INNOVACIÓN

De una economía del egoísmo a una de la empatía: "el amor es rentable"

El creador de la preincubadora de proyectos Socialab explica cómo crear valor e impacto social

Ugarte. "Los proyectos tienen que ver minuciosamente qué valor generan".
Ugarte. "Los proyectos tienen que ver minuciosamente qué valor generan".

Quien va a comprar detergente a una tienda de barrio y elige el paquete de 200 gramos, paga un 42% más caro el gramo que si optara por el de 10,5 kilos. Pero las familias de bajos recursos no tienen dinero suficiente para comprar el grande, entonces quedan presas de una especie de «impuesto a la pobreza». La startup Algramo creó una máquina que se sitúa en esas tiendas y el detergente se dispensa en base a lo que el consumidor necesita con un envase reutilizable, mientras que el almacenero y la industria siguen ganando dinero.

«Aquí hubo una persona empática que a partir del dolor de ver que la gente pagaba más por menos crea una solución. Eso se llama valor. A través de ese valor se crea una empresa. Por eso, el amor es rentable», resumió el chileno Julián Ugarte, fundador de la preincubadora de emprendimientos Socialab. A través de su plataforma de innovación abierta, Socialab dio apoyo a Algramo y a otras más de 150 startups, generándoles un puente con el capital que necesitan para financiarse. El denominador común de estos emprendimientos es que generan impacto social positivo.

Socialab tiene oficinas físicas en Chile, Uruguay, Argentina, Colombia, México y Guatemala, pero su alcance es aún mayor. En su plataforma realizó convocatorias que captaron más de 40.000 proyectos en un centenar de países. Así, logró canalizar inversiones por US$ 8 millones en unos 400 proyectos. «Estas empresas hoy impactan a más de 1 millón de personas todos los días con sus ventas y están valorizadas en US$ 90 millones», dijo Ugarte a El Empresario en su visita al país.

La clave para estos emprendimientos es encontrar un modelo de negocio acorde. Hay proyectos que pueden ser inmediatamente rentables, cuando el propio usuario puede pagar. En otros casos, el producto o servicio se ofrece en forma gratuita y se busca rentabilizarlo por otras vías, como hace Google, graficó Ugarte. Por ejemplo, si se ofrecen ahorros de tiempos para acceder a un examen médico, eso también genera un beneficio al hospital, que podría pagar parte del valor generado. «Todos los proyectos tienen que ver súper minuciosamente cuál es el valor que generan, a quiénes y quién podría retribuir por parte del valor generado», dijo Ugarte.

«Fuimos pioneros en la región en tratar de que la resolución de problemáticas sociales sean económicamente rentables», resaltó con orgullo. Está convencido de que el paradigma empresarial de la competencia debe ir hacia la colaboración y que la economía «del egoísmo» debe transformarse en la de «la empatía». «Es fácil. La economía premia con dinero, con rentabilidad, los servicios que generan valor. Pero para generar valor hay que responder a una necesidad de alguien. Un negocio es bueno no solo cuando se administra bien, sino cuando tiene una propuesta de valor muy buena y distintiva. Si uno fuera más empático y amoroso, entendería mejor qué necesitan sus consumidores y desde ahí podría hacer mejores propuestas de valor», resumió.

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