Emprendedores

Realismo mágico

La diseñadora Amparo Serrano combinó su pasión por el arte con su espíritu lúdico para crear Distroller, empresa representativa del folclore de México que también triunfa en otros mercados

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Amparo Serrano dedica unas 10 horas diarias al dibujo en su casa. Foto: WOBI.

Distroller es un mundo estridente, en el que conviven vírgenes, hadas, monstruos, pócimas, hechizos y amuletos multicolores, nacido de la imaginación de «Amparín». Por este apodo conocen los más íntimos a Amparo Serrano, una mujer que conserva la frescura de una niña y se ha convertido en un admirado caso de éxito en el ámbito de los negocios por su creatividad y originalidad.

Ciento por ciento mexicana, la marca irrumpió en el mercado en la década de los ’90 con una propuesta única: productos basados en la filosofía de ver el lado extraordinario de lo ordinario, con diseño original, colorido. A la idea original de piezas de vajilla personalizadas, con el tiempo se sumaron líneas de accesorios, almohadones, juguetes, artículos escolares y objetos decorativos para el hogar, entre muchos otros. Al comienzo, Serrano los vendía de manera informal, entre amigos y conocidos, pero para 2004 ya había abierto su primera tienda en la ciudad de México.

Con un capital inicial de solo 10.000 pesos mexicanos, destinados a la compra de un horno para cerámica, la empresa creció rápidamente y hoy cuenta con más de 30 tiendas, entre propias y franquiciadas, la mayoría en México, pero también en EE. UU., España y varios países de América Latina. En esencia la marca representa un estilo de vida porque refleja, en sus más de 2.000 productos diferentes, historias de personas comunes y ofrece a los clientes una experiencia de compra divertida.

Evolución inesperada

La historia de Distroller comenzó con un experimento fallido. Mientras estudiaba diseño gráfico en la Universidad Anáhuac de la ciudad de México, Serrano dibujó un personaje al que llamó «Dr. Chui», quien recetaba a los niños una línea de chamoys —la típica salsa picante mexicana— para aliviar todo tipo de males del alma. Registró la marca, pero la Secretaría de Salud no la autorizó porque los componentes de la fórmula destruían la flora intestinal. Sin embargo, ese tropiezo inicial sirvió de inspiración para el nombre de su empresa: «Distroller».

Al poco tiempo, ya casada con un norteamericano, se fue a vivir a Nueva York, donde se inscribió en un taller de cerámica. La profesora, encantada con sus obras, le sugirió que las publicara en una revista de decoración. «Fue la primera inyección de confianza que recibí», recuerda.

Años después regresó a México, se compró su propio horno y empezó a hacer vajilla de cerámica para sus amigas. Con los meses fue incorporando otros materiales y productos, como madera, joyería y papelería. Distroller se convirtió en un negocio de manera casi fortuita, a partir del éxito que lograron esas creaciones caseras. Cuando el comedor de su casa ya no fue suficiente, Serrano abrió la primera tienda y contrató a los primeros empleados.

Imaginación incansable

Amparín dibuja y crea personajes desde que tiene memoria, y asegura que entrar en una tienda de la compañía es prácticamente lo mismo que entrar a la habitación de cuando tenía siete años. «Mi madre era una intelectual, con varios doctorados y maestrías. Yo era la única niña en el colegio que no creía en Santa Claus ni en el ratón Pérez, y Disney era un lugar prohibido. Mi mundo era el que creaba con mi fantasía», recuerda. Y ése sigue siendo, hoy, su mundo preferido.

Hija de una filántropa y nieta de un banquero, se define como «la oveja negra de la familia». «A pesar de que me crié entre gente súper preparada, yo era pésima alumna. Es más, si hubiera pedido dinero para iniciar una compañía nadie me lo habría prestado», dice esta empresaria poco convencional, que confiesa ser muy tímida, insegura y que no disfruta de las entrevistas.

El proceso creativo de Serrano es tan particular como ella. «Todo lo que veo lo transformo en una caricatura. No sé dibujar de otra manera. En mi casa dedico al menos 10 horas diarias al dibujo. Tengo una mesa enorme, cerca de la cama, con centenares de plumones, lápices y marcadores. Como sufro de insomnio, la noche es mi momento de inspiración», cuenta.

El universo de Amparín

Los productos de Distroller transmiten de manera creativa e irreverente algunas de las imágenes y frases más populares de la cultura mexicana. Dirigidos a un público de cualquier edad —«de 1 a 130 años», exagera—, apuntan a «curar y abrillantar el alma».

El verdadero boom de la firma llegó de la mano de la Virgen de Guadalupe. Serrano estaba viajando por Guatemala cuando le llamó la atención una medalla de la virgen hecha por un artesano. «Era tan chueca que no pude olvidarla. Al verla pensé que Picasso era un genio del realismo y, de inmediato, la caricatura vino a mi mente», dice riendo, y explica que si bien muchos artistas han retratado a la virgen, la suya es una versión menos solemne y más colorida. Esa imagen está presente en una gran variedad de productos —pañuelos, tazas, floreros, posters, estampas—, muchas veces acompañada por una petición impresa, como «Virgencita plis cuídame» o «Cuida mi dinero».

Lo concreto es que Distroller tiene un personaje para casi todos los momentos de la vida. En la línea de entretenimientos, el más vendido es el peluche «Neonato», versión mexicana de la famosa mascota virtual Tamagotchi. Nació a bordo de un avión cuando la diseñadora, que confiesa tener pánico a las turbulencias, empezó a dibujar un monstruo para distraerse. Sin el presupuesto ni la tecnología de los juguetes norteamericanos y japoneses, le creó un mundo a su alrededor: una cartilla de vacunación, papillas de clorofila o chocolate, mantitas, y hasta una medicina para prevenir que se enferme de «tuperculosis», que es mortal.

Otro personaje es «Carnoso», un peluche anti-pesadillas que cuida el sueño de los niños. Viene acompañado de un spray para rociar almohadas y sábanas que —asegura Serrano— potencia su eficiencia.

Las muñecas merecen un párrafo aparte. «A diferencia de las que hay en el mercado, las que yo diseño son reales», explica. «Representan el yin y el yang: no son ni buenas ni malas; ni las más guapas, ni las más feas. Y enfrentan problemas reales, como la bipolaridad, la inseguridad e, incluso, un divorcio».

Sello transgresor

Si tiene que elegir una palabra para explicar el éxito de su empresa, Serrano no duda: «Perseverancia. Lograr que la marca se afianzara me llevó una década. La mayoría de las personas se da por vencida al cabo de año». Y si bien estuvo involucrada en varios proyectos antes de Distroller, asegura que no tiene un gen emprendedor sino una pasión que se convirtió en negocio. «Esto, más que un trabajo, es una piña colada frente al mar».

Lo cierto es que su empresa logró alcance internacional sin invertir un centavo en marketing. Creció respondiendo a la demanda y mediante recomendaciones de «boca en boca». La diseñadora define a Distroller como una acumulación de ideas y experiencias. «Las tres cosas que distinguen mi trabajo son el lenguaje —en su sitio web, las palabras en inglés aparecen escritas como se pronuncian—, los colores y las caricaturas. Cuando uno rompe moldes y satisface el gusto de la gente no necesita grandes estrategias», sostiene.

Otro de los diferenciales de la marca es el sentido del humor, incluso frente a situaciones traumáticas. Entre la infinidad de productos hay pulseras con el letrero «Tener celulitis trae suerte», almohadones «para llorar cuando tienes el corazón hecho pedazos» o estampas de San Antonio «para conseguir novio».

A pesar del crecimiento incesante de su negocio, Serrano se hace tiempo para seguir en contacto con sus clientes y, en especial, atender a los que piden productos personalizados. Dice que reunirse con ellos se asemeja a una entrevista psicológica, porque le permite conectarse con sus emociones. «No puedo diseñar algo si no sé qué impresión causará», explica. «Cada diseño cuenta una historia, buena o mala, pero historia al fin».

¿El encargo más extravagante que recibió? Pintar la urna de las cenizas del padre de una amiga.

Nuevas alianzas

En 2008, gracias a la popularidad de la marca, Walmart convocó al equipo de Distroller para que diseñara el packaging de productos comestibles y de higiene personal. Un año más tarde, Distroller ya estaba presente con pequeñas boutiques en Palacio de Hierro, la tienda departamental más prestigiosa de México. En 2012, Converse le encargó a Amparo Serrano el desarrollo de cuatro modelos de zapatillas.

A finales de 2013, la compañía anunció una alianza con Cartoon Network para lanzar su propia serie de TV y transmitirla en los canales infantiles y juveniles de la cadena. Según Daryn Fillis, director general de Distroller, lo fabuloso de ese proyecto es que todo ocurrió al revés: «Lo habitual es que primero se creen las series y luego se otorguen las licencias de los personajes para explotarlos comercialmente, pero nuestros personajes se han ganado el reconocimiento por sí solos y ahora se les abre un espacio en la televisión». Con la serie en el aire, Cartoon Network se convertirá en la plataforma de lanzamiento de las licencias de Distroller para todo el mundo. (WOBI)

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