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Eladio Dieste. A los 82 años falleció tras dejar una obra arquitectónica muy rica y universalmente reconocida. Un hombre de ciencia y un creador de gran originalidad. Adiós
al Señor de los Ladrillos
RAMON MERICA Una luz medieval --como la que se desliza sobre los geométricos muros de la Iglesia San Pedro de Durazno, una obra mayor, 1971-- socorría la vida y la obra del ingeniero Dieste. Porque la humildad y la Fe apuntalaron una existencia donde siempre imperó el medio tono de la reflexión profunda, el susurro magistral de quien medía hasta el infinito el mínimo paso que debía dar porque sabía muy bien que la vida y la creación suelen estar empedradas por obstáculos que muchas veces ni el más perfecto de los cálculos puede saltear. Y en esas lides anduvo dribleando casi 83 años. EL
TOQUE DIVINO. "Esa obra cambió mi vida", solía recordar el ingeniero. No sólo su vida, sino la de miles de técnicos para quien el uruguayo fue el descubridor de una técnica constructiva absolutamente única, el creador de una manera arquitectónica donde importan la medida elegancia, la sobriedad, el ingenio, pero sobre todo el triunfo de la economía. En ese sentido, además de su talento, el ingeniero Dieste se plantó ante el mundo con una propuesta revolucionaria: se puede hacer obras maravillosas con elementos simples --o pobres-- como el ladrillo, el hierro y el mortero. "El dispendio no produce buena arquitectura", llegó a aseverar. "La economía es uno de los elementos que ayuda a producir una buena obra". No fueron solamente palabras. Ahí están esos soberbios ejemplos de reflexión y praxis que han dejado estupefactos a colegas de todo el planeta. Para no irse muy lejos y hablar de su intervención en el metro de Rio (cosa que la mayoría de los uruguayos ignora) o de la fascinación de Henares, los compatriotas tienen bien a mano algunos de esos prodigios ingenieriles. Para empezar, acercarse hasta la Rambla Baltasar Brum y Julio Herrera, donde emergen unos galpones que en realidad son esculturas. Cuando se llamó a Dieste para esa obra, se le sugirió tirar abajo los galpones preexistentes allí mismo y levantar unos nuevos. El técnico tomó otro camino: deshizo lo que estaba en condiciones insalvables, pero respetó el basamento original, sobre el cual desplegó la genialidad que ha hecho de esos galpones un punto de estudio para arquitectos. HUELLAS
ILUSTRES. "Yo pienso que la tradición es algo inevitable. Probablemente, lo que llamamos revolucionario es el reencuentro de los hilos de la tradición, el reencuentro de las tradiciones más profundas", se confesó ante Pablo Vierci y Delgado Aparain en una excelente entrevista en Montevideo Ciudad Abierta (diciembre de 1996). Y remataba allí mismo: "Lo revolucionario es el reencuentro con cosas que estaban como perdidas y que deben rescatarse para que aparezcan de nuevo". ECOS
DE AFUERA. Fue entonces que el cotidiano El País de Madrid lo calificó como "El Gaudí latinoamericano" y afirmó: "Utiliza la misma técnica que Gaudí y, como él, ama las curvas. Pero Dieste es tan sobrio como los ladrillos de arcilla que usa". MUNDO
FERTIL. Como la espléndida paloma de ladrillo que marca la entrada a Salto (donde hay mucha obra diestiana, incluida la Terminal de omnibuses), esa actitud inerte no podía desmentir la verdadera esencia de su persona y de su gravitación universal. Esa lírica ave de terracota parece congelada en el tiempo y el espacio pero no es así: su vuelo, como el de su demiurgo, no tiene tiempo ni espacio porque la magia no sabe de esas cosas, así esté edificada sobre barro de campo al que el fuego confiere su carnet de delicada terracota. No todos lo perciben, pero esos ladrillos tienen alas.
Una figura reconocida y admirada por sus pares "Eladio Dieste ha formado parte de esos ingenieros que, además tenían condiciones de arquitectos con un gran sentido plástico más allá de su formación científica y, en su caso, fue algo extraordinario" afirmó el arquitecto César Juan Loustau. Recordó que no es el único caso en el mundo y citó al español Félix Candela y al argentino Eduardo Catalano, radicado en los Estados Unidos. "Ellos han hecho bóvedas "cáscaras" alcanzando una plasticidad en forma fantástica. Dieste incursionó en otro tipo de cosas; Candela y Catalano hicieron bóvedas de hormigón pero Dieste se dedicó más a la cerámica armada, sea con ladrillo o con bovedillas especiales en las que introducía mallas de hierro buscando que por sus formas, se alcanzara una resistencia mayor" agregó. "Una de sus obras cumbres es la iglesia de Cristo Obrero, en el balneario Atlántida. En el caso de la iglesia de San Pedro del Durazno, mantuvo la fachada del viejo templo incendiado en una obra de reciclaje que incluyó a nuevo, las naves. Apenas se traspone el umbral, se percibe que no buscó continuar con formas antiguas sino romper y hacer arquitectura moderna con nuevas técnicas y un resultado plausible" comentó Loustau. UN
ARTISTA. Una de las facetas que le llamó la atención a Gómez Platero, fue la inquietud que siempre tuvo su colega por la creación. Era un hombre de una inmensa cultura con gran vocación por transmitir sus conocimientos. "Después de muchos años de esa amistad tuvo la suerte de hacer una obra "codo con codo" con él que fue la primera etapa del Montevideo Shopping Center, un proyecto de nuestro Estudio. Lo invité a considerar con nosotros el tema estructural en procura de lograr una economía importante. En aquella época, el primer Montevideo Shopping era una aventura, sin antecedentes en el medio por lo que se debía cuidar muy bien los costos". |
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