INN CONTENT PARA LA TRIGUEÑA

Invierte en una nueva planta de 4000 m²

Creada hace 30 años, La Trigueña es uno de los líderes de galletas saladas cubriendo 3500 puntos
de venta en todo el país.

La Trigueña
EMPRESA FAMILIAR. Anselmo Pereira, junto a sus hijos Martín, Diego y Ruben.

Para La Trigueña, el 2017 no es sólo un año de celebración de sus 30 años de actividad. También es un tiempo de nuevos desafíos. La reconocida fábrica de galletitas de la Ciudad de la Costa (Canelones) avanza en su expansión con una nueva planta industrial que multiplicará su capacidad productiva al triple de la actual.

De su actual planta industrial de 1800 m², pasara a operar una nueva fabrica de 4000 m² para continuar con su plan de negocios en franco crecimiento con nuevos emprendimientos dentro y fuera de fronteras.

Declarado de interés nacional, el proyecto de inversión de La Trigueña ubicado en Lagomar, entre Av. Giannattasio y Ruta Interbalnearia, culminó la primera etapa de obras para continuar la construcción de la segunda etapa en 2018. Una vez inaugurada la nueva planta, prevista para el primer semestre de 2019, La Trigueña triplicará su capacidad de producción con tecnología de última generación, que además va a permitir el desarrollo de nuevas líneas de productos a futuro.

Con este desarrollo, la empresa uruguaya aumentará un 20% la cantidad de puestos de trabajo. Actualmente La Trigueña genera mas de 100 puestos de trabajo entre directos e indirectos, ya que toda su red de distribución se encuentra tercerizada.

Con dedicación a la actividad, visión innovadora y un fuerte compromiso con la calidad de sus productos de características artesanales, La Trigueña alcanzó un fuerte posicionamiento en el competitivo mercado de las galletas, donde también participan empresas multinacionales.

Gran crecimiento

Desde el año 2010, su actividad ha registrado un crecimiento que supera el 100%. Tanto en Montevideo como en Canelones la empresa alcanza posiciones de liderazgo en la categoría.

Su mix de productos está presente en todos los comercios, desde los más pequeños hasta las cadenas de supermercados, aumentando día a día su participación en el mercado local y planificando conquistar nuevos destinos regionales y extra-regionales.

La receta de los buenos resultados obtenidos por La Trigueña tiene como sus principales ingredientes la elaboración de productos nutritivos, sabrosos y de primera calidad, superando las expectativas de los consumidores, con el fin de contribuir a una mejor calidad de vida de los mismos.

Inspirada en el mejor saber hacer del maestro panadero, La Trigueña produce una variada línea de galletas, de muy buen sabor, con materias primas altamente seleccionadas de primera calidad, mezclas de componentes balanceadas y mano de obra altamente capacitada.

La empresa familiar tampoco pasa por alto un esmerado cuidado en todo el proceso de elaboración y en la terminación de los productos. Así ha renovado su imagen institucional y el packaging de sus productos con diseños modernos y materiales de empaque que aseguran una vida útil superior.

Sin alterar la característica artesanal del producto, La Trigueña también hace una fuerte apuesta a la innovación con el lanzamiento de nuevos productos, como la galleta Finita.

En su permanente decisión de sorprender con nuevas sabrosas creaciones, entre algunos de sus principales hitos en estos 30 años de destacada actividad se encuentra el lanzamiento de la «Delicia Magra», un producto que revolucionó la góndola por su originalidad, ya que se trató de la primera galleta «infladita» que tanto gustó a los uruguayos.

Emprendedores

La Trigueña es una empresa familiar que abrió sus puertas en el año 1987 en el kilómetro 21,500 de Avenida Giannattasio (Lagomar) bajo el impulso emprendedor de Anselmo Pereira y Dolores Rodríguez, un matrimonio de inmigrantes españoles que apostó al negocio cuyo oficio habían adquirido durante años de trabajo en el rubro de la panadería. Con apenas 20 años, el propio Anselmo ya quería recorrer el mundo emprendedor fabricando galletas artesanales. Y el sueño se hizo realidad.

«Era un gran desafío, porque en aquellos años las galletas artesanales eran comercializadas casi exclusivamente en panaderías, aunque más grande era nuestra convicción para desarrollar nuestra propia fábrica manteniendo siempre las características de elaboración artesanal», apunta este pujante emprendedor nacido en Pontevedra (España).

Los resultados no se hicieron esperar. De un proyecto inicial que el fundador Anselmo pensó, actualmente la fábrica está procesando 14 veces mas de galletas artesanales que cubren más de 3500 puntos de venta.
Anselmo hoy está acompañado en la gestión de la empresa familiar por sus hijos Ruben, Diego y Martín en esa permanente búsqueda del crecimiento, la excelencia y nuevos desafíos.

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