MUNDO

La debacle de las tecnológicas niponas

La crisis de Toshiba refleja la crisis general que enfrentan varios de los gigantes del sector en Japón.

Ocaso. De simbolizar el éxito japonés, Toshiba pasó a vender varios de sus activos.
Ocaso. De simbolizar el éxito japonés, Toshiba pasó a vender varios de sus activos.

El desmembramiento de Toshiba, obligada a vender sus mejores negocios para salvarse de la quiebra, ilustra la crisis de los grandes conglomerados japoneses de electrónica que durante décadas dominaron el mercado mundial.

Los expertos apuntan a que los últimos años han demostrado que es posible algo impensable hasta ahora, la desaparición de los grandes nombres de la electrónica en Japón. Sanyo ya no existe, NEC sobrevive pero sin los negocios que le dieron fama (laptops y teléfonos celulares) y Sharp se salvó in extremis cuando fue comprado por el gigante taiwanés Hon Hai.

En paralelo, grupos como Panasonic o Hitachi dejan poco a poco sus actividades en la electrónica de consumo para concentrarse en sectores como el de la construcción, automotriz o la aeronáutica.

Toshiba, cuyos orígenes se remontan a 1875, simbolizó durante décadas el éxito y la modernidad de la industria japonesa. Pero ahora el holding se ha visto obligado a vender sus mejores activos, como su filial de tarjetas de memoria Toshiba Memory.

Los candidatos a comprarlo luchan encarnizadamente para quedarse con este negocio, que genera cada año un resultado operativo de 4.000 millones de euros (unos US$ 4.775 millones), indica Masahiko Ishino, del Tokai Tokyo Research Center.

Según Yasuyuki Onishi, autor de un libro sobre «El desmembramiento de Toshiba», la venta de Toshiba Memory augura «el día en que los fabricantes japoneses de electrónica dejarán de existir».

Muchos conglomerados han ido vendiendo sus actividades pero sin remplazarlas por otras.

Frente a ello, el estado nipón decidió crear el fondo semipúblico INCJ, que logró salvar a Renesas (firma especializada en circuitos integrados) convirtiéndose en su primer accionista. Ahora el INCJ también quiere acudir al rescate de las tarjetas de memoria de Toshiba, proponiéndose como comprador dentro de un consorcio liderado por el fondo estadounidense Bain Capital.

Según Onishi, la caída de Toshiba se agravó sobre todo por la decisión de comprar en 2006 el grupo nuclear estadounidense Westinghouse, «un fracaso total».

El contexto de entonces era muy desfavorable, con una normativa muy estricta en las centrales nucleares (a raíz de los atentados del 11-S) y por el auge del gas de esquisto. «Aún así Toshiba siguió la política pronuclear del gobierno japonés», explica Onishi, una política ahora obsoleta por el accidente de Fukushima de 2011.

Según el autor, si Toshiba está vendiendo sus negocios más lucrativos es porque el Estado no quiere, pese a todo, que abandone el sector nuclear. Así el grupo «corre el riesgo de convertirse únicamente en un especialista en desmantelar centrales nucleares japonesas», advierte Onishi, y tarde o temprano «acabará desapareciendo».

Hasta hace poco Toshiba era conocida por su amplia gama de productos para el hogar y empresas. Pero en tan solo dos años, la empresa, lastrada además por un escándalo de sus cuentas falsificadas y la quiebra de Westinghouse, ha tenido que desprenderse de gran parte de sus negocios.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)