Brasil
fue, por lejos, el mejor equipo del campeonato
De punta a punta
No
hay nada que reprochar. Uruguay hizo lo suyo, lo que podía,
ante un equipo que demostró todo su potencial. Brasil fue
un merecido e indicutido campeón. A lo grande. Sin discusión.
JORGE
SAVIA
ASUNCION. Brasil campeón. Bien. De punta a punta.
En la final de ayer y en el campeonato. Fue el mejor. Por eso,
entonces, la derrota no duele. Ni siquiera por esa gente que vino
desde todos los rincones del Uruguay y, si acaso, es la que terminó
dando el veredicto final de la actuación celeste también,
tanto en toda la Copa América como en el partido de la
pasada jornada con el canto fuerte, agradecido, emocionante,
que empezó a entonar cuando ya promediaba el segundo tiempo
y el revés, el fin del sueño, era inevitable:
¡Oleeé, oleeé, oleeeé..!
¡oleeeé, oleeeé, olaáaaa...!
¡Soooyyyy celesteeee...!
¡No puedo paraaaar...!
Ni ellos, que tenían más derecho que nadie a sentirse
golpeados, se sintieron defraudados. Al contrario. Disfrutaron.
Fueron felices de haber venido, de haber estado acá, por
lo que había hecho ese mismo equipo que ayer volvió
a hacer lo que pudo. Lo que estuvo a su alcance. Sólo que
esta vez, como podía suponerse, no alcanzó. No dio,
no ya para llegar al título, sino para evitar que Brasil
desplegara todo su fútbol y ganara en forma amplia y hasta
anticipada. Como lo interpretaron esos 5.000 uruguayos que, con
derecho a entristecerse, a lamentarse, apoyaron y se fueron del
estadio cantando rabiosamente por las calles empedradas del barrio
Sajonia, satisfechos de haber visto al representativo de su país
protagonista de una fiesta del fútbol sudamericano, perdidoso
pero peleando, luchando, y más que eso: jugando, o intentando;
procurando hasta lo último achicar la diferencia, atacando.
No dándose por perdido ni aún derrotado.
El partido fue, tal vez, hasta raro en algunos aspectos que pautaron
el trámite. Porque Brasil no empezó como una tromba,
tal como se pensaba. Y llegó al primer gol cuando el trámite
era parejo, abierto, franco, de área a área, por
más que se percibiera la superioridad técnica de
los brasileños cuando la pelota corría fluidamente
por los pies de Cafú, Emerson, Roberto Carlos, Zé
Roberto, Ronaldo y, fundamentalmente, Rivaldo. Para que el campeón
se pusiera en ganancia con gran peinada del propio Rivaldo, hasta
medió una falta de Vespa en tres cuartos de cancha rival
que tal vez era evitable. Y después, cuando Uruguay en
pocos minutos había pasado a perder 2 a 0 por obra y gracia
de una pintura iniciada por Roberto Carlos y culminada
por el imparable Rivaldo y el elenco celeste conseguía
hacer valer su presencia y hasta desdoblarse con bríos,
algo de fútbol y en forma inquietante a través de
un triángulo mucho menos efectivo que el que formaban Roberto
Carlos, Zé Roberto y Rivaldo en el flanco izquierdo del
equipo contrario, pero igualmente enhiesto, considerable, que
armaban Bergara, Coelho, a veces Zalayeta y a veces Magallanes,
también sobre el costado izquierdo del conjunto uruguayo,
hasta hubo un pelotazo de Del Campo que pegó en el caño
y que, por ahí, pudo torcer los acontecimientos en caso
de haber entrado.
Además, el juez colombiano como se establece apartedebió
haber expulsado a Joao Carlos cuando, antes del final del primer
tiempo y ya con una amarilla encima, fauleó en varias oportunidades.
Y en el arranque del complemento fue offside de Ronaldo en la
jugada con la que Brasil metió el tercer tanto.
Pero, más allá de eso, de lo que no pasó
y tal vez pudo haber pasado, el partido, aparte de raro, fue también
lógico. Ganó el mejor. El que pegó y mató.
El que, afirmado en una retaguardia segura, bien plantada, en
dos laterales que se desdoblaron con sentido de la oportunidad
para desarticular las líneas rivales, y fundamentalmente
en el funcionamiento contundente, lujoso, desequilibrante, de
ese Triángulo de las Bermudas que armaron Roberto
Carlos, Zé Roberto y Rivaldo, hizo que al mediocampo celeste
le costara mucho encontrar la pelota y cortar el circuito ofensivo
adversario y que a la zaga del equipo de Púa le resultara
difícil plantarse cuando le llegaron de a dos, tres y hasta
cuatro jugadores brasileños con pelota dominada.
Por eso, seguramente, es que los únicos uruguayos que podían
haber tenido derecho a sentirse dolidos, a lamentarse, durante
el transcurso del segundo tiempo apoyaron mientras Púa
intentaba cambios que siempre por el rival que había
enfrente podían dar relativo resultado, y después
se fueron cantando.
Se había terminado el sueño. La realidad es que
ganó el mejor. Y no siempre es posible evitarlo.
Martín
Del Campo abrió brechas
Rivaldo jugó a lo Pelé
Rivaldo
hizo todo. Y lo hizo bien. Fue
imparable con la pelota. Contundente en la red. Abastecedor permanente
de fútbol. Jugó en forma brillante. La camisa 10
volvió al camino que dejó Pelé.
JORGE
SAVIA
BRASIL
DIDA: segurísimo, tanto atajando como saliendo a cortar
juego de alto. CAFU: como siempre, sobrio, práctico, para
marcar y para desdoblarse; cuando fue arriba, pareció un
tractor al que no resultó fácil cortarle el paso.
JOAO CARLOS y ANTONIO CARLOS: parejos, firmes, bien plantados.
ROBERTO CARLOS: controló su punta y fue uno de los que,
subiendo por su costado, comenzó la demolición del
adversario. Gestó el segundo gol y manejó los tiempos
de las triangulaciones con Ze Roberto y Rivaldo en forma admirable.
EMERSON y FLAVIO CONCEICAO: marca y pase, toque y achique de espacios.
Gravitaron por igual en la contención y el armado. RIVALDO:
un espectáculo; jugó, hizo jugar, organizó
la ofensiva, fue protagonista de la mayoría de las llegadas
al área contraria y, por si fuera poco, metió dos
golazos. ZE ROBERTO: movedizo, rapidísimo, dinámico;
cada vez que arrancó de atrás y pasó destapado
hacia delante causó estragos, hizo tambalear a la defensa
contraria. AMOROSO: el más light del ataque.
RONALDO: abrió calles, distrajo marcas, fabricó
espacios y anotó un gol con definición de clase,
aunque sin tener el rol protagónico de antes.
URUGUAY
CARINI: sin responsabilidad en los goles. No tuvo fallas. Al revés:
en más de una ocasión evitó que la derrota
fuera más amplia. DEL CAMPO: pese a jugar en el Triángulo
de las Bermudas por el que pasaron casi siempre Rivaldo,
Ze Roberto y Roberto Carlos, fue de los mejores; no se entregó,
fue un obstáculo que muchas veces obligó a los rivales
a buscar por adentro, con diagonales, ya que por afuera no lo
desbordaron en muchas oportunidades, y tuvo pujanza y presencia
de ánimo para, por lo menos, intentar, ir al ataque. Estrelló
una pelota en un caño. PICUN: no fracasó; no hizo
pie sólo cuando le llegaron de a más de un rival
con pelota dominada. LEMBO: quizá hizo el mejor partido
del campeonato, aunque hubo ráfagas en las que, al igual
que Picún, no dio abasto. BERGARA: el relojito de la retaguardia;
en esta ocasión el partido no se presentó como para
que buscara desdoblarse demasiado, aunque igual trató de
hacerlo, con personalidad resaltable. VESPA: el toque, la velocidad
y las piernas largas de los rivales le impidieron que gravitara
en la marca. De un foul suyo, de atrás, leve, tal vez evitable,
vino el primer gol de Rivaldo. FLEURQUIN: recargado en la marca,
trató de organizar el armado con suerte variada. CALLEJAS:
inclaudicable, ordenado; quizá careció de fuerza
como para acompañar un poco más a los atacantes.
COELHO: hasta que se lesionó, jugando por la izquierda,
fue uno de los pocos sostenes de los que se valió el equipo
para pasar, con cierto criterio, de la defensa hacia el ataque.
MAGALLANES: fue de los que más trabajó, porque bajó
a ayudar al mediocampo, hizo de enganche y en muchos pasajes,
además de buscar el arco rival en forma reiterada, jugó
en la misma línea que Zalayeta, como atacante. ZALAYETA:
buscó, no bajó nunca los brazos, pese a una lucha
casi solitaria, pero careció de potencia en el área
adversaria. PACHECO: dio la sensación de no haber podido
enchufarse al trámite. ALVEZ: tuvo algunos arrestos inquietantes;
también desperdició alguna situación favorable.
GUIGOU: fue salida de atrás hacia delante. Aceptable.