNEY I E. P

Después de dar tres vueltas de honor con la bandera uruguaya en sus manos, de recibir la ovación de todo el público que asistió al velódromo, de ser felicitado por la totalidad de la delegación argentina presente en la carrera, Milton Wynants se dirigió hacia la tribuna principal del escenario deportivo para compartir su felicidad con los uruguayos que concurrieron a alentarlo al velódromo y que disfrutaron como locos.

La bicicleta quedó colgada de una baranda y los uruguayos no perdieron tiempo.

Los mismos charrúas que colocaron dos enormes banderas (una de Uruguay y la otra de Nacional), se abalanzaron sobre Wynants para obtener un autógrafo o registrar el gran momento olímpico con una fotografía.

OFERTA.
Hacia ese sector se dirigió luego de unos minutos el presidente del Comité Olímpico Uruguayo. Ahí mismo le ofreció permanecer en Sydney hasta la ceremonia de clausura, en lugar de viajar el 28 de setiembre, para desfilar como abanderado del equipo. La oferta incluyó el traslado y la estadía de su señora esposa en Australia, pero el deportista pretende regresar lo antes posible a Uruguay para estar junto a su familia.

Empero, Maglione y Wynants combinaron para seguir dialogando sobre el tema, algo que seguramente sucederá hoy en la fiesta que se llevará a cabo en el Club Uruguayo, donde habrá un motivo más para festejar.

 

MEDALLA DE PLATA. MILTON WYNANTS. CICLISTA

UNA BROMA QUE SE HIZO REALIDAD

SYDNEY | GUSTAVO SANCHEZ

Un silencio invadió el velódromo en los Juegos Olímpicos y la transpiración corrió por la espalda de todos los uruguayos. Se estaba escribiendo una página dentro de la mejor historia del deporte celeste, cuando finalizó la prueba por puntos y Milton Wynants ganó la medalla de plata.

Los celulares volaron por el aire y el sanducero no sabía que hacer. "Papá, papá... lo logré, soy medalla de plata. ¿Estás contento viejo?" Fueron las primeras palabras entre lágrimas de un ciclista emocionado, cuando recibió la comunicación con Paysandú.

--¿Esto sí que no estaba dentro de los planes?

--La meta siempre fue estar entre los diez. Yo sabía que se podía, e incluso cuando salimos de la Villa Olímpica para acá, bromeábamos con mis compañeros con que volveríamos con una medalla. Se trabajó muy duro para llegar a esto y como te lo había comentado antes, se tenía que dar la carrera y por suerte se dio.

--Una carrera que calzó como anillo al dedo.

--Arranqué con muchas ganas, pero en ocasiones se complicaba por eso del ahogo. Uno nunca sabe cómo va a estar cuando surge un contrataque y había que cuidarse. Por suerte pude encontrarme con una medalla de plata que se me dio porque lo venía buscando en los Panamericanos y en el Mundial de Uruguay, siempre estaba muy cerca del objetivo, pero no se me daba. Esta vez pude, logré la medalla de plata que para mí es más que una de oro.

--¿Cómo fue el trabajo durante la carrera?

--La clave estuvo en no buscar ningún candidato. Los tomé a todos como rivales muy duros y eso hizo que me sintiera más cómodo. Busqué la carrera tratando de mantener las fuerzas intactas y por suerte se me dio.

--Hubo un momento clave en el que salió a descontar diferencias solo, dado que había tres competidores que tenían una vuelta de ventaja.

--Ese fue un momento muy duro. Tuve que tirar solo durante más de tres vueltas y el ahogo lo sentí como nunca.

--Pero el momento clave fue cuando hubo un diálogo con el competidor español. ¿Cuáles fueron esas palabras?

--Lo observé que todavía estaba muy entero y le dije: "dale fuerte que te llevo hasta la medalla". El se prendió, porque sabía que si quedaba sólo con una vuelta de diferencia, la medalla de oro ya le tenía asegurada. Hice negocio, porque le desconté a los otros dos escapados la ventaja y pude rematar en el embalaje final sumando puntos seis puntos claves.

--Había que definir en el último embalaje y se encontraba cuarto en la clasificación. ¿De dónde sacó fuerzas?

--Era el último embalaje y me jugaba la vida. Yo sabía que el español había tirado junto a mí y como ya tenía la medalla de oro asegurada, no iba a definir. Busqué el mejor ángulo, ingresé por afuera y conseguí los puntos que me faltaban para la medalla. En el primer momento pensé que había ganado la de bronce, pero luego cuando vi el tablero electrónico no lo podía creer. Estaba ingresando en la mejor historia del ciclismo uruguayo y no sabía que hacer, si llorar, reír, festejar. Es una sensación muy difícil de explicar y creo que con el correr de las horas, le voy a dar más valor a esto que he logrado.

Pasaron 36 años de la última medalla de Uruguay en los Juegos Olímpicos y un 19 de setiembre del año 2000, será recordado como el día en que un ciclista celeste cambió la historia.