LIDERAZGO | WOBI

La sonrisa les sienta bien

Cada vez hay más interés en las empresas por descubrir las prácticas, hábitos y comportamientos que conducen a la felicidad.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La felicidad es un factor clave para la productividad. Foto: Shutterstock.

Cuando McDonald’s abrió su primer local en la Unión Soviética, tuvo que enseñarles a sus empleados a mostrarse alegres. Históricamente, la cultura rusa no le asignó importancia a la felicidad. Lo prueba un conocido refrán de ese país: «Si alguien sonríe mucho, es un tonto, o un norteamericano».

Sin embargo, en los últimos años, la felicidad se está convirtiendo en un valor universal. Es un furor, el tema central de best-sellers, cursos en escuelas de negocios y conferencias. Según el especialista Daniel Gilbert, el fenómeno se debe a que una de las preguntas más antiguas de la humanidad —¿cuál es la naturaleza de la felicidad humana?— se unió a la forma más reciente de conseguir respuestas: la ciencia. Y así, salió del dominio exclusivo de filósofos y poetas.

Además, algo tan intangible, abstracto y subjetivo como la felicidad, ahora puede medirse y se está volviendo el ingrediente secreto en la fórmula de empresas altamente productivas. Por eso cada vez son más los que desarrollan teorías, prácticas y metodologías para alcanzarla. A continuación, un resumen de sus principales voces.

Sentido y placer.

Tal Ben-Shahar, especialista en psicología positiva y liderazgo, sostiene que la felicidad es la combinación de sentido y placer. «Quien encuentra el sentido y el propósito de su trabajo —explica—, y además disfruta de lo que hace, será feliz». Su cátedra sobre el tema ha sido una de las más populares de Harvard, y lo inspiró para escribir dos libros: Happier: Learn the Secrets to Daily Joy and Lasting Fulfillment y The Pursuit of Perfect: How to Stop Chasing Perfection and Start Living a Richer, Happier Life. Reconoce que algunas personas nacen con más propensión a ser felices, pero que hay pruebas de que está en cada uno de nosotros la elección de ser, más o menos, felices.

Ben-Shahar asegura que la felicidad no consiste en estar siempre contentos. Paradójicamente, la aceptación del estado de infelicidad es uno de los pasos más importantes para ser más felices. Y aunque muchos creen que el éxito los hará felices, el especialista sostiene lo contrario: es la felicidad la que traerá el éxito, tanto en lo personal como en lo profesional. Porque, además de mejorar la calidad de vida, aporta beneficios que impactan directamente en el desarrollo y el crecimiento profesional, favorece la creatividad, el trabajo en equipo, el compromiso y la innovación.

Líderes contentos.

John Mattone, presidente de la consultora global en liderazgo que lleva su nombre y asesora a líderes de empresas listadas en Fortune 1.000, cuenta que cada vez más ejecutivos le preguntan cómo pueden ser más felices. Y él les propone orientar sus actividades a acciones que les permitan estar más centrados. «En la medida que encuentren su centro y brinden centralidad a los demás, empezarán a recorrer el camino que conduce a la felicidad».

Mattone subraya la importancia de promocionar a las personas que encarnan la centralidad y la madurez cultural en la organización. «Los líderes autocríticos y flexibles al cambio son los que posicionarán a la empresa muy por delante de sus competidores», dice.

Felicidad rentable.

Jenn Lim es la CEO de Delivering Happiness, una organización que, basada en la ciencia de la felicidad, busca inspirar pasión y propósito en el trabajo y en la vida cotidiana. Pero además tiene el título de CHO (Chief Happiness Officer), y afirma que fue instaurado para declarar que la felicidad en una empresa tiene que originarse y promoverse desde el máximo nivel.

El hecho de que todo el mundo quiera ser feliz, y busquen que las personas que los rodean también lo sean, es la principal razón por la que las compañías deben asignarle mayor importancia al tema. Con el respaldo de varios estudios realizados, Lim asegura que si se promueve la felicidad de los empleados, la rentabilidad de la empresa aumentará un 22%, la creatividad y la innovación hasta un 300%, y la participación un 30%.

¿Cómo fomentarla en el lugar de trabajo? Lim enumera tres prácticas básicas: crear un entorno en el que las personas puedan manifestarse de manera auténtica; favorecer interacciones significativas (es decir, generar conversaciones que involucren intereses reales de los empleados, como hobbies, deportes o actividades extra laborales), y expresar claramente el propósito de la empresa, para infundir en los empleados una visión que los inspire.

Para Lim, el desarrollo de la psicología positiva probó que la felicidad está ligada a ser auténtico, vivir apasionadamente y llevar a cabo el propósito de cada uno en la vida.

Para descubrir el propósito en la vida, aconseja participar en diferentes actividades para detectar cuáles despiertan pasión y compromiso.

El poder de la emoción.

La «inteligencia emocional también contribuyó. Al estudiarla se llegó a la conclusión de que ser inteligentes emocionalmente nos conecta directamente con la felicidad, ya que aprendemos a controlar las emociones y somos más capaces de resolver los problemas.

La inteligencia emocional (IE) se adquiere con trabajo introspectivo y reflexivo para comprender las emociones propias y ajenas. Desarrollarla es clave, por cuanto el cerebro humano está «cableado» de tal manera que las emociones son el principal motor de la conducta. O sea, reaccionamos emocionalmente frente a los acontecimientos antes de ser capaces de pensar racionalmente sobre ellos.

Travis Bradberry, coautor de Emotional Intelligence 2.0 y presidente de TalentSmart, explica que su consultora, luego de haber medido la inteligencia emocional de más de 1 millón de personas en todo el mundo, descubrió algunas tendencias. Un mismo estudio, realizado a directivos chinos y estadounidenses, encontró que los chinos obtienen mejores resultados en la gestión de las relaciones laborales, sobre todo porque comparten más tiempo con sus equipos de trabajo fuera del ámbito laboral.

Bradberry explica que para controlar las emociones negativas la clave es reconocer que no podemos librarnos de ellas, pero sí transformarlas en alguna actividad productiva. Y controlar el estrés incrementa la inteligencia emocional, porque si bien un poco de estrés es bueno porque mejora el rendimiento del cerebro, si es crónico desgasta el área responsable del autocontrol.

Actualmente, según Bradberry, una persona está expuesta, en promedio, a unos 72.000 estímulos diarios, que vienen de la publicidad, de mensajes de texto, emails. Al sumar las multipantallas, son muchas las distracciones que impiden mantenerse enfocado. Por eso sostiene que el impacto de la tecnología en la inteligencia emocional es en buena medida negativo, dado que, si la comunicación cara a cara muchas veces resulta complicada, cuando se interpone un dispositivo electrónico es más difícil entender la intención emocional del mensaje.

Estrés productivo.

En Overworked and Overwhelmed, Scott Eblin aporta una buena noticia: para poder lidiar con el estrés, y los estímulos propios de la era de la sobreinformación, se puede recurrir al «mindfulness». En esencia, significa atención plena, y Eblin explica que consiste en detectar los estímulos externos que nos distraen y producen interferencias internas, para detenerlos y actuar más conscientemente, tanto en situaciones laborales como personales. ¿Cómo practicarla? Aconseja el control de la respiración para ayudar a calmar la mente y abrir un espacio para pensar mejor. Respirar profundamente tres veces es un buen comienzo. Si siente que el ombligo se mueve hacia adentro y hacia afuera, lo está haciendo bien.

El líder inspirador.

El liderazgo resulta de cuatro factores: intención, forma de relacionarse o interactuar con el otro, contenido del que habla y sentido de identidad que revela de sí mismo al comunicarse. Un líder que inspira:

Reflexiona sobre su práctica y considera el aprendizaje como eje rector de su vida. Quien piensa que ya lo sabe todo o que es poseedor de la verdad, tendrá gente obediente, pero no será considerado un líder.

Es capaz de crear, promover y mantener entornos en los que se aprecia la diversidad: de género, orientación, cultura, raza. Por lo tanto, su enfoque es el de escuchar y legitimar, antes que el de juzgar o descalificar.

Genera compromiso gracias a la inclusión, la colaboración y el consenso que crea en los grupos que dirige.

Acompaña a otros en su proceso de transformación, a partir de reconocer su potencial y su contribución a la organización.

Gestiona el conocimiento colectivo para lograr niveles más altos de conciencia y efectividad de los equipos de trabajo. Se ocupa en crear redes y comunidades de práctica en las que, desde distintas ópticas, se encuentran soluciones.

Deja huella en cada interacción que tiene. Al terminar una conversación con alguien, ambos sienten que el intercambio los enriqueció, aun cuando haya sido un desacuerdo. (WOBI)

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)