EDITORIAL

El espejo uruguayo

Los 600 números de El Empresario llegan en un momento delicado del país. La economía parece estar dejando atrás el frenazo de estos años, pero el alza de costos, los impuestos y los cambios tecnológicos hacen que estos «brotes verdes» todavía no aporten esa sombra que permita mirar con optimismo el futuro cercano. Sin embargo, hay motivos para confiar.

Esta edición aniversario muestra los casos de seis empresas uruguayas que han sido objeto de estudio en los principales centros intelectuales del mundo de hoy. Seis casos emblemáticos de que, aun saliendo de un rincón relativamente alejado del planeta, se puede hacer ruido, y ser escuchado por quienes están definiendo las reglas de la economía del mañana.

Es una situación paradigmática. A medida que en los últimos años se ha vuelto más habitual que las nuevas generaciones apuesten a completar su formación en el exterior, cosa que hasta hace poco era visto como algo exótico, también surgen las visiones escépticas. Que se trata de una pérdida de valores para el país, que es prácticamente un «robo de cerebros», y que muchos de quienes emigran a buscar mejores conocimientos no regresan a volcar lo aprendido en el mercado local.

Esto se suma a un país que, pese a las posibilidades que han habilitado estos años de dólar barato y facilidades para viajar, no termina de convencerse de las oportunidades que da el mundo, y cae muchas veces presa de una obsesión por mirarse a sí mismo, en una desconfianza por lo nuevo.

Para ser un país tan joven, Uruguay parece víctima de un síndrome de falta de audacia llamativo. Es por ello que el motivo central de esta edición aniversario es tan importante. Es un aliciente a confiar, a creer en las propias fuerzas, a apostar a que con voluntad, trabajo duro y una dosis de ingenuidad y optimismo, se puede romper barreras y llegar a lo más alto. Sin necesidad de dejar de lado los valores que nos dan identidad. Todo lo contrario.

Esto resume de manera redonda el espíritu que anima a este suplemento. La convicción de que Uruguay precisa dejar de lado estereotipos y desconfianzas y jugarse a que es posible tener un empresariado innovador, potente, exitoso, que empuje el país hacia arriba.

Los límites, están solo en nuestras cabezas.

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