INFORME

Del posgrado a la startup: el universitario se reinventa

Profesionales de la academia se lanzan a desarrollar negocios propios; comparten su perfil docente y de investigador con el de empresario, incluso en rubros que difieren de su especialidad.

Agustina Olivera. Junto a su esposo creó Cervecería Oceánica. (Foto: Gentileza Agustina Olivera)
Agustina Olivera. Junto a su esposo creó Cervecería Oceánica. (Foto: Gentileza Agustina Olivera)
Julián Origgioni. Es co fundador de Agromote, emprendimiento incubado en Ingenio. (Foto: Darwin Borrelli)
Julián Origgioni. Es co fundador de Agromote, emprendimiento incubado en Ingenio. (Foto: Darwin Borrelli)
José Costoya. Fundó Prondil en 1992 junto a tres socios y exporta un 95% de la producción. (Foto: Francisco Flores)
José Costoya. Fundó Prondil en 1992 junto a tres socios y exporta un 95% de la producción. (Foto: Francisco Flores)
Daniel Perciante. Es co fundador y CEO de Nettra. (Foto: Francisco Flores)
Daniel Perciante. Es co fundador y CEO de Nettra. (Foto: Francisco Flores)

El doctorado o PhD es el último y preeminente grado académico que brinda una universidad u otra institución autorizada y requiere muchas horas de dedicación. Generalmente, quién culmina esta etapa, dedica su tiempo a investigación y docencia y algunos logran insertarse en el sector productivo como consultores para compañías.

Pero ésa no es la única opción. A ciertos profesionales les gana el «bichito» de emprender e inician, a la par de sus clases e investigaciones, su propia empresa.

Entre cerveza y cebada

Con 31 años, Agustina Olivera defendió su doctorado en Biología Celular y Molecular a inicios de este año. Hasta entonces, trabajó en el Instituto Pasteur con un cargo asistente de investigación. Desde 2008 estudiaba el funcionamiento de la biología celular de la levadura de la cerveza y el pan. El año pasado decidió darle un giro a su vida profesional y dedicarle el 100% de su tiempo laboral a unir su hobby (elaborar cerveza orgánica artesanal junto a su esposo) con sus conocimientos en biología molecular.

Es así que este año impulsaron la Cervecería Oceánica, un proyecto ubicado en Playa Hermosa (Maldonado) que une la fabricación de la bebida (generan 150 litros por cocción) con la creación de un laboratorio biotecnológico enfocado a dar servicios y generar desarrollos innovadores para la industria de los alimentos fermentados. «Podría haber seguido trabajando como investigadora tanto para un laboratorio local o de EE.UU., pero quería hacer algo junto a mi esposo. Nos interesaba la opción de descentralizar el emprendimiento y apostar por nuestros intereses personales», contó Olivera.

Si bien sus conocimientos científicos no resultan clave en la elaboración de la cerveza, su aporte fundamental radica en la investigación e innovación para obtener nuevas cepas cerveceras. «En nuestro caso, la innovación radica en potenciar la capacidad nutritiva del alimento final», comentó. De esta forma, el negocio es la propiedad intelectual y está dirigido a cualquier cervecería de Uruguay o del mundo que le interese, detalló.

Hasta el presente, la investigación se lleva a cabo en un pequeño laboratorio biotecnológico en el espacio de innovación del Instituto Pasteur junto a otros profesionales. Pero el plan es construir su propio laboratorio dentro de la planta de elaboración de cerveza. Ahí se producirá la levadura para abastecer tanto al emprendimiento como a otras cervecerías. «Invertiremos al menos unos US$ 150.000 en el laboratorio en un plazo de dos años», puntualizó.

Tecnología y agro

A sus 39 años, Julián Oreggioni pudo desarrollar su pasión por emprender en paralelo con su actividad académica. Con un doctorado en Microelectrónica (especializado en productos de bajo consumo como dispositivos electrónicos que necesiten poca batería para funcionar), junto a dos socios decidió fundar Agromote. El emprendimiento, relacionado al agro, está incubado en Ingenio y tiene como su principal desarrollo a MU, un dispositivo de unos 8 por 8 centímetros, que se coloca en el lomo del toro para monitorear la efectividad en la preñez del ganado bovino. «Reporta información vía tecnología celular a un espacio central y queda disponible al productor en la página web», graficó.

Oreggioni cuenta que el «bichito» de la ganadería lo tenía desde antes. «Mi tesis de grado de ingeniero electrónico (2004) fue sobre el desarrollo de un producto para monitorear el PH de temperatura del rumer de una vaca (el estómago más grande) para mejorar la calidad de la leche», recordó.

Así, unió su pasión por la ganadería con la otra, emprender. Y si bien en el desarrollo de MU el rubro no está directamente asociado a su formación, Oreggioni aplicó sus conocimientos en el diseño de los equipos, particularmente en lo referente al bajo consumo. «La época de entore es de unos tres meses, entonces la batería del equipo debe durar ese tiempo. Hoy dura un mes y estamos trabajando para aumentarla», indicó. Además, aseguró que contar con un doctorado puede «jugar a favor» a la hora de entender los problemas, aplicar una metodología o rigurosidad. Incluso puede «abrir puertas porque genera confianza», opinó.

Monitoreo remoto

Hace ocho años desarrolló junto a unos alumnos un controlador para semáforos. Hoy los equipos son utilizados en casi un 30% de los cruces que operan en Montevideo y están instalados en varias ciudades del Interior. Daniel Perciante tiene 41 años, logró su doctorado en Ingeniería Eléctrica (más concretamente en sensores ópticos) en 2005 y es cofundador y CEO de Nettra, empresa dedicada a desarrollar tecnología para infraestructuras distribuidas.

«Siempre tuve un impulso por emprender. Era una materia pendiente. El proyecto surgió tras tutorear el trabajo final de carrera de dos estudiantes que planteaban un dispositivo con valor comercial. A fines de 2010 concretamos la primer venta y de ahí ganamos licitaciones en Montevideo y otros departamentos», recordó. Ahora la firma también monitorea infraestructuras de OSE y UTE, y ya inició su expansión internacional con Chile como primer destino. «Estamos colocando sensores para pozos de agua. Comenzamos este año y el plan es seguir por otros países», señaló.

Tal es el impulso por emprender que decidió reducir a la mitad su horario como profesor e investigador en la Universidad Católica. «Mi tarea en la empresa no está directamente vinculada con mi doctorado, pero los conocimientos los sigo aplicando en la universidad», aclaró.

Salud animal

Desde que en 1992 co-fundó el laboratorio Prondil junto a tres socios (hoy quedan dos), hasta que decidió dedicarse de lleno a la empresa como director industrial pasó algo más de una década. José Costoya tiene ahora 65 años, es ingeniero químico y hasta 2002 trabajó en otras compañías a la par que desarrollaba su emprendimiento relacionado a la elaboración de productos para el cuidado de la salud animal, particularmente vacunas.

Con la exportación como destino de un 95% de su producción, el empresario reconoce que en su industria el conocimiento y la innovación son claves para el éxito. Aunque posee posgrado en marketing, apostó a un doctorado en Biotecnología para crear un proyecto innovador. «Con el programa para Proyectos de Innovación de Alto Impacto de la ANII, llevamos adelante una iniciativa para la obtención de antígenos recombinantes para uso en vacunas veterinarias. En este caso nuestro gerente de desarrollo, que es médico, está cursando su doctorado en Biotecnología usando el proyecto como tema», puntualizó.

Hoy la empresa emplea a unas 80 personas de las cuáles más de un 25% cuenta con un título de grado, concluyó Costoya.

ANII promueve el perfil doctoral.

Fomentar el emprendedurismo entre estos perfiles académicos es uno de los objetivos que persigue la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), aseguró Ximena Camaño, sub gerente de operaciones de la Agencia. Con la línea de emprendimientos de capital semilla para proyectos innovadores, la agencia ofrece unos $ 800.000 para financiar hasta un 80% de la iniciativa.

En tanto, con el instrumento de Herramientas para Innovación, se fomenta en las empresas la incorporación de estos profesionales a sus departamentos de I+D para que «generen productos innovadores», explicó. Se financia hasta un 65% del sueldo del profesional por dos años y si es un «retornado» (llega del exterior a desempeñar la tarea) la cobertura se eleva a un 85%.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)