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Sanas costumbres

¿Puede una persona mejorar su vida a partir de ajustes en sus acciones diarias? ¿Existe relación entre hábitos y felicidad? Para Gretchen Rubin, ambas preguntas tienen respuesta afirmativa.

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Gretchen Rubin. En su investigación descubrió que

Dormir más. dejar de postergar. Ahorrar. Comer saludablemente. En su nuevo libro, Better Than Before: Mastering the Habits of our Everyday Lives, Gretchen Rubin explica de qué manera algunos cambios en la conducta pueden hacer que alguien viva más feliz. Allí enumera métodos para conseguir cortar viejos hábitos y generar nuevos. Cassie Mogilner, profesora de marketing de Wharton, entrevistó recientemente a Rubin durante su visita al campus de la escuela de negocios, como disertante invitada de la serie [email protected]

¿Qué la impulsó a escribir este libro?

Durante muchos años, mientras redactaba The Happiness Project y Happier At Home, investigué y conversé con la gente acerca de la felicidad. Y empecé a notar un patrón. Muy a menudo, encaminarse hacia la felicidad tenía que ver con modificar o superar un hábito determinado. Me fui interesando cada vez más en el papel de los hábitos para llevar una vida más feliz, saludable y productiva. Y también en cómo cambiarlos.

¿Cuál es el paso clave para lograrlo?

Conocerse a uno mismo. Todos quieren la solución universal, la receta mágica. Pero no hay magia, no hay una única solución que sirva para todos. Lo que descubrí, al analizar el tema, es que cada uno debe pensar acerca de lo que es válido para él o ella. Incluso algo tan simple, como saber si uno funciona mejor por la mañana o por la noche. Porque si somos personas nocturnas, no es un plan inteligente levantarnos temprano para salir a correr. Seguramente no va a funcionar para nosotros. A menudo, la gente decide lo que cree que deberían ser sus hábitos, o se fija en lo que hacía Benjamin Franklin, o lo que hace su cuñado, y trata de imitarlos. En realidad, cada persona debería preguntarse: «¿Qué es aplicable a mí? ¿Qué noto sobre mí mismo? ¿Cuál es mi naturaleza?».

Cambiar los hábitos alimenticios suele ser difícil. ¿Hay alguna técnica que pueda sugerir para comer mejor?

Básicamente, hay dos estrategias: la de abstinencia y la de moderación. La abstinencia funciona muy bien para algunas personas, como yo, pero no para otras. A mí me va mejor si abandono el hábito por completo. Puedo resistir la tentación a rajatabla. Puedo no comer pastillas de menta, o puedo comer decenas de pastillas de menta. Lo que no puedo es comer dos o tres. Si a usted le resulta la abstinencia, y por ejemplo las papas fritas son su kriptonita, déjelas por completo. Suena más difícil, pero en realidad es más fácil para usted. Esto aplica para otras cosas, como la tecnología. Si usted no puede jugar solo un poco al Candy Crush, quizá sea mejor que directamente no juegue. A los moderados, en cambio, les va mejor cuando hacen algo algunas veces o cuando consumen un poquito. Con frecuencia, si saben que pueden comer algo, ni siquiera lo desean. Les va mejor cuando aceptan permitirse ese pequeño placer. Son de los que tienen una tableta de chocolate escondida en algún lugar del escritorio, y todos los días comen un solo cuadradito.

¿Cuáles son los hábitos más comunes que la gente busca cambiar, según sus investigaciones?

Casi todo se reduce a lo que denomino «los siete esenciales»: comer y beber de forma más saludable; hacer más ejercicios físicos; involucrarse de manera más profunda con sus relaciones, con la naturaleza, con Dios; ahorrar, gastar y ganar dinero de manera inteligente; simplificar, despejar, ordenar y organizar; avanzar más y dejar de posponer las cosas, que son dos caras de la misma moneda... y descansar, relajarse y disfrutar. Prácticamente, todos los hábitos que la gente suele mencionar forman parte de alguna de estas categorías.

Además de abstenerse o moderarse, ¿qué otras estrategias recomienda?

Al analizar lo que la gente hace para dominar sus hábitos, descubrí que suelen usar 21 métodos. El número puede sonar aterrador, pero en realidad es bueno porque significa que existe una amplia variedad, lo cual incrementa la probabilidad de encontrar alguno que a cada uno le funcione en cada caso. Porque no todas las estrategias están disponibles para cada momento, y no todas funcionan para todos.

Una de las más útiles y conocidas es la del monitoreo. Si controlamos algo, solemos hacer un mejor trabajo. Si usted desea comer de manera más saludable, lleve un registro de sus alimentos. Si desea hacer más ejercicios físicos, utilice un cronómetro.

Otro método es el del controlador. Mucha gente hace mejor las cosas si hay alguien a quien rendirle cuentas. Para algunas personas, ese controlador es la pieza crítica que les permite cambiar sus hábitos.

Para otros, la clave es la programación. Si alguien asienta algo en un cronograma, es más probable que lo cumpla.

Una estrategia que a mucha gente le encanta es la combinación de un hábito placentero con algo que exige un sacrificio. Por ejemplo, la televisión con la cinta o la bicicleta fija. Si alguien sabe que la bicicleta fija viene acompañada por Game of Thrones, lo entusiasmará mucho más subirse a ella.

La estrategia más divertida, en mi opinión, es la detección de excusas. Si usted se fija, verá que somos los mejores abogados de nosotros mismos. Tenemos infinidad de justificaciones para no hacer lo que debemos hacer: «No tengo por qué hacer esto precisamente en este momento. Justo es mi cumpleaños. Estoy de vacaciones. Solo se vive una vez. No puedo hacer esto ahora, porque debo aprovechar esta otra oportunidad o la perderé para siempre». Somos muy ingeniosos a la hora de argumentar en contra de lo que nosotros mismos nos habíamos propuesto.

A veces pienso que debería ser bastante sencillo implementar hábitos positivos respecto de la comida o la rutina física, y sin embargo no lo logro. ¿Soy yo, o es algo normal?

Es algo absolutamente normal; le sucede a la mayoría de la gente. Si usted quiere que su vida funcione mejor, tiene que fortalecer los hábitos para facilitar el autodominio. Respecto de la alimentación, por ejemplo, debe asegurarse de estar ingiriendo lo suficiente. Aunque parezca una paradoja, una de las razones por las que las personas comen demasiado es que no comen lo suficiente. Acumulan hambre y entonces devoran cosas que no deben.

Por el lado del ejercicio físico, quizá no sea necesario ir al gimnasio o entrenarse para una maratón, pero sí salir a caminar durante 15 o 20 minutos. Eso hace que tengamos más energía, más autodominio. Y, aunque parezca extraño, también más orden. Tener un orden externo hace que mucha gente sienta que tiene mayor control sobre sí. Aun cuando sea una ilusión, es una ilusión útil.

Lo fundamental, siempre, es haber dormido bien. Sin descanso, no habrá energía para formar hábitos saludables. Muchas personas se niegan a renunciar a esas últimas dos horas del día porque son su momento de diversión, de desconexión. Pero realmente es importante dormir lo suficiente. Yo recomiendo, incluso, poner una alarma. Del mismo modo que hay una alarma para la mañana, habría que tener una para la noche. La mayoría de los adultos necesita dormir siete horas.

¿Qué consejo daría a quienes tratan de crear hábitos positivos, pero se ven trabados por el contexto familiar?

A veces caemos en el comprensible desliz de hablar de nuestros hábitos como si fuéramos una unidad aislada, que circula en soledad por el mundo. Pero vivimos rodeados de otras personas. Nuestros hábitos afectan a los demás, y los de ellos a nosotros. Usted podría irse a dormir más temprano, si no fuera porque su marido se va a dormir más tarde, ¿cierto? Entonces, usted lo está arrastrando a él hacia las 21:00, y él la está arrastrando a usted hacia la medianoche. Los hábitos de los dos interactúan. Por lo tanto, es importante reflexionar en profundidad y preguntarse: «¿Qué quiero que sea válido para mí?». A menudo, la consabida «preocupación por los demás» no es más que otra de las excusas que nos inventamos. En general, la frase «no puedo obligar a los demás a comer lo que yo como» es una mera suposición, una idea sin fundamento, un argumento formulado con demasiada rapidez y liviandad. En muchas ocasiones, si usted cambia, los demás cambian también, incluso aunque no se proponga que cambien. Pero usted debe empezar por ver con claridad lo que desea, lo que es correcto para usted y cómo quiere que sea su vida. No es fácil, lo sé. Pero quizás haya una forma de lograrlo. 

Saber cómo usar la inconsciencia

Usted sostiene que al implementar buenos hábitos, de algún modo se deja de pensar en la conducta y eso permite no tener que estar constantemente decidiendo y ejerciendo autocontrol. Pero al hacer cosas de manera mecánica, ¿no pierden significado nuestros gestos?

Los hábitos son liberadores y energizantes porque, efectivamente, eliminan la decisión y el autocontrol. Si usted no practica el hábito de besar a su pareja todas las mañanas, probablemente olvidará hacerlo. El hábito nos ayuda a garantizar que se hagan las cosas realmente importantes para nosotros. Pero usted tiene toda la razón, y todavía hay mucho para analizar respecto de actuar de manera automática. Los hábitos aceleran el tiempo. El primer mes en un trabajo nuevo parece una eternidad. Sin embargo, el quinto año en ese mismo empleo pasará volando. Cuando las cosas se vuelven familiares, el cerebro acelera los tiempos y mitiga la experiencia. Ese es el lado negativo del hábito. Aunque en ocasiones puede ser bueno. Por ejemplo, si usted está haciendo algo que lo pone ansioso, y lo hace una y otra vez hasta que se convierte en un hábito, a la larga verá atenuados los sentimientos negativos. Lo malo es que, si usted besa todas las mañanas a su marido, dejará de experimentar lo mismo que la primera vez. De modo que los hábitos, en cierto sentido, son maravillosos, y soy una firme defensora de su poder. Pero también tienen aristas negativas. Debemos ser conscientes de cómo utilizamos la inconsciencia. (WOBI)

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