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Nacieron para el trabajo, pero se impusieron en el mundo de la moda

Historia de calzados que se despegaron de su origen y se popularizaron en todas las clases sociales

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Chic. Las clásicas Alpargatas ganaron diseño y variedad a tono con las tendencias de la moda. (Foto: Google Images)

Las alpargatas surgieron para ser usadas en los campos argentinos, las havaianas se curtieron en suelo brasileño y las crocs forjaron su fama en Colorado, EE.UU. Nacidos en cunas tan lejanas, estos tres tipos de calzado tuvieron un origen común: fueron pensados para determinados grupos de trabajadores, pero terminaron por vivir una explosión de popularidad que los impuso en todas las clases sociales y hasta los convirtió en artículos de moda.

Por supuesto que la historia de las alpargatas se remonta hasta la época de griegos y romanos. Pero fueron los vascos los que las introdujeron en Argentina, donde pronto se impusieron entre gauchos y trabajadores rurales. Se usaban las de color negro durante la semana y las blancas se reservaban para los domingos, según la empresa Alpargatas, que comercializa la tradicional marca Rueda.

La trayectoria de este calzado en Argentina empieza en 1883, cuando Juan Echegaray, pionero en la fabricación manual de las alpargatas de lona con suela de yute, y Robert Fraser, miembro de una familia de importadores de telares, comienzan a trabajar juntos en la producción del popular artículo que luego le dio nombre a la empresa. «Alpargatas Calzado» no tardó en diversificarse: primero trenzando el yute, luego hilando algodón para producir las lonas y, finalmente, en 1895, lanzando bajo la marca Rueda las primeras alpargatas 100% made in Argentina.

Con el tiempo, todo el mundo empezó a usar este práctico calzado y las grandes firmas lo incluyeron en sus colecciones. Desde Gucci, Chanel e Yves Saint Laurent hasta Armani y Hérmes. La premisa parece estar ahora en la búsqueda de nuevos materiales, de la tradicional lona a telas como raso, pana, poplin y cueros.

Más allá de las propias Rueda, un caso destacado es el de la firma Páez, fundada en 2006, en Buenos Aires. «El objetivo principal fue rediseñar la alpargata nacional y agregarle color, moda y estilo para reinventar un clásico e insertarlo en el nuevo mercado global», dice Francisco Murray, CEO y cofundador de la compañía.

Páez diseña, fabrica y vende calzado para hombres, mujeres y niños en la Argentina y otros 45 países, y proyecta vender este año 1.000.000 de pares. A las tradicionales alpargatas, se sumaron náuticas, panchas, zapatillas, botas y accesorios. Otras marcas que incluyeron alpargatas en su portafolio son Juana de Arco, Pesqueira, Bolivia y Cardón.

Corría el año 1962 cuando irrumpió en Brasil una cómoda y simple ojota, que pronto fue adoptada por empleadas domésticas, trabajadores del puerto, pintores y albañiles, que buscaban su frescura y particular «agarre». Nacían así las Havaianas, que en un principio salían en un único modelo con las tiras de tres colores (celeste, negra y amarilla) y la suela siempre blanca.

Rui Porto es consultor de la firma Alpargatas, que incluye Havaianas, y tiene 30 años de trayectoria en la empresa. Explica que el gran salto de este producto se produjo en 1994 y vino de la mano de los pedidos que hacían artistas y deportistas, que se habían fanatizado con esta ojota.

«La empresa empezó a hacer nuevos modelos para lograr un upgrade en la marca. Fue una revolución porque empezamos a fabricar de varios colores y diseños. De un producto cómodo se pasó a un producto de moda», cuenta Porto.

Mientras que entre 1962 y 1994 hubo un único modelo de Havaianas, en la actualidad existen más de 400, con precios desde los US$ 4 a los US$ 100 y con presencia en 106 países. Se agregaron plataformas para mujeres, que hoy son sus principales usuarias, y hasta cristales de Swarovsky. El cambio dio sus frutos: en 2014 se vendieron en el mundo 270 millones de pares.

Apenas comenzaba el siglo XXI, cuando George B. Boedecker (Jr.) creó un calzado que hizo felices a médicos, enfermeros, pescadores y jardineros de Colorado, EE.UU. Se trataba de las Crocs, zapatos de bajo costo basados en resina de célula cerrada llamada Croslite. Este material produce un peso ligero, es antideslizante y resistente a los olores, y está considerado el único que no deja marcas en los pies.

Manuel Mendoza, director de Marketing de Distrinando (licenciataria de la marca Crocs en Argentina), explica que la resina también se ablanda con el calor del cuerpo, lo que moldea el zapato a cada pie y brinda un ajuste cómodo. «Aunque se consideraba un zapato feo, logró atraer la atención de las celebrities, lo que las introdujo en el mundo de la moda», dice.

En un principio, Crocs Classic era usado por su comodidad, pero el inicio de la marca en el diseño y la producción de calzado de moda para mujer impulsó a sus seguidoras a integrar la marca en sus guardarropas y contar con Crocs como principal producto para los pies de sus hijos. (La Nación / GDA)

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