RAFAEL GARCÍA - DIRECTOR DE INGENIO

"Emprender lo tenemos todos desde la cuna"

Nació en Montevideo, en 1962. Pese a que es ingeniero químico, dedicó casi toda su vida laboral al sector tecnológico. Tiene un MBA y un diploma de docente de la Universidad ORT.

Dice que con Ingenio «volvió a su origen», ya que nació ochomesino y su primera semana de vida la pasó en una incubadora. Trabajó 13 años en IBM, luego asesoró por cinco años a emprendedores en Ingenio hasta que en 2008 asumió la dirección. A su juicio, el sistema emprendedor uruguayo está maduro pero «falta financiación de más de US$ 500.000». Advierte que aún faltan mujeres en el sector tecnológico y que se debe impulsar el emprendedurismo en educación secundaria. Tiene dos hijos y en su tiempo libre le gusta leer, correr y escalar montañas.

Asumió como director en 2008, ¿cómo fue su llegada a la incubadora?

Ya tenía una relación. En 2001, cuando se creó, me interesó la idea de participar. Yo venía de 13 años en IBM en diferentes lugares (marketing, gerente de producto, ventas). Me acerqué a Germán Martínez, el primer director de Ingenio, y le ofrecí mis servicios de consultoría en base a mis conocimientos en marketing e informática. A inicios de 2003 comencé a trabajar como consultor en el área comercial para los incubados y en 2008, cuando Martínez dejó el puesto, me presenté. Fui seleccionado y desde entonces soy director de Ingenio.

Es ingeniero químico, pero se volcó para el área tecnológica, ¿por qué?

Se dio durante mi época en la Facultad de Ingeniería. En 1985 tomé contacto con computadoras, las Apple 2, y me encantó la idea de programar. Entonces, con los ahorros de un año me compré una. En 1986 la usamos mucho para el proyecto final de carrera y desde entonces «me tira el bichito» de las computadoras. Además, en la década de 1980 yo tenía una admiración por IBM como empresa tecnológica. Luego de recibirme, en 1987, trabajé en una empresa de detergentes, era un buen trabajo, estaba bien, pero surgió un llamado en IBM y decidí postularme. Y quedé. Cuando ingresé el gerente general de esa época me dijo: «¿Te das cuenta que ahora vas a colgar los zapatos de ingeniero químico?» y le dije que sí, que no tenía problema.

¿Ha pensado en emprender?

A los dos meses de recibirme me enfermé de hepatitis, por lo que tuve que quedarme un mes en mi casa. Ahí me hacía la pregunta de qué quería de mi vida, si ser un buen empleado de una buena empresa o tener mi propia empresa. Como no se me ocurrió nada durante ese mes, salí a buscar trabajo. El primer lugar donde mandé mi curriculum fue precisamente a IBM. Creo que esos primeros años en la compañía fueron clave para lo que estoy haciendo ahora, porque establecí contacto con empresas (del rubro) que comenzaban a exportar software desde Uruguay, como Artech (GeneXus). También fui testigo de la creación de la Cámara Uruguaya de Tecnología de la Información (Cuti).

Ingenio cumple 16 años, ¿qué cambió desde su creación?

Hemos ido cambiado nuestro foco, nuestra motivación, nuestro financiamiento. Por ejemplo, nació como incubadora de emprendimientos de software, pero rápidamente aparecieron de hardware en 2004. En 2008 nos abrimos a diseño. El cambio institucional más grande fue en 2010 al pasar a ser un proyecto 100% del LATU.

¿Cómo funciona hoy?

En Ingenio trabajan cinco personas y 12 consultores externos. Hay 22 empresas incubadas, con cerca de 60 emprendedores. El presupuesto de Ingenio es de US$ 400.000 al año. Más de un 50% se financia con fondos del LATU, otro 25% de la ANII, y el resto con una cuota que se cobra a los emprendedores de US$ 200 al mes durante el período de incubación. Además, a los que se gradúan con éxito les cobramos regalías con distintas fórmulas: 3% de la facturación por un tiempo igual al que estuvieron incubados, un 1% por el período del doble que estuvieron o un pago por una única vez del estimado de esa regalía. Esto último es un escenario común cuando entran inversores ángeles. También en 2009 comenzamos una nueva línea de negocio: exportación de servicio de consultoría al exterior sobre cómo llevar adelante una incubadora. Fue en El Salvador, Panamá y Paraguay por dos años. Entre 2015 y 2016 volvimos a hacerlo en Perú.

En estos años creció el ecosistema y se han creado otras incubadoras, ¿cuál es el diferencial de Ingenio?

El año pasado nos preguntamos si debíamos seguir existiendo y la respuesta fue «sí», hay espacio para una incubadora grande de emprendimientos en software. Hoy somos de las que ofrecen el mayor período de apoyo a emprendedores, dos años o más si el emprendimiento lo requiere y le va bien. Además, contamos con el diferencial de una larga trayectoria y un activo muy grande que son nuestros graduados, que dan una mano importante con los nuevos emprendedores. Incluso siete de ellos son inquilinos del Parque Tecnológico del LATU. Hasta el propio parque es un activo muy importante. Está la ANII, la UTEC, el Plan Ceibal, la Cuti, empresas grandes como De Larrobla y GeneXus. Hay un ambiente de colaboración muy importante, en la cantina o en el estacionamiento se generan reuniones informales.

¿Hay lugar para más incubadoras?

Creo que en Montevideo estamos bien, donde veo que hay espacio es en el interior del país. El año pasado comenzó a trabajar la ANDE (Agencia Nacional de Desarrollo) para apoyar emprendedores con prioridad en el Interior. En 2012, junto con la ANII creamos el programa PAFE (Programa de Apoyo a Futuros Empresarios) y uno de los ítems era que se apoyaría la creación de cinco incubadoras nuevas. Y nacieron Khem en Pando y Gepian en Salto.

En 2004 se graduó el primer incubado, ¿cuántos emprendimientos pasaron por Ingenio?

Desde la creación hemos recibido unos 280 formularios de postulación, 180 fueron a comité de selección de los cuales 150 han sido incubados y 45 se han graduado. De éstos, 40 empresas siguen vivas, lo que es un buen número. Tenemos dos formas de incubación, física (en oficinas de Ingenio) y remota (fuera de la incubadora). Tenemos unas 24 oficinas prácticamente llenas. Nuestra meta es tener entre 12 y 14 nuevos proyectos por año e incubar unos 20 a la vez. Lo que hemos cambiado es que somos más exigentes. Pedimos que sean exportadoras, con tecnologías innovadoras y que generen puestos de trabajo. Buscamos emprendimientos que estén comercializando. Antes, si alguien venía con una idea lo tomábamos, ahora lo derivamos a una pre-incubadora.

Se dice que hacen falta más casos de éxito como Pedidos Ya, ¿por qué no sucede?

Falta educación emprendedora en el área de educación secundaria. Se están haciendo cosas, pero no llegan a toda la población. Hay aulas móviles, está el Plan Ceibal, pero hay que llegar a más alumnos. También creo que falta investigación científica básica convertida en emprendimiento, en empresa exitosa. Crear algo de lo que los uruguayos sabemos con tecnología, como AZ Sportech, que asesora a técnicos de fútbol y ahora de básquetbol, y otros referidos a agro (acá tenemos dos relacionados a ganado). La pregunta que hay que hacer es ¿cuál es la tecnología en la que se hará todo en el futuro? Por ejemplo, en jugador muy importante en el fútbol es la televisión. Se plantea hacer un Mundial en 2030, pero no se analiza cómo se transmitirá.

En los últimos años se ha hecho hincapié en incluir a las mujeres en el sector tecnológico y emprendedor, ¿se avanzó?

En lo que es tecnología hay un déficit de género tremendo. Y eso que la Facultad de Ingeniería de UdelaR tiene una mujer al frente (María Simón), la Fundación Ricaldoni también (Julieta López), y el Ministerio de Industria (Carolina Cosse). Estamos muy bien en imágenes de referencia pero igual ingresan pocas a la carrera. Nuestro comité de selección implementa un tipo de discriminación positiva: ante la duda de aceptar un proyecto o no, si incluye mujeres está obligado a aceptarlo. Cuando teníamos el área de diseño superamos un 30% de mujeres en Ingenio, pero al retornar a lo tecnológico bajó.

¿Cuál es el mejor escenario para emprender: crisis u oportunidad de mercado?

No me convence mucho la definición de emprendedor por oportunidad o por obligación. Soy un convencido que la capacidad emprendedora la tenemos todos desde la cuna. Luego las condiciones, el sistema educativo, el entorno familiar, regional, pueden influir. En países donde se produjeron grandes catástrofes hay un porcentaje de emprendedores más amplio, pero en el sentido amplio del término, no de fundar una empresa sino en ser dueños de sus vidas.

¿Qué definición de innovación manejan a nivel de emprendedores?

Una idea innovadora es algo que es percibido por el que la recibió como nuevo. Es muy genérico y está alineado a cómo lo percibe el receptor y a teorías de marketing donde lo más importante de la empresa es el cliente. Es lo que trato de inculcarle a mis alumnos, mis incubados y mis hijos. Después es distinto si tenés una patente de invención, donde además del concepto de nuevo está el de utilidad, que alguien pague por eso. Ingenio está en el medio de esos dos conceptos. Y detrás de una idea está el concepto de creación de valor para alguien, para el emprendedor, los accionistas y la sociedad.

¿Cómo se calcula ese valor?

Con los emprendimientos tecnológicos tratamos de hacer el ejercicio de cuantificar el valor que otorgan a sus clientes. Por ejemplo, ¿cuánto vale para Amazon saber que si yo compré una decena de libros me sugiera uno nuevo con una alta probabilidad de que lo compre?

Se habla de que el ecosistema emprendedor uruguayo alcanzó la madurez, ¿dónde cree que hay que seguir trabajando?

Sí, está fuerte. La falencia más grande que tenemos identificada es en el área de financiamiento de más de US$ 500.000. Hay muy buena actividad de inversores ángeles, pero cuando se precisan más de US$ 500.000 —si bien existe algún instrumento de ANII— es más difícil o hay que ir fuera de fronteras. Lo bueno es que hay un interesante volumen de emprendedores uruguayos que tuvieron éxito y ahora están reinvirtiendo en el ecosistema. Este es un círculo virtuoso que está creciendo. Hay que tirarse al agua, porque el ecosistema está maduro y hay mucho para hacer. Decimos: ¿tenés una idea? Exponela, por todos lados, a amigos, en eventos, en instituciones que estamos para eso, a tutores... hoy hay mucha gente e instituciones que pueden ayudar.

El alpinismo «sirve para conocer el fracaso y enfrentarlo»

En su tiempo libre practica mucho deporte y ha escalado grandes montañas como el Aconcagua, ¿qué aprende de esto y qué es aplicable a los emprendedores?

Sirve para conocerse a uno mismo. Salir de la zona de confort y enfrentarme a algo más grande, más desafiante. Es muy importante mantener una línea de coherencia entre lo que transmitimos y lo que hacemos con nuestra vida. Por ejemplo, pedimos a los emprendedores que sean innovadores y en Ingenio hemos innovado en estos años. También me aporta el hecho de conocer el fracaso y enfrentarlo. En noviembre del año pasado traté de escalar una montaña de 6.000 metros y no pude y ahí me cuestioné: ¿no pude con esta y en enero voy a intentar escalar el Aconcagua de 7.000 metros? Lo que hice fue analizar qué salió mal, corregir algunas cosas y en enero llegué a la cima del Aconcagua. Algunos emprendedores nos dicen que trataron de llegar a Paraguay, se reunieron con clientes, gastaron en pasajes, se escribieron varios correos y al final no se concretó. Y ahí hay que analizar qué pasó, como fue la comunicación, qué salió mal para no repetirlo al salir nuevamente. De eso se trata.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)