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La industria de las telenovelas turcas le pisa los talones al gigante EE.UU.

El sector recauda US$ 200 millones al año y ya es el segundo mayor exportador a nivel mundial.

De Turquía al mundo. "Las mil y una noches" (Foto Google Images)
De Turquía al mundo. "Las mil y una noches" (Foto Google Images)
De Turquía al mundo. Fatmagul (Foto Google Images)
De Turquía al mundo. Fatmagul (Foto Google Images)
De Turquía al mundo. Un siglo magnífico (Foto Google Images)
De Turquía al mundo. Un siglo magnífico (Foto Google Images)
De Turquía al mundo. Ezel (Foto Google Images)
De Turquía al mundo. Ezel (Foto Google Images)

La telenovela «Las mil y una noches» y sus récords de audiencia, abrieron la ruta a los melodramas turcos en la región. Pese a lo novedoso que resulta el fenómeno, su existencia lleva ya un tiempo en otros continentes: las producciones de ese país se han transformado en una industria suculenta para la economía turca.

En 2004, las ventas al exterior de telenovelas turcas sumaron US$ 10.000. El primer millón de dólares lo consiguieron en 2007. Y en 2014 los productores estiman que lograron exportaciones por US$ 200 millones en un centenar de mercados. El más reciente éxito global es «Un siglo magnífico»; atrae a casi 200 millones de telespectadores en el mundo árabe, los Balcanes, Europa oriental, Rusia y Asia central.

Según la Asamblea de Exportadores Turcos, los productos televisivos locales convirtieron a ese país en el segundo mayor exportador mundial de series después de EE.UU. El gremio tiene un ambicioso objetivo: exportar producciones equivalentes a US$ 2.000 millones al 2023.

Con más de 100 producciones turcas por el mundo, hay una que les abrió el camino a todas. Se trata de «Gümüs», traducible como «Plata», que se emitió en su país entre 2005 y 2007, dice un reporte de Oxford Business Group. El ojo promisorio de la cadena panárabe MBC, basada en Dubái, la retransmitió en la región y fue un éxito inesperado.

Gran parte de las audiencias de las telenovelas turcas está en el mundo árabe. Las historias han prendido en algunas sociedades más conservadoras. Aunque las escenas de pasión palidecen frente a las producciones occidentales, es justamente el límite en que juegan lo que las hace digeribles para telespectadores árabes: hay más romance idílico que juegos sexuales. Aunque hasta hace algunos años las teleseries latinoamericanas dominaban en esos mismos países del Cercano oriente, nunca fueron furor como la competencia turca. En parte se debe a la traducción. Para las latinas se usa un árabe clásico y para las turcas se usa el árabe sirio, que resulta más fácil de entender.

En 2013, una investigación de los académicos turcos Faruk Balli, HaticeOzer Balli y Kemal Cebeci detectó que la exportación de teleseries a numerosos destinos generó un aumento significativo en los turistas de esos países hacia Turquía. El efecto fue facilitado también por la exención de visas de turismo para un vasto grupo de naciones.

Los turcos recibieron a 28 millones de turistas en 2010, y ya en 2014 el número escaló a casi 37 millones. Todo ello ha beneficiado el turismo en Estambul y en otras zonas de alto potencial, como Capadocia, Goreme y diversos balnearios.

La región que despertó a las telenovelas turcas justo antes de Sudamérica fueron los Balcanes. En países como Bosnia, Montenegro, Albania y Grecia «Las mil y una noches» llegó en 2010. Otros de Europa oriental y Asia central se unieron al fenómeno. El salto transatlántico a Chile y el resto de la región ocurrió en 2014.

A diferencia de las producciones latinoamericanas, las teleseries turcas son más bien «series» por temporadas. En el caso de «Las mil y una noches», duró tres temporadas. En su ingreso a los mercados latinoamericanos se les comprime para asemejarlas con el formato al que el público está acostumbrado. EL MERCURIO / GDA

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