Entrevista a JIMMY BAIKOVICIUS, CEO DE IKATU

"La domótica no es un lujo, es una necesidad"

Pasó de desarrollar equipamiento en audio y video a automatismos para el hogar. Baikovicius comenta las virtudes de la domótica en grandes espacios y también dos riesgos: seguridad e impacto en el empleo

Nació en Montevideo, tiene 53 años. A principios de los ‘80 comenzó sus estudios de Ingeniería en la Universidad de la República, carrera que prosiguió y en la que se especializó en Norteamérica. 

En 1993 decidió volver y emprender en su país, lo que propició el nacimiento de Ikatu, empresa inicialmente dedicada a la venta de sistemas de audio de alta calidad. Con el tiempo, la firma se amplió a la domótica, una tecnología que permite gestionar de manera automática equipos electrónicos a nivel residencial, corporativo y comercial. Considera que los automatismos son una «necesidad» en grandes espacios y que, una vez que se incorporan, «no podés volver atrás». La seguridad y el impacto en el empleo son dos riesgos a evaluar, concede. Está casado y su hobby es la fotografía.

¿Cómo nació Ikatu?

Siempre fui un fanático del audio de calidad y vi que en Uruguay no había nada en esa categoría. Hablamos de 1993. Mi padre me ayudó económicamente para comenzar, pero incluso cuando le comenté mi idea me dijo que estaba loco. Algo que me ayudó fue que, como Uruguay es un mercado chico y no tenía ningún representante de estas marcas, cuando iba a hablar a esas empresas me decían que sí. Y elegí las mejores: Mark Levinson, Martin Logan, B&W Speakers, Rotel...

¿Por qué se amplió el negocio a la domótica?

Además de la empresa también trabajaba como docente de la Facultad de Ingeniería. Al poco tiempo tuve que dejar porque la actividad comercial me absorbió. Pero al tener un perfil de ingeniero no quería que mi empresa se limitara solo a comercializar productos. Siempre quise darle un toque de centro de investigación. Más que nada, lo dejé fluir para ver qué necesidades se iban generando. Y veíamos que algunas cosas no las podíamos conseguir en el mercado. Por ejemplo, cuando hacíamos un home theatre si queríamos apretar un botón para que bajara la pantalla, no lo teníamos. Entonces dijimos: «vamos a hacerlo nosotros». En ese entonces había incorporado Bang & Olufsen (B&O), una marca que me hizo dejar a las demás porque el negocio del audio de alta fidelidad se había agotado pero esos productos tenían mucha aceptación. Y en 2007, en una reunión de distribuidores de B&O en Dinamarca, el presidente de la compañía, Torben Ballegaard Sørensen, nos muestra un cine en casa que integraba la pantalla, el proyector, las luces, etcétera, algo que nosotros ya habíamos implementado en Uruguay con una cajita que habíamos creado y que hacía magia en lo que es un cine en casa. Sørensen se me acerca después de la presentación y me pregunta qué me pareció. Yo le digo que la idea estaba buenísima, pero que ya teníamos algo así y que en algunos aspectos funcionaba mejor. Es más, me había llevado la cajita a Dinamarca como una corazonada. Entonces, me citó a una reunión al otro día con unos ingenieros de allá. En la reunión, ellos me dijeron: «Tenemos un problema en EE.UU. Hace tiempo que nos están pidiendo algo y no tenemos el tiempo para enfocarnos en eso. Si te animás a hacerlo y arreglarte sin molestarnos, te damos un pequeño presupuesto y probamos». Y les dije que sí enseguida.

¿Cuál era el tema a resolver?, ¿qué hacía el prototipo?

Era la primera idea incipiente en torno a sistemas de domótica. Porque la domótica no es de hoy. Ahora se habla de esto, pero hace 40 años que existe porque a nivel de grandes residencias ya existían los primeros conceptos. El tema era que B&O estaba perdiendo proyectos porque decían que sus sistemas eran difíciles de integrar. Los americanos estaban desesperados para que les solucionaran esto. Y eso hizo nuestra cajita. No había apps en ese momento, entonces se resolvió con un teclado. Hicimos todo el producto —el software nos llevó tres meses y la caja un año— y lo exportamos a EE.UU. en poca cantidad. De eso hace unos 10 años. Nos fue bien, entonces B&O mandó ingenieros a auditarnos y nos contrataron para hacer el producto a nivel global. Vamos por la versión tres del producto y este año comenzaremos la cuarta.

¿Cómo se reparte el negocio entre la venta de equipamiento de audio y video y la domótica?

En el año es mitad y mitad, pero hay momentos diferentes. La zafra de Punta del Este se basa en la venta de equipos, el resto del año dependemos más de los proyectos.

¿Para qué clientes han trabajado en esos proyectos?

En lo comercial estamos teniendo bastante éxito en el último tiempo si se observa que hicimos Piso 40, aspectos del hotel Hyatt Centric, nos contrataron como consultores de Trump Tower y también hicimos toda la parte de audio y domótica del shopping Oh! La Barra. Estamos trabajando para los bufetes de abogados más importantes del país haciendo proyectos que involucran muchas oficinas.

¿Y a nivel residencial?

Cada vez más la gente está tomando conciencia de que la domótica no es un lujo sino una necesidad.

¿Es una necesidad? Desde afuera se puede pensar que se trata más bien de algo accesorio.

Está bien y estoy de acuerdo. Cuando tenés una pequeña residencia, poder bajar y subir la luz con el teléfono es una comodidad, no te cambia tanto la vida. Pero seguro que una vez que lo tenés no podés volver atrás. Cuando era chico tenía que levantarme a cambiar los canales y el volumen del televisor; hoy no se concibe que sea así. Sin embargo, vos estás en la cama y dejaste la luz prendida y tenés que levantarte e ir a apagarla. Te molesta, pero no te lo cuestionás porque nunca lo hiciste de otra manera. Cuando pasás a una gran casa, un apartamento importante, oficinas o proyectos comerciales, es una necesidad, no es un lujo. Quien vive en una casa de 500 metros cuadrados no puede irse a dormir y tener que recorrer toda la casa para ver si quedó prendida una luz que no correspondía; tiene que tener un botón que le resuelva un montón de cosas, porque cuanto más grande es la casa más equipos electrónicos tenés.

Los expertos hablan de Internet de las Cosas y de domótica como tendencias en ascenso. ¿Qué tan accesibles son actualmente para los usuarios?

El hardware tiende cada vez más a costo cero; el valor está en el software y lo que hagas con él. Entonces, a un aparato electrónico que no tiene ninguna «inteligencia», como una bombita de luz, le agregás un dispositivo que le permita conectarse a WiFi, Bluetooth o una tecnología inalámbrica que te posibilita ponerle un software y la hace «hablar» (con otros dispositivos) y todo eso con un precio que tiende a cero, vas a poder comprar bombitas que se «conectan» incluso a UTE. De ese modo, UTE te puede mandar información para saber cuándo es mejor (consumir electricidad) para que te cueste menos. Estamos llegando a todo eso. De hecho, ya se pueden comprar dispositivos con esas características, entonces ahora ya pasa a ser accesible para todos.

¿Qué obstáculos persisten del lado de los desarrolladores?

Cuando tenés que hacer una gran residencia, si empezás a mezclar todos estos aparatitos de Internet of Things lo que pasa es que tenés muchas apps y no podés integrarlas, y ése es el principal motivo por el cual no explota. Tenés miles de industrias que cada una quiere hacer lo suyo y además tenés jugadores muy grandes como Google, Apple, Samsung, que cada uno quiere tirar para su lado para ver quién gana en vez de generar juntos una solución común. Y vos como consumidor un día te compraste esto de una marca, y luego te compraste algo de otra... todo va a funcionar pero no de forma integrada. Hay clientes que quieren eso porque es mucho mejor.

La simplificación de tareas es la gran ventaja de estas tecnologías. ¿Cuáles son los riesgos, por ejemplo, en seguridad?

Si vos tenés una llave de luz normal, solo puede prenderse si alguien va allí y la mueve. Pero cuando esa llave se controla a través de un celular, está el riesgo de que alguien se acerque a tu red, entre en ella y la encienda. Pensá si en vez de eso es una cerradura. Una vez que le abriste la puerta a la posibilidad está, porque no existe la seguridad absoluta. La seguridad depende de la matemática, nada más. Alguien hizo un algoritmo que lo considera lo más seguro hasta que aparece alguien que lo viola o en la implementación quedaron «agujeritos» y alguien con el tiempo suficiente puede penetrar. Entonces qué pasa: vos como usuario podés ver que el teclado es lindo, que funciona con el celular y también desde afuera, pero ¿cómo ves algo que está totalmente oculto, como cuánta tensión se dejó en seguridad? La realidad es que tenés que creer porque no sabés. Éste es un tema candente y que como empresa nos súper interesa. De hecho, hicimos un proyecto con la ANII especializado en eso, porque creemos que es fundamental. Cuando uno hace una empresa quiere generar confianza.

Otro efecto que prevén los expertos es la pérdida de empleos que quedarán obsoletos. ¿Qué piensa al respecto?

La respuesta nadie la sabe. Cuando en las industrias empezaron a poner máquinas para reemplazar la fuerza humana mucha gente quedó afuera, pero al final históricamente —hasta ahora, por lo menos— cada evolución tecnológica hizo que esas cosas que se producían se fabricaran más barato, entonces mucha gente pudo acceder a ellas y, por ende, se generó más trabajo. Algunos dicen que en esta «Cuarta Revolución» eso no será así, que por primera vez pasará algo distinto... Que lo demuestren.

Sí es cierto que habrá gente que quedará afuera porque no se pudo reconvertir, pero eso no quiere decir que habrá menos trabajo. Sí va a haber otro tipo de trabajo. Y ahí lo importante es la educación.

En vista de eso, ¿cómo cree que va a moldear la tecnología la formación de los trabajadores?

Antes estudiabas una profesión y te matabas para obtener el título y así poder entrar a trabajar. A nadie se le ocurría que después fueras a estudiar otra cosa y tener otro trabajo que quizás no tuviera nada que ver con el anterior. Lo que cambiará, a mi modo de ver, es que la educación va a ser y ya está siendo de un modo tal que vos no estás aprendiendo una profesión, fundamentalmente por encima de eso estás aprendiendo a aprender profesiones. Por ejemplo, en Medicina cuando se integre un sistema de inteligencia artificial, que es básicamente una computadora con muchos datos, y le des toda la información a nivel mundial sobre los valores de sangre y (entienda) qué significan esos datos que obtuviste al hacerte un examen, en base a eso y a las últimas investigaciones, te va a decir qué medicamento tenés que tomar. Se cae de maduro que eso va a ser una recomendación mejor que la del médico. Y para eso no falta nada. Entonces, el médico va a tener que aprender otras cosas, van a ser más expertos y van a hablar de la salud de la persona más allá de lo que pueda decir la inteligencia artificial. Entiendo que será un desafío para todos.

«Acá tenemos que hacer muchas cosas para cerrar el mes»

En el mercado hay escasez de ingenieros. ¿La empresa enfrenta dificultades para reclutar personal?

Antes era más fácil. Acá necesito contratar gente que estudie electrónica, pero que sobre todo sepa pensar por sí misma. No necesito gente a la que tenga que decirle «hacéme esto y lo otro». Necesito poder decirle: «Acá tengo un problema, resolvémelo». Los seres humanos somos así, lo que pasa es que a veces no nos tenemos fe. Entonces sí es cada vez más difícil, porque en Uruguay por suerte hay cada vez más empresas que requieren gente con conocimiento y hay más competencia en el mercado, el país es chico, y no produce suficiente recursos humanos.

¿Cómo afectan los costos?

Somos una empresa chica, pero nos cuesta mes a mes. Es Uruguay, hay muchos impuestos, no todos los días vendemos y mantener gente con alto nivel educativo es costoso. Por eso acá tenemos que hacer muchas cosas para cerrar el mes. Lo que tengo claro es que siempre estamos avanzando, adquiriendo conocimiento y haciendo más cosas de punta para el mundo. Cada vez sabemos más, por ende tendremos más oportunidades.

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