Negocios

Las "papas locas" marchan sobre ruedas

Una empresa argentina aprovecha el alto consumo y vende el tubérculo en forma espiralada.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Laise. Trajo la idea de China y se asoció con dos amigos para llevarla a cabo. (Foto: La Nación/GDA)

Alrededor de 40 kilos de papa consume, en promedio y por año, cada argentino. Similar a lo que ingiere de azúcar, y cerca de lo que come de pollo. Esta cifra puede constituir un disparador de negocios, y más aún, si se mezcla este ingrediente básico de la gastronomía con algo de imaginación.

Maximiliano Laise, abocado a ese sector, se cruzó con la idea en China. Si el clásico cono de papas fritas se mantuvo vigente a través de décadas, por qué no reflotar el placer de esta comida al paso, pero con distinta forma. Laise estableció una sociedad con dos amigos, Pablo Nardelli y Jose Gey, y empezaron a vender papas espiraladas: un resorte de papa, frito, enroscado en un palito. Así de simple.

"Es un producto masivo, sin edad y que a todo el mundo le gusta; además es natural y, en nuestro caso, como sólo manejamos papas, es apto para celíacos", dice Gey.

Los tres, que se complementan por su formación y su experiencia, emprendieron el negocio de "Papas Locas" que marcha, literalmente, sobre ruedas. Decidieron canalizar la oferta al público en carritos que ubican en parques temáticos o en eventos privados.

La venta empezó en la playa de Gualeguaychú en 2014, donde una inundación los dejó sin nada. Volvieron a empezar y hoy están presentes en Temaikén, en ferias como la de Mataderos y en eventos sociales y corporativos que se desarrollan en la ciudad y en el Gran Buenos Aires.

El modelo industrial, cuentan los entrepreneurs, transforma una papa normal, del tamaño de un puño, en un producto de unos 40 centímetros. "No es un congelado, sino que se prepara en el punto de venta, se corta y fríe en el momento", explica Gey, que también pone énfasis en la experiencia. Mientras la empresa toma vuelo, uno de los socios se dedica full time a la operación, junto a una docena de empleados temporales y una firma de logística en la que tercerizan la movilidad. Pero son tres a la hora de diseñar estrategias.

El objetivo actual es expandirse a más puntos del país a través de franquicias, cuyo modelo será lanzado este mes con grandes ambiciones. "La potencialidad del mercado es muy importante, ya que la comercialización de este producto se hace en zonas calientes de alto tránsito, sean plazas, parques, estaciones de transporte, shoppings, centros de veraneo u otros", proyecta Gey.

Cualquiera de estos espacios a nivel local o regional, se ilusionan los dueños de la marca, prometen buenos rendimientos para que sus carritos o puntos de venta fijos, no dependan de los avatares del tiempo. 

El punto de venta busca cautivar.

Los creadores de Papas Locas suman juegos y entretenimientos en el punto de venta, como aliciente a la espera. Por ejemplo, una cabina de fotos. Todo sirve para atraer, sobre todo a niños y adolescentes, y ganarle a otras opciones de comida al paso. Panchos, porciones de pizzas, panninis... todo ello en paralelo al producto insignia. Aún en esos casos, las papas pueden tentar como acompañamiento. Además, la empresa ofrece propuestas especiales para cada evento social. (La Nación / GDA)

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