El español en los EE.UU.

Una corriente impetuosa

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Mingo Ferreira

Héctor Balsas

"SE HABLA INGLES" (así en español) dice un cartel que puede verse hoy en Los Angeles y Miami. Se lo encuentra en comercios y va dirigido principalmente a los turistas. Sean de lengua española, sean de lengua inglesa, el asombro que les causa, al verlo las primeras veces, es grande. Deja pensando a muchos.

El español es una lengua que sigue avanzando en el país del Norte, pese a los obstáculos que se le interponen para acotarlo dentro de un gueto idiomático. Parece que no se logra el éxito esperado con la proscripción, en 1997, de la enseñanza bilingüe. Hubo veintitrés estados de la Unión que se acogieron al llamado "English only". Hoy quizá no estén tan animados en contra del español, lengua que, a diferencia de otras extranjeras en los EE.UU., crece lenta pero seguramente, por las oleadas inmigratorias que no cesan y que provienen, sobre todo, de México y América Central.

Hay ya cuarenta millones de cultores de ese idioma y se calcula que en 2050 se llegará, por el crecimiento demográfico de los hispanos, a un pico muy preocupante para aquellos que están dominados por el "HisPanic" (pánico del hispano).

A ENSEÑAR, A ENSEÑAR.
Se menciona como hecho positivo de ese arraigo la abundancia de centros donde se enseña español. No se lo ve ya como simple extravagancia --como podría ocurrir en la fama del "latin lover" hollywoodense-- ni como elemento auxiliar en la formación intelectual de hombres y mujeres. Es, ni más ni menos, una segunda lengua para la vida diaria, no porque se la hable a la par del inglés en todo el territorio (imposible por el momento), sino porque ayuda de verdad a sus cultores en el trabajo. El New York Times, el Metropolitan Hospital y la Policía de Nueva York ven más allá del presente y colaboran en la formación de hablantes del español ofreciendo a sus funcionarios los cursos de iniciación (luego vendrán los de perfeccionamiento) de esta lengua.

Nueva York, por sí sola, contiene dos millones de personas que conocen el español por hablarlo en sus hogares. Son de ascendencia nicaragüense, mexicana, portorriqueña, guatemalteca, o de regiones vecinas del Caribe. Que lo hablen no quiere decir que chapurreen o se hagan entender con dificultad o a medias. Lo dominan porque lo beben en el seno familiar y por ser inmigrantes o descendientes de quienes llegaron --ayer o anteayer-- de los países hispanohablantes vecinos.

DISCRIMINACION.
"Spik" es el vocablo que se empleó mucho tiempo para denominar con desprecio al hablante hispano, a quien se eludía, se lo alejaba de actividades y reuniones, y se lo sometía psicológicamente. La discriminación no termina por el mero hecho del crecimiento de su idioma, pero parece inevitable que disminuya su presión porque la realidad es otra, más favorable, menos tremenda. A mayor cantidad de "españolistas", menor efecto de las medidas en su contra.

Al Gore y George Bush (h), en sus campañas hacia la presidencia del país, se dirigen a sus convocados hablando en español --solamente algunas frases, pero por algo se empieza-- cuando comprueban que las circunstancias y el público son convenientes a ese modo de proceder. De la hispanofobia se ha pasado a la contemplación amigable e interesada.

NO CAER EN TRAMPAS.
Hay que tener un gran cuidado tratándose de la difusión del español (o de cualquier otra lengua en el país que fuere): no debe pervertirse la herramienta de comunicación cayendo en modalidades expresivas que destruyen voces y construcciones auténticas. Si el español aumenta su vigor y su pujanza en los EE.UU. no puede hacerlo sobre la base del resquebrajamiento de valores lingüísticos normativos que rigen allí donde esa lengua se ponga en práctica. Vale muy poco, para un idioma y otro, que se utilice una especie macarrónica de hablar, una mezcolanza similar al cocoliche rioplatense de otras épocas. Es decir: vale muy poco que se pase al espanglés (spanglish). Ese modo de expresarse no es español ni inglés. Es un simple medio de comunicación circunstancial. Cuando se habla del avance del español se tendrá en cuenta que solamente es válido si se lo ofrece tal como es, aunque se le agreguen peculiaridades de diversas regiones de América. De otra forma se está delante de un simple amontonamiento de palabras, de un entrecruzamiento de voces y estructuras que vienen de aquí y de allá, pero que no dejan huella cultural sólida.

El futuro dirá cómo se desarrolla el español dentro del inglés americano. Si desde ahora se sabe que va por camino erróneo, más vale rectificarlo. Tienen la palabra y la acción, entre otros organismos, los institutos de enseñanza que, como el Cervantes y el Berlitz, aumentaron considerablemente el número de alumnos en estos últimos cinco años. Cabe esperar que estén en manos de profesores de buena formación y de conocimiento seguro de ambas lenguas.