LORENZO BALERIO - CEO DE FYMnSA

"Madera sin valor agregado no es negocio"

Nació en Montevideo y tiene 80 años. Estudió Ciencias Económicas hasta quinto año, cuando debió asumir la dirección del proyecto forestal junto a su padre. En 1974 adquirieron campos en Rivera y crearon Fymnsa.

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Balerio. "O nos tecnificamos para producir una madera de calidad o no competimos. (Foto: Darwin Borrelli)

La primera plantación de pinos fue en 1976 y su primera cosecha en 1985, cuando sumó además el primer aserradero. Desde siempre tuvieron claro que la exportación de productos de alta calidad era el objetivo de la empresa, por lo que sumaron una planta industrial. Hoy EE.UU. es el principal destino de sus productos y considera que es «inviable el negocio forestal sin la industria». El dinero que la empresa captó de un fondo estadounidense les permitió construir una planta de generación eléctrica. Está casado, tiene dos hijos y en sus ratos libres disfruta de leer.

¿Cómo fueron los inicios de Forestadora y Maderera del Norte (Fymnsa)?

Mi padre siempre pensaba que era importante tener materias primas nacionales. Él había estado en el negocio comercial del papel en 1906, fuimos socios de Ipusa, participamos de la creación de Celulosa del Uruguay, todos emprendimientos en el sur del país, hasta que en un momento decidimos llevar la actividad forestal a Rivera, cuando no había forestación en ese departamento. Durante varios años estaba el círculo vicioso de que no existía forestación porque no había industria, y no había industria porque no había forestación. Así que en octubre de 1974 compramos el campo con fines forestales. Eran unas 5.000 hectáreas. Ya desde el inicio, pensamos el proyecto para producir madera de alta calidad para exportar. Y si bien en esa época no estaba definido el proyecto industrial como está ahora, sabíamos que el plan debía incluirlo. En 1985 inauguramos el primer aserradero, que se modifica cada dos o tres años, (N.de R.: ya suma ocho remodelaciones desde cero) para responder al crecimiento y las necesidades del proyecto forestal. Entre esos cambios, incluyó el horno de secado. En 1988 Dank S.A., la empresa industrial que procesa la madera y la transforma en productos finales para nuestros clientes, incursiona en el negocio. Y por último, en 2012 sumamos el desarrollo de cogeneración eléctrica, Ponlar. Todo pertenece a un holding, Aurora Forestal.

¿Qué los llevó a inclinarse por Rivera?

Plantamos Pinus Taeda y Pinus Elliottii, proveniente de la zona sureste de EE.UU., y Rivera tiene características inmejorables para la plantación de esa especie. Posee suelos de arena compactada, el régimen pluviométrico representa un 30% del total del país y las temperaturas son las adecuadas. Además, en esa zona no existe un desperdicio grande de calor por la noche y eso permite que los árboles crezcan más. También tenemos el handicap de las distancias; Rivera está a 500 kilómetros de varios puertos, Montevideo, Buenos Aires, de Corrientes y de Porto Alegre. Claro, para contrarrestar la gran distancia de transporte debíamos generar un artículo de gran calidad. Creo que la base del éxito de nuestra empresa es saber desde el inicio el tipo de producto que queremos hacer: la mejor calidad de madera de pino posible. Por ello, por ejemplo, fuimos pioneros en el proceso de poda para que la madera no tuviera nudos.

¿Cuánto han invertido hasta el presente?

Tenemos un ritmo de inversión anual de US$ 7 millones u US$ 8 millones, que incluye nuevas líneas de clasificado, más capacidad de secado, más tecnología, etcétera, porque la opción es: o nos tecnificamos para producir una madera de calidad o no competimos. Hoy en día, todo el proyecto tiene un valor de unos US$ 80 millones.

¿Cuál es la capacidad actual de producción?

Unos 360.000 metros cúbicos de madera anuales, de los cuales la industria procesa 180.000 metros cúbicos por turno. Esto es lo que producimos hoy, pero podemos crecer al doble si trabajamos en dos turnos. De este volumen, en productos terminados queda un 18% de la madera cortada. En total, la empresa factura unos US$ 20 millones por año y registra un crecimiento de un 15% anual. Nuestra empresa no es un proyecto que genera mucho dinero, pero sí es una empresa sana, con tasas de rendimiento saludables.

¿Cuántos empleados tiene?

En forma directa son unos 350 funcionarios, principalmente en la parte industrial. Y más de 500 en forma indirecta en camioneros, albañiles, choferes de ómnibus, etcétera. Son todos de la zona y tenemos un alto porcentaje de mujeres, cerca de un 30%.

Exportan un 100% de lo que producen, ¿cómo se compone la cartera de mercados?

El principal destino de nuestros productos es el mercado norteamericano, principalmente EE.UU. y algo Canadá, porque ellos saben lo que les estamos vendiendo. También exportamos madera a Chile, Brasil, Perú, Centroamérica y China. Nuestra principal producción son cortes de madera sólida para hacer productos terminados en la industria de la construcción norteamericana, como marcos, puertas, molduras, etcétera. Comenzamos vendiendo madera en tablas, pero hoy exigen madera procesada.

¿Cómo reaccionaron ante la crisis de 2008 que afectó al sector de la construcción en EE.UU., su principal cliente?

En esa época la pasamos mal. Tuvimos que salir a buscar otros mercados y los encontramos en parte de Europa y algo en el sudeste asiático. Con esos nuevos destinos logramos mantener nuestro nivel de producción. La diversificación y la compensación de gastos (como la suspensión de tareas, como raleos) compensaron la caída de las ventas.

¿Mantuvieron luego esa diversificación?

La aumentamos en productos. Cada año que pasa tenemos más variedad para atender las necesidades de los clientes que piden un paso más en el proceso de industrialización. En esto tiene gran responsabilidad uno de mis hijos, que es ingeniero, que es muy competente en encontrar nuevos productos y saberlos producir. Y si bien tenemos otros países de destino, sabemos que el gran consumidor de lo que generamos sigue siendo EE.UU. Por ejemplo, Europa tiene otros gustos, ellos están acostumbrados a la madera con nudos, esos pequeños y sólidos característicos de los climas fríos como Escandinavia, Rusia. Hoy en día, no es concebible el negocio de la madera sin el proceso industrial. La madera es muy barata y ya no se puede exportar en forma natural.

El transporte es uno de los problemas en el sector forestal, ¿cuánto incide en su negocio?

La madera es transporte. Cuanto más facilidades existan para transportar la madera, mayor capacidad de competencia tendremos. En nuestro caso, como exportamos un 18% de lo que cosechamos en volumen el negocio es rentable, por eso hicimos el aserradero y la industria en el mismo lugar. Entonces, solo impacta el transporte de la madera de los bosques al aserradero, unos 8 kilómetros. Pero incluso, para mejorar esto, el año pasado invertimos unos US$ 4,5 millones en un proyecto vial junto a la Intendencia de Rivera y el Ministerio de Transporte y Obras Públicas. Se pavimentaron unos 18,5 kilómetros que conectan la Ruta 5 a la planta, que es la columna vertebral de la empresa. Antes, llegar a Rivera nos llevaba unos 50 minutos, con esta nueva ruta ahora demoramos 35.

Están a 500 kilómetros de varios puertos de la región, ¿cuál es el principal punto de salida de sus productos?

Fundamentalmente, nuestros productos salen vía puerto de Montevideo, pero hay algunos que salen por otros. Por ejemplo, los que van a Brasil salen en camiones desde nuestra planta al puerto de Río Grande. También Concordia es un punto importante para productos de poco valor agregado porque esos barcos no llegan al puerto de Montevideo.

Tiene cerca de 12.000 hectáreas plantadas, ¿cuánto está en campos propios y cuanto en tierras de terceros?

Tenemos plantaciones en Rivera y Tacuarembó. Un 95% del total son campos propios y el resto es arrendado y en formato aparcero, es decir, en sociedad entre el dueño del campo y empresa, donde esta última planta y cosecha y al final se dividen ganancias en función de los aportes que cada uno realizó.

En sus campos también fomentan el silvopastoreo (cría de ganado en montes), ¿cuánto ganado hay?

Al inicio era la empresa que también explotaba la actividad ganadera. Ahora eso lo dejamos atrás, arrendamos nuestros campos a otros productores. En total existen unas 12.000 cabezas de ganado.

En la empresa han invertido capitales extranjeros, ¿en qué porcentaje?

Desde el inicio, los capitales fueron 100% locales, principalmente familiares, pero en 2008 incluimos socios norteamericanos. Se trata de un fondo de inversión de EE.UU. que cuenta con capitales en su mayoría europeos y que hoy posee un 25% de la empresa. El dinero se canalizó para la construcción de la planta de generación eléctrica.

¿Qué capacidad de generación de energía tiene?

Tiene una capacidad para generar unos 7 MW hora, pero generamos dependiendo de la cantidad de madera que procesamos. Hoy estamos en un promedio de 5 MW hora. Para ello utilizamos aserrín, chips y muy parcialmente la cáscara de los árboles. Antes exportábamos los chips, pero es más redituable utilizarlos para este proyecto. El cliente final es UTE, no utilizamos la energía para las empresas locales. Se trata de un negocio imprescindible para el proceso de aserrado, porque es el mejor destino para los chips y el aserrín.

Con el proyecto abarcan desde la plantación hasta el producto final, ¿logran aprovechar todo lo que produce un árbol?

Siempre digo que un árbol se lo puede comparar con una vaca, tiene lomo, cuadril, garrón, etcétera, y hay que saber utilizarlos. Si uno ve el caso de Canadá, tienen 144 productos derivados de los bosques. Acá estamos en el comienzo del proceso; con el tiempo se podrán generar otros derivados, como productos químicos.

¿Piensan invertir en nuevas tierras?

No en este momento. Ahora la parte industrial está absorbiendo nuestra capacidad de inversión para poder crecer. El año pasado instalamos una línea de clasificado, instalamos un nuevo horno de secado de aserrín para duplicar su capacidad e invertimos US$ 1,8 millones en tecnología en la línea de optimización que aumentó casi un 25% el nivel de producción, etcétera. n

«El Ingreso a la empresa es por capacidad profesional, no hereditaria»

Esta es una empresa familiar, ¿cómo llegó usted a trabajar en ella?

En setiembre de 1960, cuando cursaba quinto año de la facultad de Ciencias Económicas a mi padre le dio un infarto. Entonces, tuve que entrar en el negocio forestal que desembocó en Fymnsa en 1974. Ahora mis dos hijos también están en la empresa, ambos son directores. Pero tengo claro en separar cada parte.

Por ejemplo, lo que hacemos es que fuera del trabajo no se habla de la empresa, yo no hablo de negocios en casa o en las reuniones familiares. Y si bien para tener éxito debemos tener un buen plan de trabajo, antes que nada queremos manejar todo con un alto valor ético. Entre mi familia podemos discrepar en conceptos, pero nunca en hacer algo que no se debe hacer.

¿Le gustaría que alguno de sus nietos tomara las riendas de la empresa?

Que un abuelo le diga a sus nietos qué deben hacer no está bien. Entiendo que quien ingresa a la empresa no sea por condición de heredero, sino por sus capacidades profesionales.

Cada uno tiene que ser el factor que construya su vida.

Apuntes de carrera

1974

En octubre deciden adquirir unas 5.000 hectáreas en Rivera para dar inicio al proyecto forestal de Fymnsa. Las plantaciones comenzaron en 1976.

1985

Fue el primer raleo y, por lo tanto, la primera cosecha de la compañía. Se trató de un volumen pequeño de madera cuya producción se volcó al mercado interno. El mismo año, inauguraron el primer aserradero de la empresa para comenzar el proceso de agregado de valor. Al presente, ya se lo ha cambiado ocho veces.

1993

Fue su primera exportación. Se trató de madera secada a la intemperie con destino a Medio Oriente. Viajó en bodega, no en contenedor, por la pequeña cantidad.

Cifras del negocio

20

Son los millones de dólares que factura anualmente la empresa.

7 y 8

Son los millones de dólares que invierte la compañía por año, principalmente en el área industrial. Al presente, el proyecto tiene un valor total de unos US$ 80 millones.

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