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Empresas y academia: un idilio que potencia la innovación

La investigación académica para las empresas ayuda a reducir costos y mejorar tiempos de producción; los beneficios alcanzan desde al sector bioquímico hasta los campos del marketing.

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Sentialabs. Con la Universidad Católica desarrolla un sistema para saber cómo impacta una imagen, video o sitio web. (Foto: Gentileza Sentialab)

Como si de un matrimonio de años se tratara, las empresas y la academia han generado una relación en Uruguay que se retroalimenta y madura con el tiempo. Unas con el conocimiento del mercado y del sector productivo y la otra con al know how científico y el tiempo para investigar, hacen de esta unión un herramienta valiosa para el desarrollo mediante la innovación constante y la incorporación de valor.

El resultado final: una relación de ganar-ganar para ambas partes, que en los últimos años se ha fortalecido. Es que ya sea para mejorar un proceso o servicio u obtener nuevos productos, cada vez más compañías acuden a instituciones o universidades en busca de ese plus que le permita potenciar sus negocios.

Esta relación de larga data se fortaleció en los últimos años, comentó Julieta López, directora ejecutiva de la Fundación Ricaldoni. La ejecutiva reveló que desde 2011 se ha triplicado la demanda de vinculación entre empresas y academia en instituciones públicas y privadas. En concreto con el sector privado, se han ejecutado 14 convenios en varios sectores. «Con el tiempo cambió la percepción de que en la academia solo se hacen investigaciones generales. Ahora (las empresas) ven que pueden resolver problemas concretos de la industria», destacó.

Un dato no menor en la generación de confianza es el manejo de los resultados, que se pauta de antemano y generalmente se fijan como propiedad de la industria.

El crecimiento también viene de la mano de la aparición en escena de la Agencia Nacional de Investi-gación e Innovación (ANII), con instrumentos que facilitan la coparticipación de empresas con instituciones (ver recuadro). Además, los casos también se dan en forma directa a través de oficinas que promueven la combinación.

En el Laboratorio Santa Elena Virbac —que destina US$ 500.000 anuales a la innovación— la práctica tiene más de 50 años, data casi desde los inicios de la firma, primero con la Facultad de Veterinaria y extendida luego a otras instituciones, dijo Eduardo Reolón, gerente de investigación y desarrollo.

El involucramiento con el ámbito académico es tal que posee casi 50 investigadores parcial o completamente involucrados en la academia, casi un tercio del plantel de la empresa, dijo. Entre otros casos, el experto resaltó la alianza con la universidad ORT para la producción de reactivos para sus vacunas en forma más pura y concentrada, con menos esfuerzo y tecnología innovadora. «Comenzó hace unos tres años con una inversión de US$ 300.000. El beneficio es lograr un producto final más eficaz, con menos esfuerzo y mayor margen de ganancia. Las primeras mediciones indican que puede reducir un 50% el proceso de producción», dijo Reolón.

En otro proyecto junto con el Instituto Pasteur, se desarrolló una nueva línea celular que cambia la forma de producir vacunas contra virus. Reolón explicó que esto permite trabajar en escalas cuatro veces más grandes de producción sin hacer inversiones significativas en infraestructura, reduciendo el costo de dos a cuatro veces. «Con una inversión en la investigación de US$ 200.000 en conjunto con la ANII, estimamos un ahorro en el momento de máxima capacidad de producción de casi US$ 1 millón anual».

Otras veces, esta unión empresa academia genera nuevos productos. Ejemplo de ello es el desarrollo en conjunto entre Santa Elena Virbac, el Laboratorio Celsius y la Facultad de Ciencias, de proteínas recombinantes para las vacunas. «Es un proyecto que nos pone en el contexto mundial», comentó.

Además del proyecto con Santa Elena Virbac, el Laboratorio Celsius ya concretó una alianza con el Instituto Pasteur para el desarrollo de una tecnología de control de calidad. El resultado es un producto que detecta impurezas en elementos biofarmacéuticos en forma rápida y más sensible. «Con ellos sumamos controles más adecuados a los requerimientos internacionales», explicó Paula Tucci, jefa de desarrollo de biotecnología de Celsius.

Pero si bien el sector bioquímico es uno de los que más acceden a esta modalidad de trabajo, no es el único. En la Universidad Católica, por ejemplo, se desarrolló un proyecto en conjunto con la firma Tubacero para mejorar la aleación en hierro blanco con cromo, explicó Martín Duarte, coordinador de la carrera de Ingeniería Industrial de la universidad. «Se generaron nuevas familias de aleación y tratamiento térmico más resistente a la corrosión mediante procesos de metalización menos costosos», explicó. Dependiendo del producto y el trabajo que realice, los resultados experimentales revelan una reducción de entre 50% y 100% en las horas de trabajo de la empresa que utilice esta aleación en sus herramientas.

Y los ejemplos son más amplios. La empresa Sentialabs, dedicada al estudio del consumidor desde la neurociencia y la psicología, aprovechó el nexo con la academia para desarrollar un nuevo software y un sistema para medir si un consumidor percibe en forma positiva o negativa una imagen, un sitio web o un video. En alianza con la Universidad Católica, utilizó la técnica de electroencefalografía móvil (un casco con electrodos que detecta la actividad eléctrica del cerebro y genera un patrón emocional de la persona). «Podremos saber cómo impacta una publicidad o sitio web en un público objetivo, con una medición inconsciente y más objetiva y así anticipar al cliente el efecto que tendrá antes de lanzarla», explicó Juan Andrés Menéndez, uno de los creadores de la empresa.

Brújula para investigar.

Pero no todo es valor económico. Según los consultados, que la investigación la realice una institución académica dota de transparencia y seriedad al proceso y, por lo tanto, a los resultados.

Asimismo, la unión funciona como brújula para orientar las investigaciones académicas hacia las áreas productivas del país, comentó Reolón. «En la mayoría de los casos nosotros generamos la idea, identificamos los puntos de contactos con la academia y fundamentamos algunas de las partes del desarrollo», dijo. En paralelo, el trabajo en conjunto optimiza recursos porque a pesar que las empresas poseen sus propios sistemas de innovación y desarrollo, la academia ofrece infraestrutucra y tiempo para hacer investigaciones más profundas, según Tucci. Menéndez, de Sentialabs, coincide: «Por el tamaño de la investigación y los recursos técnicos necesarios, era imposible hacerlo por nuestros propios medios».

En todos los casos, la sensación es la misma, se logran resultados que no se hubieran obtenido si no fuera por este idilio, que por los buenos resultados, no se ve en el corto plazo, fecha de separación.

La ANII aportará US$ 2,15 millones en 20 proyectos.

Uno de los instrumentos que busca resolver problemas concretos de las empresas a través del conocimiento es la Alianza para la Innovación que promueve la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII). Mediante este instrumento, la ANII financia hasta un 70% del total del proyecto. Desde su inicio, en 2009, y hasta fin de 2014, se firmaron 20 proyectos por US$ 2,8 millones; la ANII se comprometió a aportar US$ 2,15 millones y las empresas US$ 650.000. También ofrece otros instrumentos que facilitan la coparticipación de empresas con instituciones, como los fondos sectoriales, las redes tecnológicas y los centros tecnológicos. Desde la implementación de esas herramientas, se percibe un incremento de las solicitudes por aplicar en algunas de ellas, explicó Norberto Cibils, director de la ANII, quien consignó que este fenómeno se da principalmente en biotecnología, tecnología de la información y agropecuaria, pero augura «más camino para recorrer» por lo «joven de las propuestas».

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