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La ruta hacia el millón de dólares se construye a diario

Constituir los mejores equipos, reinvertir gran parte de los ingresos y dedicar muchas horas de trabajo son algunos de los ingredientes clave para alcanzar la mítica cifra en facturación.

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Paso a paso. El camino al millón requiere esfuerzo, sacrificio, armar un buen equipo y saber reinvertir. (Foto: Shutterstock)

El primer millón marca un antes y un después en los números de las empresas. Ese mojón tan lejano en el horizonte del plan de negocios no siempre se celebra al instante con una lluvia de papelitos. A veces incluso pasa desapercibido por los equipos, que están sumergidos en el trabajo diario.

El recorrido hacia los siete dígitos no es lineal, implica hacer grandes esfuerzos, reinvertir, realizar cambios al modelo de negocio y sobreponerse a grandes imprevistos… Tres emprendedores contaron a El Empresario sus travesías previas a facturar US$ 1 millón, un monto que dista de ser una estación terminal y plantea otros desafíos para seguir creciendo.

Marketing digital.

Felipe Pelzel tiene 29 años y es cofundador de Wild Fi, empresa de marketing online. Comenzó el proyecto junto a su hermano y un socio hace siete años. Cuando la empresa llegó a facturar US$ 1 millón, el logro pasó inadvertido. "Tal vez en el segundo año ya facturamos eso, pero no lo recuerdo, era parte del crecimiento, no era una meta, sino que buscábamos formar una empresa que marcara un diferencial, tener un servicio que pudiera competir a nivel mundial", indicó.

Es que desde la creación de la firma, los socios tenían un objetivo muy claro: llegar lo más alto posible. Para eso, el primer gran paso fue formar un equipo sólido, "rodearse de gente buena es uno de los diferenciales más grandes", afirmó el empresario.

Pero el camino no fue fácil. El rubro no era conocido y los clientes fueron llegando tímidamente, con contratos de montos menores. De todas formas, estaban seguros del potencial del negocio porque era algo «que se venía».

"Cuando arrancamos, hace siete años, no había empresas que hicieran lo que hacíamos, entonces logramos abarcar un 80% de los clientes grandes", destacó.

La primera oficina de la empresa fue una casa que le prestó su padre y su primera compra fue una central telefónica "para que nuestros clientes pensaran que había mucha gente, aunque los teléfonos estaban enfrentados", recordó.

De a poco comenzó a crecer. Unilever fue el primer cliente a menos de un mes, pero invertía $ 6.500 porque el marketing digital "era algo que nadie conocía".

Al año llegó el primer gran cliente, Pluna con el que se consolidó el negocio de Wild Fi. La aerolínea llegó a ser un 65% de la facturación de la empresa cuando cerró en 2012.

Ese fue un golpe duro, pero en vez de ahogarse los emprendedores se focalizaron en el know how adquirido y salieron a buscar otros contratos. A la semana habían sumado a Buquebus a su cartera y ese año comenzó su expansión internacional. El esfuerzo valió la pena, a fines de ese año ya habían recuperado la facturación.

En la actualidad, los equipos de Wild Fi trabajan para Chile, Argentina y Paraguay (donde la empresa tiene oficina propia) y este año desembarcó en Puerto Rico. Un 60% de la facturación es internacional y más de 30 grandes marcas contratan sus servicios.

Diseñar un negocio.

El balance anual de la marca de ropa de campo Tranquera reflejó una facturación de US$ 1 millón en 2013. La empresa surgió hace siete años, cuando su creadora Lucía Goday decidió hacer este tipo de vestimenta para vender a diferentes locales.

El mojón llegó un año después de que la firma reformulara su negocio y decidiera que era hora de vender los productos en sus locales propios, indicó Robert Bentancor, director de la empresa. "La idea era generar más productos y hacerlos más viables. Por eso, en junio de 2012 surgió la primera casa, en (las calles) San José y Río Negro", recordó. Y en tan solo dos meses abrió la primera franquicia en el interior del país, en Treinta y Tres. Bentancor se sorprendió cuando se traspasaron los seis dígitos en facturación. Lograrlo no había estado en la cabeza de los responsables del proyecto. "Es muy difícil llegar. Hay que trabajar mucho. Y cuando lo logramos no nos dimos cuenta, es más, cuando el contador trajo el balance del cierre del año miramos hacia atrás para ver dónde estaba el dinero", recordó.

En su caso, el dinero se destina casi exclusivamente a cubrir costos, porque los márgenes de venta no son elevados, explicó. "Además, reinvertimos todo lo que vamos generando para seguir creciendo. Ahora nos arrimamos a Endeavor para buscar expandir el negocio fuera de fronteras, a Paraguay y Brasil. Estamos con las primeras mentorías y el objetivo es poder llegar a mediados de 2016, porque estamos en una realidad muy compleja", dijo.

Para el director de Tranquera no hay que ponerse una cifra de meta «porque si no se llega, entra una frustración; hay que ir día a día», reflexionó.

La principal preocupación de la empresa fue lograr buenos productos y locales agradables donde las personas "se sintieran cómodas", porque muchos de sus clientes llegan por recomendaciones, aseguró Bentancor. De hecho, eso fue lo que motivó la expansión al Interior.

Construir desde cero.

Leandro Sánchez creó Impacto Construcciones junto a sus dos hermanos en 2003. La empresa llegó a facturar US$ 1 millón por mes hace cinco años.

"Me tenía mucha fe porque conocía nuestras fortalezas, estábamos preparados y tenía mucha confianza en nosotros. Y si bien hay muchas cosas que no dependen de uno, sabíamos que teníamos las herramientas para lograr los objetivos", aseguró el empresario de 39 años.

Pero para Sánchez lo primordial fue posicionar su empresa entre las grandes del sector construcción, una meta que se cumplió hace dos años. "Creo que no hay una fecha en que uno puede decir ahora sí llegué; es más un proceso que lleva tiempo y que se va dando a medida que se arma la empresa, el equipo, que se consolida el trabajo. Hoy tenemos la maquinaria, las personas, los antecedentes que se necesitan para estar entre las mejores. Tal vez hace unos tres años no lo sentía aún, aunque facturara esa cifra".

Como todo emprendedor, el crecimiento fue un proceso que consagró gracias a la estrategia de visión a mediano plazo. "Nuestro objetivo era armar una empresa constructora que hiciera obras importantes y fuera protagonista dentro de las constructoras del país", recordó.

Sacrificio, responsabilidad y sencillez cimentaron ese crecimiento. Durante los primeros tres años de la compañía se instaló en su propia casa. "Mis hermanos tenían una oficina en Trinidad y yo viajaba cada tanto hasta allá y escribía en el ómnibus. En 2006 recién inauguré una oficina en Montevideo junto a un amigo. Ahora en Trinidad ya tenemos una base de operaciones más grande", comentó el empresario.

Poco a poco, se fue desarrollando el negocio, sumando clientes y reinvirtiendo.

Para Sánchez, la clave del éxito es estar muchas horas "encima" de la empresa, pero sobre todo armar un buen equipo, "elegir a las personas con potencial para que ocupen lugares dando lo mejor de sí, con capacidad de aprender y asumir desafíos".

Su primer gran contrato fue la obra del puerto de Nueva Palmira, una "patriada", según reconoce. El proyecto era "muy riesgoso" para el tamaño que tenía la empresa en su momento. Pero insumió dos años de trabajo, salió bien y fue el primer paso para reinvertir y consolidar la experiencia en otros emprendimientos más importantes.

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