NEGOCIOS

Viejas Kombis se exportan a Europa

Las bautizadas "corujinhas" son buscadas por coleccionistas y se cotizan fuera de Brasil.

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T1. Se fabricaron en Europa hasta 1967; Brasil produjo 426.715 ejemplares del modelo. Foto: O Globo.

La escena se repite en el puerto de Santos: decenas de viejas kombis llegan en camiones, se estacionan y luego se colocan dentro de containers. Algunas todavía huelen a pintura, producto de una restauración reciente; otras tienen las cicatrices de quien recién terminó de hacer feria. Todos estos vehículos integran el lote de 426.715 Kombis fabricadas en Brasil entre 1957 y 1975. Son parte de la generación que ostenta una V en la parte frontal y dos faroles que recuerdan los ojos saltones de las lechuzas, lo que hizo que los fanáticos de Volkswagen las apodaran «corujinhas». Después de décadas trabajando de forma intensa, estas Kombis se embarcan rumbo a Europa, donde tendrán una existencia más tranquila en manos de coleccionistas.

Lo que ya se consideró basura en Brasil, hoy es moda fuera de fronteras y hace surgir un nuevo negocio. Entre San Pablo y Paraná hay cerca de 10 exportadores de Kombis antiguas. «El año pasado envié unas 50 a Europa. Hoy embarco esa cifra por mes», revela «B», considerado el mayor exportador de «corujinhas» de Brasil, quien prefirió no ser identificado.

La historia de «B»

Belga, radicado en San Pablo, el hoy vendedor trabajaba en el cuerpo diplomático y siempre consideró a los autos como un medio de transporte. En 2014, un amigo le pidió ayuda para enviar una Kombi brasileña a Bélgica. En ese momento comenzó una nueva carrera.

«Lo que ya representó un atraso tecnológico del país hoy se valoriza. Estas Kombis de la primera generación, llamadas T1, fueron fabricadas en Europa hasta el año 1967 y hoy son raras allá. En Brasil el modelo se produjo más tiempo y aún existe en grandes cantidades. Es más económico comprarlas acá», explica quien emplea a cuatro personas que lo ayudan a realizar trámites burocráticos, además de los buscadores y transportistas que lo ayudan a ubicar las unidades y llevarlas al puerto.

Al comienzo el belga prefería buscar las Kombis y restaurarlas antes de publicar anuncios en un sitio web o en su página de Facebook. Con el tiempo sumó a sus servicios el papel de despachante: los propios interesados eligen su vehículo en sitios web de ventas y le piden su consejo. «B» da su veredicto sobre la documentación del vehículo, compra la camioneta y se ocupa de todo lo necesario para exportación y para que al final el cliente reciba en su puerta el vehículo deseado.

Especie amenazada

La mayoría de los compradores, vaya ironía, es de procedencia alemana, país que lanzó esta camioneta en 1950. Los restantes encargos, por orden de volumen, provienen de Francia, Reino Unido, Holanda y Bélgica.

«Los europeos son muy desconfiados, pero cuando ven mi origen y las respuestas en sus idiomas, le tienen fe al negocio», se jacta el belga para explicar la cantidad de vehículos que exporta.

Otra explicación para el éxito es el precio que cobra. En los primeros envíos, «B» desembolsaba unos US$ 4.500 en gastos de regularización de documentos ante el Departamento de Tránsito, los costos del despacho en los puertos de Santos y de Europa (Antuérpia, Bélgica, o Bremen, Alemania), el flete, los impuestos y el despacho de Aduana. Hoy invierte la mitad de la cifra en cada auto.

«Mi margen de ganancia en cada Kombi es pequeño, pero gano en la cantidad. Quien cobra mucho, no vende», afirma el belga.

Los clientes europeos invierten entre US$ 10.000 y US$ 26.000 para tener un ejemplar. En Brasil esto tiene su conscuencia: las kombis cada vez son más escasas y se cotizan al alza. «En dos años no quedarán más y entonces pasaré a exportar Kombis Clipper, el modelo de 1976», dice el exportador sin una pizca de remordimiento. 

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