INFORME

Huéspedes VIP, una mina de oro para los hoteles uruguayos

Las suites de lujo reciben a artistas internacionales, presidentes, ejecutivos y apostadores que desembolsan hasta US$ 10.000 por noche para vivir una experiencia a su medida.

La vista del piso 24 del Hotel Sheraton. 
La Suite Presidencial del Sheraton ha alojado a mandatarios y artistas, como Paul McCartney (2)
Por la Suite Ambassador  pasaron desde el expresidente  Chávez hasta Andrés Calamaro
Una noche en la Ambassador cuesta US$ 1.000
El dormitorio de la Conrad Suite
El living de la Conrad Suite, la habitación que se cotiza a US$ 7.500 la noche
Por Diego Ferreira | dferreira@elpais.com.uy

Axl Rose, el que fue frontman de Guns`n Roses, llegó a Uruguay en febrero de 2010 como un verdadero rockstar: en jet privado y con una lista de pedidos para hacer la estadía acorde a su divismo. Sábanas de riguroso negro, múltiples sets de cucharas para té, cervezas y vinos que debieron importarse especialmente a Uruguay, y hasta una sandía cuadrada, fueron algunas de las insólitas solicitudes que el personal del hotel Radisson Montevideo recibió del cantante.

El músico se instaló en la Suite Presidencial, en el piso 24, de 400 metros cuadrados (m2), dotada de un espacioso living, sala de reuniones, así como una cama King, vestidor, sauna y jacuzzi, entre otras amenidades.

Rose es uno de los huéspedes exclusivos que pasaron algunas horas en esa habitación, cotizada en US$ 3.000 la noche. A la lista se suman el expresidente de EE.UU. George Bush, el Rey Juan Carlos de España, la presidenta argentina Cristina Fernández, su par venezolano Nicolás Maduro, el escritor Mario Vargas Llosa, y el cantante Elton John, enumeró una fuente del departamento de Marketing y Congresos del hotel.

Artistas, mandatarios, altos ejecutivos y grandes apostadores integran el selecto grupo de huéspedes que se alojan en las suites más lujosas de los hoteles locales. En atención al nivel de los servicios y el perfil de cliente, las tarifas de las suites van desde US$ 400 a US$ 10.000 la noche.

La apuesta de las empresas de hospitalidad en relación a este nicho de público pasa por brindar mucho más que una habitación con una decoración elegante y una cama confortable; consiste en ofrecer «experiencias» de calidad.

«Lo que diferencia más, en el caso del huésped de lujo, que es gente que ha viajado tanto, no es tanto cómo es la habitación sino entender sus necesidades», explicó Anabella Junger, directora de RR.PP. de Sheraton Montevideo.

Atender a huéspedes de la talla de Paul McCartney, como le sucedió a Sheraton en abril de 2012, implica un trabajo previo en el que un equipo del hotel, integrado por los responsables de cada área, coordina con los encargados de la comitiva cada detalle de la estadía: desde los horarios del cliente, el protocolo de seguridad y su independencia respecto al resto de la comitiva, hasta el tipo de frutas, flores, jabones, bebidas y comida que tendrá en su habitación. Así fue como, por ejemplo, se personalizó el menú para el exBeatle, en base a su gusto vegetariano.

Pero más allá de la visita de un artista o de un presidente, algunos hoteles buscan atraer a otros turistas con alto poder adquisitivo.

Desde su apertura, hace casi 16 años, el hotel Conrad de Punta del Este se ha caracterizado por ofrecer servicios exclusivos para «captar clientes VIP de la región», explicaron fuentes de la gerencia del hotel. A la propuesta tradicional se suman ocasiones especiales que generan más visitas de estos huéspedes, como la Cena de San Valentín, las fechas de los torneos de póker, los shows de artistas internacionales y promociones.

En tanto, el Sofitel Montevideo Casino Carrasco & Spa, reabierto hace seis meses, viene captando a un público «exigente, que viaja constantemente, que busca un servicio de calidad y vivir experiencias únicas», analizó Mario Leite, gerente general del hotel.

Mayoritariamente, los clientes de alto perfil que llegan a Sofitel vienen de Argentina, Brasil y Chile, y son altos ejecutivos, aunque también destacan los jugadores que van al casino a apostar.

A la hora del descanso, la opción más exclusiva que ofrece el hotel es la Suite Imperial, con una ambientación inspirada en la cultura francouruguaya a lo largo de sus 200 m2, y que tiene además, una terraza de 185 m2. Una noche allí cuesta US$ 10.000.

A medida que el precio de la suite aumenta, baja el nivel de ocupación. Sin embargo, son habitaciones importantes tanto por el prestigio del cliente como porque éste suele traer otros huéspedes.

Órdenes para mi

Uno de los servicios que brindan los hoteles a los clientes VIP que así lo soliciten, es el del mayordomo, que se encarga tanto de preparar un plato gourmet o un cóctel y hacer de babysitter como de realizar trámites, tareas de traductorado y de asesoría en compras.

En ocasiones, el mayordomo recibe pedidos más excéntricos. Una funcionaria de un hotel uruguayo contó que cuando trabajó como mayordomo en el exterior, le tocó un huésped que le solicitó que le leyera un libro cada noche.

En otros casos recibió pedidos inesperados de huéspedes que, como Cleopatra, querían que se les preparara la tina para bañarse en leche de cabra; otros se destacaron por ordenar jamón a las tres de la mañana, que les lavaran la ropa con agua Evián o tener ocho almohadas en su cama.

Un músico que se hospedó en Sheraton Montevideo pidió que su habitación tuviera ceniceros cada cierta cantidad de espacio.

En Radisson Montevideo recuerdan todavía el pedido enfático de Elton John que, para su estadía en Uruguay, con vistas a su show de marzo de este año, pidió que decoraran su habitación con flores blancas de 12 centímetros y sin espinas. También mencionaron el caso de un cliente frecuente de la Suite Presidencial que pide la elaboración de tres menúes diferentes para el almuerzo y elige el plato en el momento, y el de un cantante que pidió que no ingresara luz natural en su habitación.

El personal debe estar preparado para todo. Un huésped del Conrad pidió ayuda a una coordinadora para resolver un crucigrama. «Doblez que se hace en la sábana superior de la cama. Empieza con E; seis letras», le consultó. «Embozo», fue la respuesta que resolvió el juego y dejó a un cliente contento.

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