INFORME

Emprendedores cosechan capitales y contactos a través del crowdfunding

Las plataformas de financiamiento colectivo son una vidriera para varios emprendimientos locales; ayudan a conseguir fondos y exposición pero implican evaluar si el costo-beneficio vale la pena.

Rafael Atijas. CEO de Loog Guitar. (Archivo El País)
Rafael Atijas. CEO de Loog Guitar. (Archivo El País)
Dani Vianna. CEO de Inversionate (Foto: Gentileza Dani Vianna)
Dani Vianna. CEO de Inversionate (Foto: Gentileza Dani Vianna)
Florencia Fernández. Impulsa junto a su hermana María Elena la marca Bilu Toys (Foto: Fernando Ponzetto)
Florencia Fernández. Impulsa junto a su hermana María Elena la marca Bilu Toys (Foto: Fernando Ponzetto)
Ianai Urwicz. Es uno de los creadores de Birdie (Foto: Francisco Flores)
Ianai Urwicz. Es uno de los creadores de Birdie (Foto: Francisco Flores)

El viejo concepto de hacer una colecta cobró un nuevo impulso de la mano de las plataformas de crowdfunding. Portales online como Kickstarter, Indiegogo o Idea.me son vistos como un trampolín por emprendedores de todo el mundo en su búsqueda de capitales para solventar su emprendimiento. Del otro lado, los backers (contribuyentes) son algo así como «mecenas»: con su dinero financian proyectos que les resultan atractivos y que de otro modo difícilmente cristalizarían.

El fenómeno es global y mueve millones. Nacida en 2009, Kickstarter, la mayor plataforma de crowdfunding del mundo, financió más de 107.300 proyectos, recaudando US$ 2.400 millones de parte de 11 millones de patrocinadores, según su web.

De ese universo participan algunos emprendedores locales que, con suerte variada, se han lanzado en busca tanto de recolectar fondos como de testear la viabilidad y el potencial de mercado para su producto o servicio.

Loog Guitars, startup dedicada a la fabricación de guitarras infantiles, cerró con éxito dos campañas en Kickstarter: la primera, en 2011, apuntaba a recaudar US$ 15.000 para iniciar la producción del instrumento. La respuesta fue abrumadora llegando a US$ 65.000. La segunda campaña, en 2013, que apuntaba a solventar la producción de una guitarra eléctrica recolectó US$ 70.000 en vez de su meta prevista de US$ 50.000.

Aunque el ejemplo puede ser alentador, las plataformas no son la panacea. De hecho, un largo camino separa al emprendedor de un resultado exitoso. No solo se trata de hacer un trabajo intenso para promocionar el proyecto, sino también de tener una necesaria cuota de fortuna. «Te tiene que acompañar un poco la suerte, no es pan comido», dijo Rafael Atijas, al frente del proyecto. «No es que si se hace todo bien el proyecto va a andar seguro», aclaró.

Las plataformas casi no ponen restricciones para las postulaciones, pero eso no significa que impulsar una campaña pueda tomarse a la ligera. Por el contrario, hay toda una estrategia de marketing social muy intensiva.

Desde las plataformas se recomienda difundir la campaña en redes sociales —de manera dirigida, pero sin saturar— procurando captar en las primeras horas una base de adherentes en el círculo de contactos más cercano. Por otra parte, la historia del proyecto debe ser narrada de forma «honesta, atractiva y suficientemente corta». Un video que hable del propósito del emprendimiento —explicando el producto, quiénes están detrás y la finalidad que tendrá el dinero— es indispensable y eleva la efectividad de la colecta hasta cuatro veces. Finalmente, la campaña debe ser suficientemente atractiva para lograr exposición en los medios llevando al público a la plataforma y al proyecto en sí.

Durante la campaña —las plataformas recomiendan que no se extiendan más allá de 30 días— se alienta a los emprendedores a generar feedback con los contribuyentes no solo para agradecerles su aporte sino también para pedirles que difundan la causa.

Aunque se cumplan estos pasos, no todos los emprendimientos funcionan en las plataformas. Un aspecto a atender es que la campaña gire en torno a algo con lo que la gente se pueda sentir identificada. La relación es que cuanto más general y tangible, mayores son las posibilidades de éxito. Por eso es que en general a los productos les va mejor que a los servicios. Estas variables imponen un análisis de la relación costo-beneficio antes de tirarse al agua del crowdfunding, sugieren los emprendedores locales.

Birdie, una startup local que creó un dispositivo que permite tomar selfies aéreas, cumple con el perfil sugerido. Así, logró recaudar en 45 días un capital de US$ 26.000 cuando el objetivo inicial era captar US$ 15.000.

Empero, superar la meta no significa que el emprendedor pueda manejar el excedente como ganancia, sino que lo obliga a producir más unidades. Además, cada proyecto financiado tiene un descuento de entre 8% y 10% por la comisión que cobra la plataforma y la que fija el medio de pago.

«Hay quienes dicen que hacer plata con crowdfunding es muy difícil; si lográs empatar ya es un buen resultado», se sinceró Ianai Urwicz, uno de los responsables de Birdie. Y explicó por qué: «en definitiva, lo que terminás invirtiendo ya sea en tiempo o dinero en publicidad, a veces te iguala los resultados finales».

En su caso, la recolección de fondos era un fin pero no el único ni el más importante. La campaña debía servir para «medir la receptividad que tenía el producto en EE.UU. y Europa», de donde procede la mayoría del público de los sitios de crowdfunding y adonde Birdie quería llevar el producto, contó Urwicz. Ante los buenos resultados, el año próximo habría una segunda campaña para financiar un nuevo Birdie, adelantó.

Más que números

No alcanzar la meta financiera no es visto como un fracaso. «La campaña no es solo para levantar dinero, tiene muchísimos otros beneficios desde el punto de vista de la publicidad, exposición y difusión en el mercado», analizó Dani Vianna, CEO de Inversionate, una plataforma de préstamos interpersonales.

El emprendimiento cosechó US$ 1.125 de un total de US$ 20.000 en Indiegogo pero ganó en conocimientos de negocios y estrategia. Antes de candidatearse, Inversionate enfatizaba los beneficios financieros de su propuesta, pero al trazar la campaña de crowdfunding, Vianna advirtió que debía virar el foco hacia lo social para captar al público.

Los emprendedores coinciden en que el principal rédito de las plataformas es la red de contactos que generan. Vianna contó que recibió propuestas de interesados en invertir como socios en su empresa. Atijas señaló que su primera campaña cosechó 500 contactos muchos de los cuales replicaron en la segunda. Urwicz valora «el detrás de escena», lo que le permitió entrar en contacto con distribuidores y tiendas online, interesadas en vender el producto.

La misma lectura hacen Florencia y María Elena Fernández, dos hermanas detrás de la marca de juguetes de diseño, Bilu Toys. El proyecto promocionado en Kickstarter tuvo eco en medios internacionales y disparó contactos comerciales en el mercado español y alemán.

«Fue a través de la plataforma que llegamos a ellos, sino no sé si hubiéramos podido», concedió Florencia. «La potencia que tuvo Kickstarter no la ha tenido otra herramienta en cuanto a visibilizar la marca, el proyecto y que éste resulte claro y conciso» más allá incluso del final de la campaña de la colecta, acotó María Elena.

Ambas reconocieron que estos productos —juguetes creados con la idea de combatir estereotipos de género— no eran adecuados para Kickstarter por el perfil de los usuarios de la página, más identificados con la tecnología. Así, el proyecto recibió fondos por 2.300 euros de un total de 15.000.

De su experiencia rescataron lecciones sobre cómo trabajar en la web y redes sociales así como también cómo desarrollar un packaging atractivo. Otra lección que hoy es su mayor consejo a otros emprendedores es no dejar las gestiones de prensa o la administración de redes sociales en manos de empresas o particulares que buscan lucrar con los emprendedores que asoman en las plataformas.

Ahora evalúan iniciar otra campaña de crowdfunding. El producto «estrella» sería un juguete que busca «mitigar» los estereotipos que pesan sobre el Islam y la cultura árabe en Occidente.

LOS CINCO CAMPAÑAS MÁS EXITOSAS DE KICKSTARTER

Pebble.

Lanzado en 2012, el smartwatch es la campaña más exitosa de la plataforma. Recaudó US$ 20 millones superando su meta de US$ 500.000 en una hora.

Coolest Cooler.

La conservadora multiuso (incluye parlantes resistentes al agua, puerto USB y destapador, entre otras funciones) sumó US$ 13,2 millones superando largamente su meta inicial de US$ 50.000.

Travel Jacket.

La «mejor campera del mundo» cuenta con bolsillos para auriculares, celular, lentes y bebidas, entre otros ítems. Recolectó US$ 9,1 millones.

Exploding Kittens.

Este juego de mesa es el proyecto más respaldado de Kickstarter: captó a 219.382 adherentes quienes invirtieron US$ 8,7 millones.

Ouya.

La consola de videojuegos, desarrollada en Android y pensada para televisión, superó largamente su meta de US$ 950.000 con US$ 8,5 millones.

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