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Slow Food huye de la etiqueta de esnob

La empresa nació hace 30 años en Italia como repuesta a la comida rápida y en defensa de los productores locales. Hoy ya está presente en unos 160 países

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Alcance. Slow Food ya tiene 100.000 miembros en varios países (Foto: Google Images)

Frente a la fiebre de la comida rápida, una pausa para disfrutar de la gastronomía. Con esa filosofía nació en Italia hace casi 30 años Slow Food, que sigue defendiendo a los productores locales pese a quienes lo ven como un movimiento esnob.

El presidente de la asociación italiana, Nino Pascale, dice solo aceptar ese calificativo en un caso: "Si significa preocuparse por los derechos de quienes trabajan, por la protección del ambiente, por las generaciones que deberán habitar el planeta después de nosotros y por una calidad alimentaria para todos, entonces lo somos". De lo contrario, opina en una entrevista a EFE, lo que se pretende es "dejar fuera del mercado a un mundo enorme".

Por esa diferencia de criterios el movimiento se enfrentó hace unos meses con el cantante Al Bano. El italiano vende el vino que produce a tan solo dos euros, una conducta que fue denunciada por la gente de Slow Food, a la que el artista luego llamó "esnob y envidiosa de su éxito como agricultor".

"Alguna vez hemos pedido a los consumidores que gasten unos céntimos de más para la propia compra cotidiana", afirma Pascale, que lo justifica porque "a través de un precio más bajo se consigue dejar fuera de la producción a los sujetos más débiles".

Este agrónomo de profesión, elegido el año pasado al mando de la organización en Italia, no tiene la verborrea del carismático líder del movimiento Carlo Petrini, que sigue siendo un referente.

Pero comparte su idea de la alimentación como un "canal importante" a través del cual se puede hablar de "clima, ambiente, salud, economía, sociedad, diversión y bienestar".

La preocupación por esos temas no cesó desde que en 1986 se abrió el primer McDonald’s en la romana Plaza de España, lo que llevó a Petrini a fundar Slow Food. Como si de una "multinacional contestataria" se tratara, en este tiempo ha extendido sus tentáculos desde su localidad originaria de Bra hasta 160 países. Con unos 100.000 miembros, trabaja con productores de los cinco continentes, organiza campañas y congresos sobre el queso, la carne, el pescado y alimentos locales.

«Necesitamos construir sistemas alimentarios menos concentrados en las manos de las multinacionales, lo que quizás sea la única forma de hacer frente a los problemas de escasa disponibilidad de alimentos », afirma Pascali.

Reclama facilitar a los pueblos los instrumentos necesarios para producir sus propios alimentos y adaptar la innovación tecnológica a los pequeños agricultores para que no tengan que "seguir ofreciendo las materias primas para la industria, sino que sean directamente los vendedores del producto final". También considera fundamental evitar los abusos: "Al menos, los agricultores deberían establecer el precio que cubra los costos de producción para poder sobrevivir", remarca. (Fuente: EFE)

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